Fideicomiso para el
fomento del “chayo”
Por: Sócrates A. Campos Lemus
Que conste…son reflexiones…!
Los tiempos pasan y cambian las visiones y las misiones de los hombres.
Anteriormente, se comentaba, en plan de broma y en algunos casos en serio, muy en serio, con los periodistas, lo del FIFOCHA: (Fideicomiso para el Fomento del Chayote) que: “político no definido aparecía en la página de nota roja”, y ahora dicen que: “delincuente no definido, parece en página de política o de sociales”.

No es ajena “la cultura del chayo”. Sin duda, uno de sus máximos exponentes lo fue Carlos Denegri y otros muchos que aún viven y que por supuesto sería peligroso hablar de ellos. Solamente los mecanismos del gobierno pueden ponerles distancia y aun así, pues los vemos aparecer en medios internacionales y generando conflictos, problemas o bien definiendo lo que sucede con “el jefe de jefes”.

No se crea que cualquiera tiene el valor de explicar lo que son las reacciones del mero mero petatero; no, hay costos y no todos los podemos pagar, los que hemos estado al filo de la muerte o encarcelados o en el exilio pues como que andamos más curtiditos y pues si no es así, pues cuando menos ya no nos espantan con el petate del muerto y para ello pues tiene uno que contar con un medio de comunicación serio y valiente que sostenga los dichos y las investigaciones de los que ahí colaboran y así, pues tienen el peligro no de que les corten los subsidios o “los chayos” o no les den publicidad, sino que les hagan la vida pesada y lleguen al cierre, porque al irse cerrando los espacios lo que en realidad se puede esperar es la muerte a manos de los sicarios oficiales o de los delincuentes que tienen ligas y compromisos con los políticos y empresarios o con los funcionarios y así pues, las cosas, se ponen del color de hormiga.
En los tiempos actuales se mata a los comunicadores por esos mecanismos o bien, por los accidentes o de hambre y, esto, es verdad, sucedió que en los tiempos del liberalismo se pagaba para que se callara. Es decir, los medios de comunicación tenían como misión no sacar los grandes escándalos que pudieran complicar la vida política en el país o bien involucrar a los políticos, funcionarios, empresarios o financieros y es que, en la inmensa mayoría de los casos, los dueños de los medios de comunicación tenían una relación personal y directa con los grandes hombres del poder y no les importaba, en muchos casos, los medios y el valor de los mismos, ni su veracidad ni su circulación, ellos, los dueños, los utilizaban como llaves que les daban el acceso a las puertas de los negocios, de muchos negocios, y en tales casos, los recursos que fluían a los medios solamente se dedicaban si es que eso sucedía, a medio pagar a los comunicadores y así les dieron acceso “al chayo”, porque pagándoles mal era una forma de compensarles el sueldo y así vimos crecer a muchos “periodistas” que ahora son magnates en los medios. Esto destruyó la credibilidad y la confianza en los medios de comunicación y un país, sin el elemento claro de los medios y su fuerza en las denuncias y el análisis que pudiera mantener una visión clara de los ciudadanos, pues es un país que fracasa a la corta o la larga.
Esa falta de confianza de la gente en los medios fue aprovechada por partidos y organizaciones políticas o sociales para ir llenando los espacios porque, cuando menos, tenían o gozaban de la confianza y credibilidad que los grandes medios perdieron y por ello, el fenómeno político que vivimos en el pasado proceso electoral fue bien importante porque ahora siguen los políticos, los partidos, las organizaciones, los empresarios y financieros con las mismas pendejadas, es decir, en vez de hacer un análisis de lo que sucedió para cambiar, no lo hacen y siguen con lo mismo que antes con lo que revelan ser solamente viscerales y no conocen los caminos de la vida política ni el sentir de las masas y así, pues están perdidos, independientemente de lo que gasten en algunos merolicos chayoteros…lo cual es dinero perdido.
Durante la guerra de Vietnam, en los años sesentas, el control y las mentiras difundidas por el gobierno norteamericano para mantener la guerra generó, al final de cuentas, la desconfianza en los medios de comunicación y esto repercutió tanto que cuando comenzaron las protestas políticas de los jóvenes por la paz y por la integración racial se evidenció que el mismo Presidente había perdido también confianza y credibilidad por lo que el mismo gobierno tuvo que maniobrar filtrando nuevos escándalos que involucraban al Presidente, para que el Congreso reaccionara y solicitara su destitución y encarcelamiento y esto hizo que se recuperara la confianza de la ciudadanía a los medios de comunicación tan necesarios para el buen gobierno de un país y demostraba el interés de los Diputados y Senadores por atender los reclamos populares lo cual se reflejó en las nuevas acciones de gobierno evitándose la crisis que se hubiese desatado al retornar la confianza en los medios de comunicación y en sus políticos y salvando al mismo sistema presidencialista.

Mao Tse Tung se dio cuenta de la maniobra y entendió que Nixon tuvo el valor de auto sacrificarse para salvan las bases del sistema, la comunicación y la política, y es por ello que después, recibe a Nixon como un héroe nacional.
En México se han pretendido hacer muchas maniobras similares, pero como nuestros políticos son perversos y mensos, corruptos y cobardes, pues todo lo que hacen fracasa y así vemos, ahora, los escándalos del ex presidente Peña que enloquecido y enamorado anda haciendo los ridículos en varias partes del mundo y es que cuando te llega el amor se hacen toda clase de pendejadas, no se piensa correctamente, con la cabeza, sino con la pasión, como en el cuento de la ranitas que cruzaban las vías y al pasar el tren a una de ellas le corta las nalguitas y ella, desesperada por sus nalguitas regresa a recogerlas y, al volver, pasa otro tren y le corta la cabeza, dejando como experiencia que: “no hay que perder la cabeza por unas nalguitas” y así, no sería malo que el Presidente también entendiera que no se mata a la Prensa con hambre y a los comunicadores con el olvido y la miseria, porque esto puede tener muchas y graves consecuencias que ahora, en la euforia del poder, no se ven, sino cuando andan de capa caída… y, entonces, se comienzan a hacer los desfiguros, como dicen las abuelas…