-Las relaciones diplomáticas tensas con EUA.
-Marco Rubio coordina el Plan Trump.
-En la Nueva España, hubo espías yanquis.
-Poinsett actuó desde hace más de dos siglos.
Alfa-Omega
El neoyorkino Franklin Delano Roosevelt fue presidente de Estados Unidos de América, de 1933 a 1945. Hombre visionario vivió antes, durante y casi el final de la Segunda Guerra Mundial. En su toma de posesión señaló que su gobierno habría de fincarse “En la Política del Buen Vecino” y tuvo eco latinoamericano. El humor mexicano puso en juego una frase: “México, es el Bueno y Estados Unidos, el Vecino”.
Las relaciones diplomáticas, entre los gobiernos de México y Estados Unidos de América, no están en un punto convergente. Hay tensión.
El presidente norteamericano solicita la inmediata extradición de diez políticos sinaloenses acusados, en una Corte de Nueva York, de tener ligas con narcotraficantes.
Nuestra Primera Presidenta demanda que le entreguen “pruebas convincentes” contra el gobernador de Sinaloa y 9 de sus colaboradores. Argumenta que actúa en defensa de la soberanía mexicana.
Ambas posiciones dan margen a pensar, no a especular, que las dos partes no ceden y han politizado el asunto. A Trump le urge librar el escollo, porque tiene elecciones en noviembre y a doña Claudia la tenemos envuelta en el lábaro patrio, defendiendo la soberanía.
El problema comenzó, el pasado 19 de abril, al morir dos agentes de la Agencia Central de Inteligencia, CIA, en un accidente automovilístico, después de participar en el desmantelamiento de laboratorios clandestinos, en la Sierra Tarahumara, donde se producía droga.
La operación se realizó sin conocimiento, versión oficial, de la presidenta y Palacio Nacional acusa de “traición a la Patria” a la gobernadora de Chihuahua. La dirigencia del partido en el poder organizó una marcha, en Chihuahua, para demandar el desafuero de Maru Campos; también piden juicio político y cadena perpetua.
El Secretario de la Defensa Nacional declaró que participaron 73 militares, como “seguridad periférica”, a solicitud del Fiscal General de la entidad. Los comisionados pertenecen a la 42 Zona Militar. La versión grabada circuló en redes sociales y no fue desmentida.
Diez días después, la Fiscalía del Distrito Sur de Nueva York y la Administración de Control de Drogas, DEA, acusaron al gobernador sinaloense Rubén Rocha Moya y 9 personas más por “conspiración para traficar fentanilo, cocaína y metanfetaminas, delito de armas y, en su caso, de secuestro y homicidio”.
Señalaron que los diez sinaloenses conspiraron con el Cártel de Sinaloa para vender la droga en territorio de la Unión Americana. La jueza Katherine Polk Failla se encargará del proceso.
Donald Trump ha dicho que, si las autoridades mexicanas no quieren hacer el trabajo, él lo hará sin importarle las quejas de los mexicanos. La acción se realizaría por vía terrestre.
COORDINAN ACCIONES
Terrance C. “Terry” Cole y Kash Batel, directores de la Agencia Antidrogas de Estados Unidos, DEA y del FBI, Buró Federal de Investigaciones, respectivamente, comparten el hecho de que “no hay duda de que los narcotraficantes y los altos cargos del gobierno mexicano han compartido cama por años”.
Ambos están coordinados para el plan diseñado por Donald Trump para la guerra contra los integrantes de los cárteles bajo las órdenes de Marco Rubio, Secretario de Estado.
También están en el grupo, el Secretario de Guerra, Pete Hegseth y John Ratcliffe, director de la Agencia Central de Investigaciones, la temida CIA. Pete afirmó, en la Cámara de Representantes, que el Gobierno Mexicano ha colaborado sin precedentes, pero necesita “incrementar esfuerzos en la lucha antidrogas, para que, nosotros, no tengamos que hacerlo”.
Oficialmente México y Estados Unidos rechazaron que los hechos del 28 de marzo, en la cercanía del Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles, AIFA, donde murieron dos personas al estallar, una bomba, en el vehículo donde viajaban, estén relacionados con los narcotraficantes.
Versiones periodísticas norteamericanas señalaron que, la acción fue orquestada por la CIA. Francisco Beltrán “El Payín”, presunto operador del Cártel de Sinaloa, regresaba y fue recogido en el AIFA por su paisano Humberto Rangel Muñoz. Sus cuerpos quedaron dentro de la camioneta pick up.
“El Payín” era de las confianzas de “El Mencho”, como Audias Flores Silva, “El Jardinero”, aprehendido por marinos el pasado 27 de abril. Audias era, dicen, el sucesor de Nemesio Rubén Oseguera Cervantes, muerto el 22 de febrero de este año, en Tapalpa, Jalisco.
En Washington trascendió que antes de concluir este mes, los 10 sinaloenses estarán en Nueva York y no precisamente vacacionando.
Mientras tanto en México se tiene una cortina de silencio. Rubén Rocha Moya está ubicado en su domicilio particular en Culiacán, según la gobernadora interina. Otra versión es que se encuentra en la Ciudad de México, con una guardia especial.
INTERESANTE HISTORIA
La siempre mentalidad de reportero me lleva a buscar los antecedentes de las relaciones diplomáticas entre México y Estados Unidos, encontrando que el primer embajador mexicano fue nombrado por el Emperador Agustín de Iturbide y James Quincy Adams nos envió a un botánico, estadista y político como ministro, aunque lo refieren como “primer embajador”.
Joel Roberts Poinsett, se inició en 1810 como “agente especial” en América del Sur, llegó a nuestro País en 1820 sin cargo alguno y dos años después lo acreditan como “enviado especial en México”.
El guanajuatense José Manuel Zozaya y Bermúdez, abogado del Emperador Iturbide, recibe el nombramiento de “enviado extraordinario y plenipotenciario del Primer Imperio de México”. Fue el primer titular de una misión diplomática acreditada en Washington, del 12 de diciembre de 1822 al 20 de mayo de 1823.
Con ese nombramiento quedó registrado como el inicio de las relaciones diplomáticas entre los dos gobiernos.
Durante diez años, Poinsett, se involucra en la política mexicana y tiene la misión de visualizar la anexión de Texas, además de “analizar y persuadir al gobierno imperial, para que le diera una gran cantidad de Estados”.
Poinsett más que diplomático tuvo una labor de espionaje al recorrer la aun no integrada República Mexicana. Al desarrollarse la campaña para elegir al primer Presidente de México, el norteamericano de Carolina del Sur, trató directamente con Guadalupe Victoria, Vicente Guerrero y Lorenzo de Zavala.
En la complicada y compleja sucesión de Guadalupe Victoria, Poinsett participó sin recato alguno hasta que asumió la Presidencia el médico michoacano Anastasio Bustamante. En 1830 regresó a su país, donde continuó figurando en cargos públicos.
INTERVENCIONES, INVASIONES
México perdió el 55 por ciento del territorio original no solamente por las acciones políticas, sino por la no colonización y la llegada de europeos para asentarse en esas tierras, en las cuales había una población considerable de tribus, éstas sin ninguna relación con los pueblos de la entonces Nueva España.
En el Norte de la extensa superficie estaba conformado el territorio de Coahuila-Texas, en 1776 era parte de la Comandancia General de las Provincias Internas de Oriente que incluía a Nuevo León y Nuevo Santander, hoy Tamaulipas. Todo bajo el mando del Virrey de Nueva España.
Para 1836 tendrá lugar la primera invasión a nuestro amplio territorio, porque los pobladores de Texas decidieron independizarse como República Independiente.
Desde octubre del año anterior comenzó el movimiento militar, apoyándose en la abolición de la Constitución de 1824 y la declaración de las Siete Leyes del presidente Antonio López de Santa Anna.
Los texanos, civiles y militares, estaban comandados por Samuel Houston que en la Batalla de San Jacinto derrotaron a los mexicanos e hizo prisionero a Santa Anna, obligándolo a firmar el Tratado de Velasco a favor de Texas. En 1845 los texanos son una estrella más en la bandera que también tiene barras.
Fue una invasión militar, porque tal acción está considerada como “la entrada de fuerzas militares para conquistar o cambiar el gobierno existente, dominar y someter, violando principios del Derecho Internacional”.
La intervención del 25 de abril de 1846 al 2 de febrero de 1848, es ampliamente conocida, por las batallas en el Castillo de Chapultepec, en El Molinito, en Padierna y Churubusco.
Es poco conocida la crónica de José María Roa Bárcenas, que nos revela como el capitán Roberts izó la bandera de las barras y estrellas. Ese mismo lienzo el teniente Lovell lo ondeó cuando cruzaba por el segundo piso de Palacio Nacional.
Roa Bárcenas, joven de 20 años de edad, fue testigo de ese suceso. Escribió que se escuchó el disparo de un tiro y Roberts cayó herido. Dos días hubo batallas en las calles de la Capital Mexicana. Muertos en todas las calles. Murieron unos mil norteamericanos y Winfield Scott ordenó fusilar a los presos mexicanos y dar azotes a otros.
Interesantes los relatos, sobre estos dos días trágicos, los escribieron Guillermo Prieto, Isabel Tovar de Teresa y Magdalena Maas y la obra del escritor Roa Bárcenas que redactó en 1877.
Cuando los norteamericanos tenían intervenido a México, entre 1846 y 1848, fueron presidentes Pedro María Anaya, Santa Anna y Manuel de la Peña y Peña, éste del 16 de septiembre al 13 de noviembre del 47, mientras el de 11 veces presidente marchó a esconderse en Querétaro.
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