Por: Rosa Chávez Cárdenas

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El Covid ha volteado de cabeza a todo el mundo, pero, a lo largo de la historia no ha sido la única pandemia. Entre los grandes desastres que ha sufrido la humanidad varias epidemias han dejado su huella en la historia. 

Eutropio, dijo sabiamente: “la peste surge cuando la desesperanza y las preocupaciones son mayores” Es cierto, a pesar de los adelantos en ciencia y tecnología, vivimos atrapados en el consumismo, se trabaja intensamente para pagar lo indispensable y comprar lo superfluo, pero que paradoja con tanto estrés pocas cosas les proporcionan felicidad. 

Preocupa el calentamiento del planeta, el cambio climático produce incertidumbre, son tantos los desastres naturales, además las bajas temperaturas del invierno han incrementado el número de fallecimientos. 

Vale la pena revisar la historia, un periodo de angustia y muerte como los que vivieron en Roma con la peste Antonina. Fue la primera pandemia que afectó al mundo occidental, algo similar a lo que estamos viviendo la crisis sanitaria y económica, los efectos fueron graves: en la economía, la política, la religión y la cultura. 

Según los historiadores el Imperio romano experimentaba en el siglo II d.C su época de oro, habían fomentado la unidad cultural que abarcaba toda la cuenca del Mediterráneo, hasta que llegó la pandemia, conocida como la plaga de Galeno, un famoso médico griego que se encargó de la atención a los enfermos. 

La viruela y el sarampión se extendieron rápidamente por el imperio romano.

La peste fue llevada por las tropas que regresaban de la guerra Pártica de Lucio Vero en Mesopotamia en el año 165-180. 

Para Roma la pandemia fue su gran derrota, los legionarios trajeron la epidemia. Resultó una gran tragedia, perdieron a un tercio de la población, fallecían derrotados por la peste dos mil personas diariamente. 

En ese tiempo Roma era muy pujante, recibía viajeros por mar y tierra gracias a sus comunicaciones. Por los efectos de la pandemia se paralizó el comercio, todos vivían angustiados por la cantidad de muertos, tenían miedo salir de sus casas. En ese tiempo gobernaban como emperadores: Marco Aurelio y Lucio Vero. Lucio contagiado por la peste huyó y falleció en la desesperación. Marco Aurelio fue el gobernante más honesto de la historia de Roma, no se parece a ninguno de los populistas que gobiernan actualmente varios países, decía atinadamente: “la destrucción de la inteligencia es una peste mayor que cualquier infección”. Gobernó de manera democrática, tenía una idea de la Constitución basada en las leyes regida por la equidad y la libertad de expresión. 

En aquel tiempo poco se conocía de soluciones médicas, en sus carencias recurrían a la magia y esperaban milagros. 

Llegaron a escribir un Salmo que colgaban en la puerta para ahuyentar al enemigo como si los virus pudieran leer. Los gastos de la enfermedad acabaron con el presupuesto público, pero Marco Aurelio comprometido con el pueblo no recurrió a pedir un préstamo al Fondo Monetario Internacional como actualmente, comprometido con su pueblo subastó sus bienes. 

Qué diferencia con los tiempos actuales. Son tantas las necesidades en la pandemia, esperábamos que se suspendieran las obras faraónicas del capricho del presidente, pero, todo lo contrario, recortó el presupuesto en varias Secretarías y más en el Sector Salud. Los hospitales carecen de lo básico y los pocos médicos que atienden a los internos afectados del SARS están exhaustos. 

Que diferencia con Marco Aurelio, de verdad trabajaba por su pueblo les regresaba en servicios los impuestos que pagaban. 

La epidemia regresó nueve años después, falleció su esposa, varios de sus hijos y Marco Aurelio después de luchar siete días de la penosa enfermedad. En su agonía pronunció: “no lloréis por mi, pensad en la pestilencia de tantos otros. Amóldate a las cosas que te han tocado en suerte y a las personas con las que te ha tocado vivir. Amalas”.

No podemos permitir que el miedo nos deprima. La unión hace la fuerza, la solidaridad, la compasión, la fortaleza son el mejor antídoto.