Jesús te Ampare

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Hay encuestas que sirven para alimentar egos. Otras, para fabricar propaganda. Y existen algunas que, sin proponérselo, encienden las luces de emergencia en los centros del poder.

La medición publicada por PULS MX el pasado 25 de julio pertenece a esta última categoría.

No porque anticipe con certeza quién ganará las 17 gubernaturas que estarán en juego en 2027. Faltan todavía dos años, demasiadas campañas, demasiados errores y demasiadas sorpresas.

Su importancia radica en otra parte: revela que el monopolio político construido durante los últimos años comienza a mostrar grietas.

La fotografía es tan sencilla como inquietante para quienes gobiernan.

PRI, seis gubernaturas.

PAN, cinco.

MORENA, cuatro.

PVEM, una.

MC, una.

El dato parece frío. Sus implicaciones no lo son.

Durante los últimos años México transitó de un viejo bipartidismo hacia una hegemonía casi absoluta de Morena.

Hoy la encuesta plantea un escenario completamente distinto: un país dividido entre cinco fuerzas competitivas donde ninguna tendría capacidad para dominar por sí sola el tablero nacional.

Eso significa negociación.

Equivale a contrapesos.

Manifiesta que el poder absoluto podría empezar a dejar de existir.

Para Morena la señal merece especial atención.

Hace apenas una década gobernaba ningún Estado. Hoy administra 23 Entidades y obtuvo más de 33 millones de votos en la elección presidencial de 2024. Sin embargo, la proyección apenas le concede cuatro triunfos en 2027.

No necesariamente porque sus adversarios sean más fuertes, sino porque gobernar también desgasta y demasiado.

Quien controla más Estados enfrenta más problemas, más crisis de seguridad, más reclamos por servicios públicos, más inconformidades y, naturalmente, más voto de castigo.

La popularidad ya no es automática.

La marca tampoco garantiza victorias.

El ciudadano empieza a mirar con mayor atención el desempeño del gobernante antes que el color del partido.

Ahí reside el verdadero cambio político.

Mientras algunos mandatarios morenistas conservan altos niveles de aprobación, otros muestran caídas importantes que podrían convertirse en una pesada factura electoral.

Del otro lado, el PRI encuentra oxígeno después de años de derrotas. Gobernadores bien evaluados como Manolo Jiménez Salinas (Coahuila) demuestran que el viejo partido

todavía conserva estructuras capaces de competir cuando ofrece resultados. Pero tampoco tiene asegurado el regreso. Su propia militancia sabe que sin alianzas con el PAN será complicado sostener cualquier recuperación.

Acción Nacional vive una paradoja similar.

Gobierna pocos Estados, pero varios de sus mandatarios aparecen entre los mejor calificados del país. Mauricio Kuri, Tere Jiménez y Maru Campos sostienen la esperanza panista.

Sin embargo, precisamente por gobernar tan poco, cualquier tropiezo puede derrumbar toda la estrategia.

Y mientras PRI, PAN y MORENA concentran los reflectores, dos actores avanzan silenciosamente.

Movimiento Ciudadano y el Partido Verde dejaron hace tiempo de comportarse como partidos complementarios.

Hoy buscan convertirse en árbitros.

En Veracruz, por ejemplo, MC continúa ampliando su presencia municipal. En San Luis Potosí y Jalisco, Verde y Movimiento Ciudadano demuestran que también pueden construir proyectos propios.

Cuando además se renueve el Congreso de la Unión, esos votos podrían definir reformas, presupuestos y hasta la estabilidad política del siguiente sexenio.

Por eso el dato preocupa.

No porque anuncie una derrota definitiva para el oficialismo.

Sino porque rompe la narrativa de la invencibilidad.

Durante años se instaló la percepción de que las elecciones estaban prácticamente resueltas antes de comenzar.

La encuesta de PULS MX sugiere exactamente lo contrario: que la competencia regresa, que las marcas partidistas pierden fuerza frente al desempeño de los gobiernos y que el elector vuelve a convertirse en el verdadero árbitro.

Si esa tendencia se consolida, el 2027 no sólo renovará 17 gubernaturas.

Redibujará el mapa político nacional.

Y comenzará, quizá, la batalla real por la Presidencia de 2030.

Hay gobiernos que tiemblan cuando aparece una crisis económica.

Otros, cuando surge un escándalo de corrupción.

Pero los más poderosos empiezan a preocuparse cuando descubren que los ciudadanos ya no creen que sean invencibles.

Y esa duda, cuando entra en la cabeza del electorado, suele ser mucho más peligrosa que cualquier discurso de oposición.

ceciliogarciacruz@hotmail.com