Columna de Hierro
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CDMX 13 09 2026.- Más de 150 diligencias, pruebas y peritajes no han sido suficientes, al menos públicamente, para demostrar que el diputado federal Zenyazen Escobar García se quitó la vida de un balazo dentro de su Mercedes Benz.
La Fiscalía General de la República sostiene que sus investigaciones “avanzan, coinciden y apuntan” hacia el suicidio. Pero una cosa es apuntar hacia una hipótesis y otra demostrarla.
Y ahí está el problema.
La FGR presume una impresionante batería de investigaciones: medicina forense, criminalística de campo, balística, genética, química, lofoscopía, toxicología, informática, fotografía y tránsito, entre otras.
Pero nos dice cuántas pruebas hizo y no nos dice qué resultados arrojaron.
Empecemos por lo elemental.
¿Qué arma fue encontrada entre las piernas del diputado?
¿Cuál era su marca, modelo y calibre? ¿A quién pertenecía? ¿Estaba registrada? ¿Zenyazen tenía autorización para poseerla o portarla? ¿Tenía experiencia en el manejo de armas?
Rocío Nahle reveló un dato fundamental: dentro del Mercedes se encontró un solo casquillo.
Perfecto.
¿Dónde estaba exactamente?
¿Balística comprobó que ese casquillo fue disparado por el arma encontrada entre las piernas del legislador?
¿Había huellas dactilares de Zenyazen en la pistola? ¿En qué partes? ¿Encontraron ADN de otra persona?
Y viene una pregunta todavía más importante:
¿Dónde quedó la bala?
Si el proyectil penetró el cráneo y quedó alojado, la necropsia necesariamente tuvo que localizarlo y extraerlo.
Si atravesó la cabeza, entonces tuvo que continuar su trayectoria dentro del automóvil.
¿Dónde impactó?
¿En el toldo? ¿En una puerta? ¿En el tablero? ¿En un cristal? ¿En algún asiento?
Nada de eso ha sido explicado públicamente.
Tampoco conocemos un elemento básico para reconstruir científicamente un suicidio con arma de fuego:
la trayectoria del disparo.
¿De derecha a izquierda? ¿De izquierda a derecha? ¿De abajo hacia arriba? ¿Horizontal?
¿Dónde estaba exactamente el orificio de entrada?
¿Fue un disparo de contacto, a quemarropa o a determinada distancia?
¿Existieron tatuaje, ahumamiento o residuos alrededor de la herida?
Y otra pregunta indispensable:
¿con qué mano disparó Zenyazen Escobar?
Si se practicaron pruebas químicas para detectar residuos de disparo, ¿qué encontraron en la mano derecha y qué encontraron en la izquierda?
No basta decir que se hicieron las pruebas.
Hay que decir qué demostraron.
Lo mismo ocurre con toxicología.
Días antes de su muerte, Zenyazen protagonizó un altercado en la Cámara de Diputados con el priista Carlos Mancilla. Hubo acusaciones de que se encontraba bajo los efectos del alcohol.
Entonces resulta legítimo preguntar: ¿Qué reveló la toxicología practicada después de su muerte?
¿Había alcohol en la sangre? ¿Medicamentos? ¿Alguna otra sustancia?
La investigación tampoco termina dentro del automóvil.
Hay que reconstruir las últimas horas de vida del diputado.
¿De dónde salió?
¿A dónde iba?
¿Quién fue la última persona que lo vio con vida?
¿Con quién habló?
¿Qué reveló su teléfono celular?
¿Dónde estuvo conectado durante sus últimas horas?
¿Qué cámaras captaron el recorrido del Mercedes?
¿Viajó siempre solo?
La gobernadora de Veracruz ha dicho que el automóvil estaba cerrado por dentro y con los seguros puestos.
Es un indicio importante.
Pero tampoco sustituye una reconstrucción completa de los hechos.
Y existe otro elemento que tampoco puede ignorarse.
Familiares directos del legislador han sido vinculados públicamente con el negocio de disposición de residuos en Los Colorines, en Nogales, donde llegan desechos procedentes de decenas de municipios y donde se han manejado estimaciones de cientos de millones de pesos anuales.
Eso no demuestra un homicidio.
Pero sí constituye una línea que cualquier investigación seria tendría que revisar antes de descartar definitivamente intereses económicos alrededor de la víctima.
Porque Zenyazen Escobar tampoco era un personaje cualquiera.
Tuvo una trayectoria singular: pasó por el fisicoculturismo y, según diversas publicaciones, trabajó en su juventud como bailarín exótico; después fue maestro, dirigente de movimientos magisteriales, diputado local, secretario de Educación de Veracruz durante el gobierno de Cuitláhuac García y finalmente diputado federal.
Había acumulado poder, relaciones políticas, adversarios e intereses.
Por eso su muerte exige algo más que una conclusión.
Exige pruebas.
Y hasta ahora la FGR nos ha informado que realizó más de 150 diligencias y peritajes.
Muy bien.
Entonces que abra los resultados esenciales.
Que diga qué arma disparó.
Que diga qué calibre.
Que explique dónde quedó la bala.
Que revele la trayectoria.
Que informe qué encontraron en las manos del diputado.
Que diga qué huellas y ADN aparecieron en el arma.
Que explique qué reveló toxicología.
Y que reconstruya públicamente, hasta donde la investigación lo permita, las últimas horas de Zenyazen Escobar.
No estamos afirmando que fue asesinado.
Tampoco podemos afirmar que no se suicidó.
Estamos diciendo algo mucho más sencillo:
LA FGR NO PUEDE DEMOSTRAR AÚN, ANTE LA OPINIÓN PÚBLICA, QUE FUE SUICIDIO.
Porque después de más de 150 actuaciones periciales conocemos el número de las pruebas…
pero seguimos sin conocer los resultados que despejarían las dudas.
Y voy por más…
eusebiogimeno@gmail.com