Capitán sin nombre

Por: Miguel Angel Godínez

Ingresar al Ejército fue un logro importante en mi vida, pero eso no era suficiente, quería tener el honor de escalar grado por grado con mi esfuerzo, el respeto de mi familia, de mi pueblo y de mi gente. El estudio y la formación castrense me dieron ese privilegio. Mi uniforme era una armadura que me llenaba de confianza y de seguridad; representaba todo mi esfuerzo.

Recuerdo las noches en las que, después de un agotador día, pulía mis insignias mientras mis pensamientos viajaban hacia mi siguiente barra. No había nada mejor para mí y mi familia, teníamos techo, seguridad social y un largo porvenir. No me di cuenta en qué momento cambió todo.

Miro hacia atrás y me pregunto ¿Dónde están aquellos momentos en los que ser oficial del Ejército era un privilegio y estaba dispuesto a darlo todo? ¿Qué estaba pasando conmigo que ya no me sentía igual?

En estas instalaciones improvisadas y a la espera de situaciones inciertas y de alto riesgo, mis pensamientos desafían los motivos por los que llegué hasta aquí.

Cada noche es una nueva oportunidad para agradecer llegar con vida al cuartel, cada noche los rostros de mis hijas y mi esposa me dan la fuerza para cuidar de mí, pero también cada noche pido la suerte que no tuvieron mis compañeros al ser desarmados, sometidos, humillados y avergonzados por aquellos a los que nos ordenan contener sólo con palabras.

No imagino el rostro de mi familia, por la que me he esforzado tanto, mirándome sufrir la más grande humillación que un miembro del Ejército puede vivir. No imagino el dolor y sufrimiento de las familias de mis compañeros al verse expuestos a esta situación.

¿Desertarme? Confieso que ha sido una idea constante que me quita el sueño. Sería como adelantar la humillación de la que tanto me defiendo, sería ver el fracaso de mi más grande sueño y dejar a mi familia sin techo, sustento y sin seguridad social.

Nadie me dijo, cuando me di de alta, que esto pasaría en mi carrera militar, que mi formación serviría para combatir la peste contemporánea llamada narcotráfico, porque la institución que esto le corresponde no es capaz.

De qué sirvieron esas largas noches de estudio, los fuertes entrenamientos, las semanas y meses lejos de mi familia, si me han convertido en un guardia sin fusil, en un policía sin recursos físicos ni legales para actuar, en un soldado sin honor.

¿Habrá valido la pena elegir ser militar? Se pregunta el capitán sin nombre.

Escuchar esta historia me dejó sin palabras ¿Qué más podría escribir que no haya escrito sobre este tema? Sólo me queda la satisfacción de darle voz a un capitán sin nombre frente a la indefensión a la que está obligado a callar. Me queda la esperanza de que la exigencia del Presidente y el canciller, al embajador de EU en México, para que se aplique la ley en contra de quien acribilló a nuestros conciudadanos en el Paso, Texas, sea la misma contra la delincuencia en nuestro país. Es necesario encontrar la fórmula que restablezca el sueño y motivación de nuestras tropas y nuestros oficiales sin nombre, que en el silencio comparten esta desgarradora historia. Por el bien de ellos, pero, sobre todo, por el bien de la nación, porque sin ellos no bastarán las buenas intenciones ni la Cartilla Moral para pacificar al país. Los minutos están contados y la responsabilidad está dirigida a los altos mandos.

DE IMAGINARIA

Mi sentido pésame a la familia del coronel Víctor Manuel Maldonado Celis, es el 11º militar muerto en la lucha contra el narcotráfico en este año.

Muy grave la revelación del Presidente, hizo quedar mal a los sistemas de inteligencia. Dice que hallaron micrófonos en una de sus oficinas en Palacio Nacional. Si esto pasa con él, qué no será con cualquier otro. Con el EMP esto no hubiera sucedido. Debe evaluar la conformación de un equipo de seguridad con apoyo del secretario de la Defensa.

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(Quienes pertenecemos al Grupo Editorial Candelero hacemos eco de la voz del Capitán sin Nombre porque que es el sentir de todos los leales y patriotas militares que conforman las Fuerzas Armadas de México y la cual recogió nuestro estimado amigo y colega Miguel Angel Godínez García para difundirla hoy 30 de Agosto en su prestigiada columna Alto Mando que publica en el periódico Excélsior. Lo que leerás, es muy preocupante…..)