Por: Rosa Chávez Cárdenas

rosamchavez@hotmail.com

Las nuevas tecnologías plantean desafíos para la evolución de la conciencia humana.

La pandemia aceleró la relación con las redes digitales.

Resultaron dos efectos simultáneos: nos hizo más sensibles a las secuelas tóxicas de la digitalización y aceleró la dependencia a ellas.

La dependencia es riesgosa, una vez que se atrapan tienen que estar conscientes que, tiene los mismos efectos que la dependencia a sustancias.

Las llamadas tecnologías persuasivas cumplen su misión. Ni cuenta se dan cuando ya están atrapados y no pueden desviar la dependencia.

El negocio de los gigantes tecnológicos: Google, Facebook, Apple, Amazon, no solo es ofrecer avisos comerciales, el objetivo es modificar el comportamiento para optimizar el rendimiento comercial.

Los algoritmos (conjunto ordenado de operaciones sistemáticas que permite hacer un cálculo, procesar datos y hallar la solución de un tipo de problemas) al procesar los millones de datos sobre el comportamiento, aprenden a predecirlo, mejor que uno mismo. ¿Se han dado cuenta que antes de escribir en los dispositivos ya aparecieron las palabras que estamos procesando en el pensamiento?

El requisito es mantenernos conectados, así nos vamos robotizando en el mundo digital.

La inteligencia artificial disminuirá la inteligencia lógica y la toma de decisiones, todo se vuelve subliminal y actuamos como autómatas.

De eso se encargan las tecnológicas persuasivas, cumplen su objetivo cuando nos mantenemos conectados. Es difícil decidir por quién votar en tiempos de elecciones, en la guerra y en las campañas todo se vale; están hechas para influir en las preferencias electorales.

Trump ganó la primera campaña con la ayuda de Big Data, contrató los servicios de Alexander Nix miembro de la firma Cambridge Analytica, se encargaron de desprestigiar a Hillary Clinton e influyeron para que creyeran que era el enemigo de Estados Unidos.

En la segunda vuelta de Trump, los mensajes que compartían los latinos sobre Biden, fueron absurdos. Lo presentaban como un ser perverso, miembro de una secta en la que se comían a las víctimas para ingerir el adenocromo de los niños, un compuesto químico de la hormona de la adrenalina, que según la leyenda de la edad media prolonga la vida de quién lo ingiere. Además, que permitiría el aborto hasta el momento de nacimiento. Sin analizar el contenido, los grupos religiosos se atraparon.

Los mensajes falsos, siniestros se propagan rápidamente. Se comprueba la teoría de que una mentira dicha mil veces se convierte en verdad.

En Silicon Valley el término de moda es “Human downgrading” (degradación humana) Perdimos de vista que los gigantes tecnológicos se estaban enfocando en conocer nuestras debilidades y de pronto nos convertimos en esclavos del materialismo con el poder de compra que dan las tarjetas.

Las tecnologías persuasivas apelan a mantenernos en la versión más débil de nosotros mismos. A los gigantes tecnológicos la pandemia les cayó como anillo al dedo, al mantenernos confinados, la gente no dejó de comprar, solo cambiaron conductas.

Los usuarios de las redes son fuente potencial de mercado, sin salir de casa, con la facilidad de pagarlo con dinero plástico, no toman conciencia. No es lo mismo pagar con dinero en efectivo -billetes o monedas- al momento. La nueva modalidad, será que deje

 de circular este tipo de dinero para incrementar el consumo. Así nos volvemos esclavos de los gigantes tecnológicos.

¡Qué triste!.. los negocios departamentales en los que caminamos por sus pasillos, olfateamos los perfumes, tocamos y nos probamos la ropa, esos que han hecho grandes inversiones arquitectónicas se fueron a la quiebra, junto con las salas de cines, los que atraen clientes a las plazas comerciales, cerraron sus puertas por lo menos unos años.

Es preocupante ver a los hijos y nietos pegados a la pantalla incapaces de concentrarse.

Nos preguntamos: ¿qué les espera cuando sean adultos? serán una generación de zombis jorobados, sin personalidad ni carácter.

Ya está en auge el internet de las cosas y nos harán más dependientes y sedentarios. No es lo mismo utilizar las redes para los servicios imprescindibles, y por unas horas de trabajo, que dejar la vida social, afectiva y sexual por estar conectados.