Cada uno de nosotros venimos de una realidad histórica regida por normas y valores, gestionada por un sistema económico y político, lo que nos lleva a conformarnos pensando que es natural, inevitable e inmutable y que “no queda de otra -nos quejamos diciendo-: tenemos que seguir tolerando a políticos que llegan a servirse, no a servir”.
Además, la economía se rige por las políticas de los países poderosos. De pronto los pésimos proyectos de los políticos en turno nos dejan en la ruina.
El mundo fue creado por una cadena accidental de acontecimientos que la historia moldeó: la tecnología, la política y la sociedad, los pensamientos, los temores y los sueños.
Los movimientos que pretenden cambiar al mundo empiezan escribiendo la historia para imaginar el futuro.
Es interesante enterarnos de un detalle que parece no tener mucha importancia: los jardines en las casas. Esto llegó a identificarse con el poder político, el nivel social y la opulencia económica. Al principio esta moda solo era permitida para banqueros, abogados y magnates que podían permitirse tales lujos, pero la revolución industrial amplió la clase media y millones de familias pudieron permitirse un jardín en sus casas.
Los pastos verdes se pusieron de moda para el juego de futbol que antes se jugaba en cualquier terreno. En las zonas residenciales norteamericanas, un jardín pasó de ser un lujo de los ricos a una necesidad de la clase media, de donde viene la idea de que nuestra casa debe tener un jardín al ingreso.
Como en todo lo pasado, existe una historia interesante al respecto:
Nuestros antepasados los cazadores-recolectores de la Edad de Piedra no cultivaban hierbas en la entrada de la cueva. El Capitolio romano, el Templo judío en Jerusalén, y la Ciudad Prohibida en Beijín no tenían jardines. La idea de plantar un jardín con césped a la entrada de las residencias y de los edificios públicos apareció imitando a los castillos de los aristócratas franceses y de los ingleses de la Edad Media.
En la época moderna la costumbre creció y se convirtió en característica de la aristocracia y señal de estatus. Los jardines requerían terreno y muchos cuidados, luego surgieron las herramientas: el riego por aspersión y las máquinas para cortar el césped.
Los jardines no producían nada de valor, ni para los animales, ni para los humanos, solo adorno. “Prohibido pisar el pasto” es la advertencia en ellos; el sentido de pertenencia.
Los jardines siguen asociándose con el poder y el dinero, ahora han conquistado el corazón del mundo musulmán.
El Museo de arte islámico de Qatar recién inaugurado está rodeado por magníficos jardines, construidos por una compañía estadounidense con más de 1,000,000 metros cuadrados de césped, se imaginan, en pleno desierto, para su cuidado requieren una cantidad de agua dulce para su mantenimiento. En las zonas residenciales de Dubái y Doha, las familias se sienten orgullosas de sus verdes jardines.
Los castillos en Francia fueron construidos en la Edad Media y en el Renacimiento. Pueden navegar en internet para ver los jardines más famosos como el Palacio de Versalles, cerca de Paris que fue declarado Patrimonio de la Humanidad. La residencia real desde 1682 hasta 1789, los jardines son espectaculares. El virrey de la Nueva España, Bernardo de Gálvez, no se podía quedar fuera de la moda y construyó el Castillo de Chapultepec en 1784, pero fue destruido por una explosión de pólvora. Un año después el virrey inició la construcción de otro palacio en la cima del cerro, ahí permanece como patrimonio nacional. La influencia francesa llegó a nuestro país en el siglo XVIII por la vía de España, lo que significó un afrancesamiento de la vida social y política.
La influencia francesa se incrementó en el porfiriato. Se extendió en el urbanismo, en el uso de la línea recta y la simetría. El México independiente atravesaba por dificultades políticas y económicas de manera que la influencia francesa se hizo sentir hasta el porfiriato. Ahora que conocemos de donde viene la moda de los jardines.
Los movimientos sociales y las ofertas de trabajo se encuentran en las grandes ciudades, de manera que el tipo de vivienda de la vida moderna es habitar en edificios de apartamentos, cada día más pequeños.
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