Por: Rosa Chávez Cárdenas
En nuestro país inició la obligación del nuevo etiquetado en los productos alimenticios. Son etiquetas muy visibles, de color negro y de forma octagonal. Se pretende que el consumidor se entere de manera más explícita del contenido de los productos y deje de consumirlos.
El objetivo es disminuir los índices tan altos de obesidad y enfermedades crónicas y degenerativas como la diabetes y las cardiovasculares. El etiquetado advierte sobre el exceso de grasas saturadas, azúcares, calorías y sodio.
A pesar de que la industria de alimentos discutió y apeló que cambiar los empaques representa un gran costo para las empresas en este momento, que están batallando con la economía por la pandemia.
Pero, ya es un hecho, a partir de octubre, es obligatorio el cambio de los empaques de todos los productos alimenticios. Hasta las cajas de cereal, tienen que evitar los colores llamativos.
La Norma Oficial mexicana (NOM051) está enfocada al etiquetado y la justificación es la lucha contra las enfermedades silenciosas. Pretenden bajar los costos del Sector Salud en un rango de 40 Mil millones de pesos en cinco años.
Castillos en el aire, creen que con solo etiquetar los alimentos la población dejará de consumir los productos a los que ya están acostumbrados. “El pez por su boca muere”, se necesitan años para cambiar los malos hábitos de la población.
Basta observar los resultados, prohibieron menciones de bebidas alcohólicas y tabaco en la televisión y no ha bajado el consumo, hacen falta otras estrategias. Los productos extranjeros que se comercialicen en México tienen que someterse a la norma.
Coca Cola aceptó advertir en sus envases que su producto no es recomendable para niños. Nuestro país no es puntero en este tema del etiquetado, iniciativas similares ya se implementaron en otros países como Chile, que fue el primero en llevarlo a cabo, posterior Ecuador y Perú.
En los países que ya se aplicó la medida no hubo impacto alguno en la venta de productos con altos niveles de azúcar, advierte Fabian Ghirardelly, chileno que reside en México experto en la investigación de mercados. Enfatiza que tanta advertencia no funciona, las etiquetas que bombardean al consumidor se demeritan significativamente.
El consumidor termina ignorando la advertencia en ciertos productos que son los favoritos, muy a pesar del etiquetado que advierte el alto consumo de calorías, los van a seguir adquiriendo.
Me refiero a esos productos que el consumidor compra para consentirse, por ejemplo, el chocolate de cierta marca que su madre le dio como premio desde pequeño, al llevarlo a su boca trae a su memoria el merecimiento.
Con la pena el efecto del etiquetado será de corto plazo, dos o tres meses. Posterior al impacto la población tomará el producto sin checar las advertencias. La investigación está a la vista, los sellos de advertencia que implementaron en chile hace tres años, no tuvieron gran impacto en el objetivo que se planteó. La adicción al azúcar y al sodio es y seguirá como un gran problema de salud pública.
Inmersos en la industrialización y la cultura de la búsqueda del placer y el consumismo, basta con ver los resultados del tabaquismo, los empaques de los cigarros, son impactantes, personas con los pulmones destrozados, con la advertencia que produce cáncer, no baja el consumo porque en la adicción la voluntad está aniquilada.
Basta con observar cómo inician los jóvenes en su grupo de pares, se esconden de sus padres a pesar de sus advertencias, inhalar un cigarro se convierte en símbolo de pertenencia y hasta de estatus.
No todo está perdido, es necesario reeducar a la población, hacen falta campañas, además brigadas con expertos que se acerquen a la población marginada para lograr la toma de consciencia de la importancia de la alimentación saludable.
Es importante enfatizar en el consumo de agua en lugar del refresco azucarado. La obesidad no respeta estatus, hace falta que tomemos conciencia, no es lo mismo, vivir para comer que comer para vivir.