Por: Rosa Chávez Cárdenas
Es un hecho, el confinamiento nos puso un freno, cambiamos de manera abrupta las rutinas. Son tantas las ocurrencias de las autoridades y no han logrado que bajen las cifras de enfermos graves. Con el pretexto de los adultos mayores nos obligan a permanecer en casa, con el argumento de cuidar su salud no permiten a los mayores de 60 ingresar a las tiendas de autoservicio, pero que incongruencia de los Ayuntamientos para recibir ingreso del impuesto predial y la tenencia por el uso de un vehículo y las filas son enormes.
¡Quédate en casa! dicen las campañas, pero la inactividad deja consecuencias. Los que trabajan “en línea” y los estudiantes se la pasan sentados en su trasero durante largas horas al día, encerrados en su casa solo dan unos pasos a la cocina y para ir al baño, con el confinamiento cambió la función, el cuerpo se encuentra pasivo y la mente acelerada. El miedo, la incertidumbre y el cerebro se encuentran en alerta con las cifras de muertos y contagiados.
Al cumplir un año del inicio de la pandemia, las consecuencias mentales y físicas son notorias. Para mitigar el aburrimiento y la frustración, la venta de alcohol y licores se elevaron de manera considerable.
Pero vamos revisando que dice la sabiduría ancestral del confinamiento: la falta de actividad física, causa enfermedades y muerte temprana. La vida sedentaria de los tiempos modernos tiene efectos biológicos, psicoemocionales, y consecuencias metabólicas significativas, además influye en la presión arterial, en los niveles de triglicéridos, el colesterol, la glucosa y las lipoproteínas de alta densidad como el colesterol bueno y en la leptina, la hormona del apetito. Todos estos factores son los que influyen en el síndrome metabólico. La leptina es una hormona, que entre sus funciones, es la encargada de decirnos cuando parar de comer. Esta hormona se desequilibra al cambiar las rutinas y permanecer sedentario, de manera que, sin movimiento, no paran de comer. Es interesante la investigación de la American Cancer Society, porque encontraron que fumar, permanecer sentados y exponerse al sol, son iguales de dañinos para causar enfermedades. Las mujeres que dijeron permanecer sentadas durante más de 6 horas al día, tenían 37% más probabilidades de morir. Los hombres que permanecían sentados más de 6 horas al día tenían 18% más probabilidades de fallecer de ataque cardiaco y diabetes que otros varones más activos. En otro estudio llevado a cabo en el Instituto Baker en Melbourne, Australia, concluyeron que hacer ejercicio dos horas diarias no compensa el daño de permanecer sentado la mayor parte del día.
La explicación es que las fuerzas contra el cuerpo durante el movimiento prolongado liberan enzimas que ayudan a regular el equilibrio de la glucosa en la sangre. Al permanecer sentados la circulación de la sangre baja, lo que significa que se utiliza menos glucosa en sangre, queman menos grasa y afecta el gen “lípido, fosfatofosfatasa-1”, el cual ayuda a la salud del sistema cardiovascular, este gen se inactiva al permanecer sentado por horas. La conclusión es que permanecer sentados es un factor de riesgo para la diabetes, las enfermedades del corazón, la depresión y el cáncer.
El razonamiento fisiológico tiene sentido, al permanecer sentados, la circulación de la sangre y el flujo de ciertas sustancias en la sangre que regulan los procesos inflamatorios se reducen. Además, las hormonas ligadas al estado de ánimo como la oxitocina, la melatonina y las endorfinas, no pueden irrigar al cerebro. Una forma de cambiar la actitud consiste en levantar el trasero y llevar a cabo una buena dosis de actividad física, tan simple como una caminata alrededor de la cuadra, por las noches veo a los vecinos caminando acompañados de sus mascotas. Caminar tiene tantas propiedades curativas, unos 20 minutos de manera acelerada estimulan el flujo de biomoléculas sanas. Tan fácil como la regla de tres: muévete, respira, suda y hazlo de nuevo.
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