Columna de Hierro

CUERNAVACA, MOR. 11 06 2026.- Cada cuatro años el planeta parece detenerse. Millones de personas se abrazan con desconocidos, lloran frente a una pantalla, pintan banderas en sus rostros y depositan en once jugadores una esperanza que pocas veces encuentran en la política, la economía o la vida cotidiana.

El Mundial de Fútbol es probablemente el único acontecimiento capaz de reunir simultáneamente a la humanidad alrededor de una misma emoción.

Pero también es una fiesta que no es para todos.

Mientras millones apenas pueden pagar una suscripción para ver los partidos, otros pagan miles de dólares por un boleto.

Mientras los aficionados hacen sacrificios para viajar, las grandes corporaciones multiplican ganancias. Mientras los pueblos celebran, los organismos deportivos negocian contratos multimillonarios.

El Mundial es pasión popular, sí. Pero también es una industria gigantesca.

Y, sin embargo, reducirlo únicamente a «pan y circo» sería injusto.

Los seres humanos necesitamos relatos compartidos. Necesitamos símbolos, héroes y momentos de identidad colectiva.

El Mundial cumple parcialmente esa función.

Durante unas semanas desaparecen diferencias sociales, ideológicas o religiosas y emerge algo parecido a una comunidad imaginada: una Nación que se reconoce a sí misma.

La pregunta no es si el Mundial sirve para algo.

La pregunta es quién obtiene más beneficios de él.

Los aficionados reciben emoción, identidad y memoria.

Las élites reciben poder, influencia y dinero,

Como casi siempre ocurre.

Los Mundiales más célebres de la historia.

Copa Mundial de la FIFA 1970 es considerado por muchos el mejor Mundial de todos los tiempos. El Brasil de Pelé maravilló al planeta con un futbol casi artístico. Fue además el primer Mundial transmitido ampliamente en color.

Copa Mundial de la FIFA 1986.

El Mundial de Diego Maradona. La «Mano de Dios» y el llamado «Gol del Siglo» quedaron grabados para siempre en la memoria colectiva.

Copa Mundial de la FIFA 1950.

El legendario «Maracanazo», cuando Uruguay derrotó a Brasil en su propia casa ante una multitud que quedó en silencio.

Copa Mundial de la FIFA 1998.

La consagración de Francia y el surgimiento de una selección multicultural que se convirtió en símbolo de integración.

Copa Mundial de la FIFA 2010.

El primero celebrado en África. Demostró que el Futbol podía convertirse también en un escaparate para regiones históricamente marginadas.

Copa Mundial de la FIFA 2022.

Quizá el más controvertido por sus costos, las denuncias sobre condiciones laborales y el enorme despliegue económico. También fue la coronación definitiva de Lionel Messi.

¿Para qué sirve un Mundial?

Sirve para recordar que las Naciones también se construyen con emociones.

Sirve para generar identidad colectiva.

Sirve para proyectar la imagen internacional de un país.

Sirve para mover enormes cantidades de dinero.

Sirve para que los gobiernos presuman modernidad.

Sirve para que las empresas vendan más.

Sirve para que la FIFA gane más.

Y sirve, también, para que durante noventa minutos la gente olvide sus problemas.

Quizá por eso nunca desaparecerá.

Porque mientras las élites hacen negocios, los pueblos siguen buscando razones para celebrar.

Y pocas celebraciones son tan universales como un gol.

Remate:

El Mundial es una contradicción perfecta de nuestro tiempo: un negocio privado sostenido por una pasión pública; un espectáculo multimillonario que pertenece sentimentalmente a los pobres; una maquinaria global que, pese a todos sus excesos, todavía logra producir algo que el dinero no puede fabricar por sí solo: la ilusión compartida de que, por un instante, todos jugamos en el mismo equipo.

Aunque sepamos que, terminado el partido, unos regresarán a los palcos y otros volverán a las gradas. Los saluda con afecto… eusebiogimeno@gmail.com