Polonia revalidó este domingo en las urnas el mandato de su presidente Andrzej Duda. Con más del 99% de los votos escrutados, la victoria del ultraconservador, que obtiene el 5.2% de los apoyos, permitirá al partido en el Gobierno, Ley y Justicia (PiS), profundizar en la agenda de reformas que desde 2015 han ido alejando al país de los postulados de la Unión Europea.
Las elecciones, que dejan los resultados más ajustados en 30 años de democracia desde la caída del comunismo, han mostrado la fortaleza de una oposición cuyo candidato, el alcalde de Varsovia Rafal Trzaskowski (48.8%), un político de la centroderechista Coalición Cívica (KO) con una visión opuesta de lo que debería ser la relación de Polonia con Bruselas y la política interna, fue nominado a un mes de la primera vuelta y logró movilizar al electorado en tiempo récord.
Según los resultados provisionales de la Comisión Electoral Nacional, la diferencia entre ambos contendientes es de 500,000 votos. “No quiero hablar en nombre del personal de la campaña, pero creo que la distancia es lo suficientemente amplia como para que tengamos que aceptar el resultado”, comentó este lunes Grzegorz Schetyna, exlíder de Plataforma Cívica —el partido que gobernó Polonia entre 2007 y 2015 y que lidera la coalición opositora—. Miembros de la formación habían anunciado con anterioridad que estaban recopilando información sobre posibles irregularidades durante el proceso de votación. El domingo por la noche, después de que Duda se declarara ganador nada más conocer las primeras encuestas a pie de urna —que otorgaban al mandatario tan solo un 0.8% de ventaja—, Trzaskowski no quiso tirar la toalla. “Nos espera una noche de nervios, pero estoy convencido de que ganaremos”, exclamó el candidato al dirigirse a sus seguidores desde la capital. “Unos cientos o miles de votos pueden decidir las elecciones”, insistió.
Pese a celebrarse en plena pandemia de la Covid-19, que ya obligó a la cancelación de los comicios previstos en mayo y que ha dejado unos 37,900 contagios y 1,571 muertos en el país, la participación ronda el 68%, la más alta en unas presidenciales desde la victoria de Aleksander Kwasniewski frente al entonces dirigente Lech Walesa en 1995 (68.2%). La elección de un presidente de signo político diferente al PiS, con capacidad de veto legislativo, habría frenado las reformas emprendidas por el Ejecutivo desde su llegada al poder en 2015, criticadas dentro y fuera del país por poner en peligro el Estado de derecho. La Unión Europea ha abierto varios expedientes a Polonia a cuenta de las nuevas leyes sobre el sistema de justicia, que considera, socavan la separación de poderes.
El mapa de los resultados electorales dibuja una Polonia partida en dos casi por la mitad. El oeste, partidario de Trzaskowski y su cercanía a Bruselas, más tolerante con los derechos de las minorías y a favor de otra política en materia energética o económica. El este, devoto del PiS, aplaude las medidas de subsidio a familias y a pensionistas, o la rebaja de la edad de jubilación implantadas por el Ejecutivo. “La conclusión principal de este proceso es que la sociedad está dividida a partes iguales”, señala este lunes Dorota Heidrich, directora adjunta del Instituto de Relaciones Internacionales de la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad de Varsovia. “Duda gana tras una campaña brutal y haciendo uso de todas las instituciones estatales, pero solo por un margen pequeño. La televisión pública estaba allí para él, el Gobierno también”, indica. En su opinión, lo más positivo es que cada vez “hay más polacos concienciados políticamente”, señala en referencia a la alta participación.