Columna de Hierro
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CUERNAVACA, MOR. 05 11 2026.- A Gabriel Rivas Ríos muchos lo conocieron como un hombre menudo, de paso firme y voz que no se escondía.
Venía de las luchas sociales de Cuernavaca y conservó una relación directa con la gente. Fue diputado local por el PRD y después Regidor de Morena. Incluso durante su paso por el Congreso mantuvo su taxi: la política no lo apartó de la calle.
La defensa del Casino de la Selva fue una de las causas que lo marcó.
En 2002, Gabriel estuvo entre los activistas detenidos cuando se oponían a la construcción de megatiendas en aquel predio.
El Casino, con sus árboles y su alberca, quedó en la memoria de Cuernavaca como algo más que un terreno: era parte de una ciudad que se resistía a perder sus espacios.

En el Cabildo, Rivas tampoco se acostumbró a guardar silencio.
En días recientes cuestionó las gestiones relacionadas con La Cazahuatera, un predio arbolado donde se proyecta un desarrollo inmobiliario. Horas antes de su asesinato acudió al Tribunal de Justicia Administrativa para pedir explicaciones sobre las autorizaciones y los documentos que, según él, se estaban reclamando al Ayuntamiento.
Ese antecedente es público y debe investigarse; por sí solo, sin embargo, no demuestra que el proyecto haya sido el móvil del crimen.
En redes circula un video de Ruido Cero que pone en pantalla la frase “un negocio inmobiliario”.
La publicación que lo comparte añade: “Lo mandaron silenciar”. Son afirmaciones que colocan una hipótesis en el debate, pero no una conclusión acreditada.
Una fuente cercana a la investigación me señaló que se siguen varias líneas y que se examinan conflictos de Gabriel con actores políticos de distintos espacios y con grupos delictivos.
Esa información no identifica culpables ni establece un móvil; exige que la investigación no se cierre de antemano sobre una sola explicación.
Hay otro relato que Gabriel habría compartido sobre una sesión de Cabildo. Según contó, Óscar Cano Mondragón —Secretario del Ayuntamiento y también Regidor— le dijo que algunas de sus declaraciones se habían quitado de la Minuta porque podían provocar la reacción de “la maña”.
Lo consigno como la versión que Gabriel relató, no como un hecho probado.
La Minuta y las personas que participaron en aquella sesión podrían ayudar a esclarecer qué ocurrió.
El miércoles 4 de noviembre, Gabriel fue atacado a balazos mientras viajaba en su automóvil azul, frente al establecimiento Miche Lui’s, en Ejidos de Acapantzingo. Los primeros reportes señalaron que los agresores se desplazaban en motocicleta. La Fiscalía informó que agotaría todas las líneas de investigación; hasta ahora no se ha hecho público un móvil ni la identidad de los responsables.
La muerte de Gabriel no debe convertirse en argumento para condenar a nadie antes de tiempo. Tampoco puede servir de pretexto para reducir una vida entera de luchas a una sola disputa.
A sus familiares, a sus compañeros y a Cuernavaca les corresponde recibir respuestas, verdad y justicia.
Y a las autoridades les queda una pregunta que Cicerón lanzó hace siglos y que hoy vuelve a resonar en Morelos: ¿Hasta cuándo, Catilina, abusarás de nuestra paciencia? Quos que tandem Catilina, abuteris, patientua nostra? ….
(Y voy por más). eusebiogimeno@gmail.com