El Trastorno por Déficit de Atención pertenece al grupo de las afecciones del neurodesarrollo: un conjunto de condiciones en la maduración del cerebro, detectables en la infancia.

Los factores que se diagnostican son falta de atención, ser distraído, conductas impulsivas y ser hiperactivo.

Pero no es mi intención escribir más de lo mismo, me voy a enfocar a las causas, no a los síntomas.

Las causas para los profesionales son de acuerdo con el modelo biomédico dominante, centrado en el fármaco y las patologías. Regularmente no se toman en cuenta los tiempos modernos de tecnología y los cerebros revolucionados por tantos estímulos; la adaptación a los nuevos estilos de vida, la violencia, la incertidumbre de los padres al futuro, el temor al abuso sexual de los niños, además, y el exceso de estrés que sufren por su trabajo para darles una vida mejor que resulta en menos convivencia en familia.

La falta de atención no es exclusiva de los niños, los adultos batallamos con la memoria y la atención.

Hoy se cambian recetas por rabietas, hasta los niños ya conocen sus fármacos: Ritalín y, Concerta.

Desde hace unos 20 años se ha incrementado el diagnóstico, parece epidemia de niños diagnosticados por TDA.

He visto sufrir a madres por el diagnóstico. Tere está convencida que Luis, su hijo, con diagnóstico de Déficit de Atención es un niño que padece una discapacidad y por esa causa fue expulsado de la escuela. Tere, la mamá, trabaja como empleada doméstica; una semana de su sueldo se va en pagar el Paido psiquiatra y el fármaco que le prescribieron. No solo ese es el problema. La vida se le complicó, al quedarse Luis sin asistir a la escuela, la hija de 13 años tuvo que quedarse en casa para cuidar a su hermano. La niña lloró y le suplicó a su mamá que ella quería seguir estudiando, Tere estaba en un aprieto, tenía que seguir trabajando. Hasta que la recomendé para que aceptaran a Luis en otra escuela, evitó el costo del Paido psiquiatra y cambiamos el medicamento por Homeopatía.

La población está atrapada en los diagnósticos “neurodivergentes” de la psicofarma.

Los que tenemos otro enfoque contamos con otras recomendaciones como ejercicios para despertar los sentidos con sensaciones: olfativas, táctiles, gustativas, auditivas y visuales.

El otro diagnostico actual que se ha multiplicado es el Autismo, como si fuera una epidemia, desde que incluyeron varias conductas en el espectro Autista, se refiere a la amplia gama de síntomas.

Incluye afecciones que alguna vez se consideraron separadas: el Autismo, el Síndrome de Asperger, el trastorno desintegrativo infantil y una forma de trastorno del desarrollo generalizado que no está especificado.

Los niños muestran síntomas que parecen Autismo durante el primer año de vida, depende de lo que los padres y los familiares esperan de ellos, siempre comparan con otros niños, comentan: “es que mi hija caminó al año, es que Lupita, hablaba como periquito, Toño ya sabía leer antes de entrar al preescolar. Algunos síntomas como ser introvertido, no querer interactuar con algunas personas, tener miedo, hacer berrinches, en fin, síntomas que parecen Autismo.

Pero el diagnóstico es preocupante, si los padres cargan con el estigma de la etiqueta, sus hijos van a experimentar todos los síntomas. Como la abuela cuando menciona a su nieto no le llama por su nombre, lo clasifica por la etiqueta: “mi nieto el Autista” el niño no parece tener síntomas, fue diagnosticado cuando sus papás se divorciaron y enfermó de una infección respiratoria.

Antes de etiquetar tenemos que reflexionar, el cerebro está inmaduro en proceso de formar redes neuronales, los niños y los adultos tenemos cambios de humor.

Tiempos modernos, las madres cargan con la culpa de tener que trabajar y dejarlos en la guardería o a cargo de otras personas.

La cuidadora actual es el Celular, la Tablet y los juegos de video.

Se quejan de que sus hijos son distraídos, tienen bajo rendimiento escolar, pero no ponen reglas de manera que los niños y jóvenes están adictos a la tecnología.

Es indispensable poner reglas, límites, los hijos necesitan tolerancia a la frustración.

Por la permisividad son una generación que se niega a alimentarse de manera saludable y los padres les permiten que coman “chatarra” refrescos con colorantes y saborizantes artificiales, botanas, panecillos empaquetados y no aceptan frutas, ni verduras. 

Los papás creen que cumplen con medicarlos y llevarlos a terapia.

Los psicólogos que atienden de manera individual no revisan la dinámica familiar, las presiones en el sistema escolar, ni el entorno social, llama la atención que los niños llevan años en terapia, pero en casa nada cambia.

Los niños no necesitan celular. Según la UNESCO 80 países y sus sistemas educativos han prohibido el uso de teléfonos inteligentes en las escuelas.

Estas restricciones buscan reducir distracciones, mejorar la concentración y proteger la privacidad de los estudiantes de los pederastas que están en las redes.

Hace falta promover la salud más que atender la enfermedad: alimentación saludable, deporte, control de las emociones, límites y reglas, limitar los dispositivos tecnológicos, más vida social, empatía y contacto con la naturaleza.

El sistema escolar necesita incluir clases de arte, música, meditación y técnicas para el control de las emociones y el manejo de conflictos.

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