x.- Contraste entre el Zapatismo y la Globalización de México.
x.- Zapata: memoria que incómoda del poder morenista.
CHINAMECA, MOR. 10 04 2026.- La tierra de Emiliano Zapata no es un escenario para discursos complacientes. Cada visita presidencial a Morelos es, más que un acto conmemorativo, un examen político frente a la historia.
La llegada de la presidenta Claudia Sheinbaum al aniversario luctuoso del Caudillo del Sur ocurre en un momento en que su gobierno enfrenta contrastes profundos: el acercamiento con grandes capitales internacionales, el debate sobre el uso del fracking y las persistentes sombras de la violencia y las desapariciones en México. En esta tierra, el legado zapatista no aplaude; interpela.
Zapata no es únicamente una figura histórica; es un referente moral. Su lucha por la tierra, la justicia social y la dignidad de los pueblos sigue siendo un parámetro para evaluar el desempeño de cualquier gobierno. Por ello, la presencia presidencial en territorio morelense abre la puerta a una reflexión inevitable: ¿qué tan cerca está el proyecto de Nación actual de los ideales zapatistas?
En el terreno económico, el reciente acercamiento del gobierno federal con el fondo de inversión Black Rock ha generado expectativas y, al mismo tiempo, suspicacias. Si bien estas alianzas pueden interpretarse como señales de confianza y estabilidad para los mercados internacionales, también plantean interrogantes sobre el equilibrio entre la atracción de capital privado y la protección del interés social.
En una tierra marcada por la defensa del campesinado, el reto consiste en garantizar que estas inversiones se traduzcan en bienestar tangible para las comunidades y no sólo en beneficios financieros.
A ello se suma el debate en torno a la posible implementación de la técnica de fractura hidráulica, conocida como fracking. Este método, ampliamente cuestionado por sus impactos ambientales, especialmente en los mantos acuíferos, parece contradecir los principios de sustentabilidad y protección del territorio que evocan el legado zapatista. La claridad en la política energética será fundamental para disipar dudas y fortalecer la confianza ciudadana.
Sin embargo, los desafíos más apremiantes se encuentran en el ámbito de los derechos humanos y la seguridad. Los señalamientos de organismos internacionales, particularmente del Comité contra las Desapariciones Forzadas de la ONU, han colocado a México bajo un escrutinio global. La persistencia de miles de personas desaparecidas constituye una herida abierta que exige respuestas contundentes, sensibilidad institucional y un compromiso real con la verdad y la justicia.
En paralelo, los niveles de violencia que afectan a diversas regiones del país, incluido Morelos, continúan erosionando la confianza ciudadana en las instituciones. La percepción de impunidad y la recurrencia de hechos delictivos plantean la necesidad de estrategias de seguridad más eficaces y coordinadas entre los distintos órdenes de gobierno.
Así, la visita presidencial se convierte en una oportunidad para renovar compromisos y enviar señales claras. Morelos no sólo recibe a la jefa del Ejecutivo; la recibe en la cuna de una de las luchas sociales más emblemáticas de México.
En este contexto, el homenaje a Zapata debe trascender el discurso ceremonial y traducirse en acciones concretas que honren su legado.
Porque si algo enseñó el General del Sur es que la legitimidad del poder no se sostiene en la retórica, sino en su capacidad para responder a las demandas del pueblo.
Hoy, en la tierra donde aún resuena el lema “Tierra y Libertad”, la historia vuelve a interpelar al presente.
La pregunta es inevitable: ¿estará el México de nuestros días a la altura del ideal zapatista?
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