Jesús te Ampare
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Ricardo Ravelo es un reconocido periodista inquieto, riguroso consigo mismo; lector voraz, se desconecta del mundo cuando investiga.
Entra en trance. Crea una nueva historia que moverá el “tapete” al más arrogante, al más poderoso.
No descansa hasta encontrar la verdad.
Su nueva historia:
El dinero sucio no siempre huele mal. A veces usa corbata, tiene oficina, firma cheques, compra edificios, abre empresas, traspasa fronteras y duerme tranquilamente en un Banco.
De eso trata El lavadero… las rutas del dinero sucio, la reciente investigación de Ricardo Ravelo.
Libro incómodo. Muy incómodo. Porque el narcotráfico necesita sicarios, armas y rutas, pero, sobre todo, requiere quién le lave el dinero.
Y ahí comienza otra crónica: la que casi nunca se cuenta, la del dinero que abandona la calle y entra al sistema financiero; la que transforma ganancias ilícitas en propiedades, sociedades, inversiones y fortunas aparentemente respetables.
El periodista veracruzano promete meterse precisamente en ese laberinto y asegura que habrá nombres y apellidos: personajes del crimen, operadores financieros, empresarios y personajes vinculados con el poder político.
Su indagación lleva un título que difícilmente podría ser más gráfico: El lavadero. Porque una cosa es perseguir al narcotraficante y otra, muy distinta, seguir su dinero.
México no está catalogado formalmente como un paraíso fiscal por organismos internacionales como la OCDE. Pero Ravelo plantea una pregunta perturbadora: ¿de qué sirve no aparecer en esa lista si enormes cantidades de dinero ilícito encuentran mecanismos para incorporarse a la economía formal?
Ahí está el verdadero problema. No solamente quién produce la droga, quién la transporta o quién la vende, sino quién recibe las ganancias, quién las mueve, quién las esconde, quién las convierte en patrimonio y, sobre todo, quién voltea hacia otro lado.
Porque detrás de una organización criminal poderosa existe necesariamente una estructura financiera. El capo puede vivir en la sierra. El dinero, no. El dinero necesita Bancos, empresas, prestanombres, contadores, abogados, inmuebles, transferencias, sociedades y jurisdicciones donde esconderse.
Ese es el otro rostro del crimen organizado: mucho más elegante y quizá más peligroso.
El sondeo de Ravelo pone además sobre la mesa una contradicción internacional: algunas de las grandes potencias que durante décadas han impulsado normas contra el lavado de dinero conviven, al mismo tiempo, con jurisdicciones y estructuras financieras utilizadas para ocultar capitales.
Ahí aparecen nombres recurrentes en el debate mundial sobre opacidad financiera: Islas Caimán, Islas Vírgenes Británicas, Mónaco, Barbados, Dubái y otras demarcaciones.
Pero el fenómeno ya no cabe solamente en pequeñas islas. El dinero moderno viaja a la velocidad de una transferencia electrónica. No reconoce ideologías; identifica oportunidades.
Por eso El lavadero puede resultar particularmente incómodo. Porque seguir el dinero significa atravesar una frontera que muchos preferirían mantener cerrada: el límite entre crimen y poder.
Ricardo Ravelo conoce ese territorio. Es veracruzano y periodista de investigación. Durante más de dos décadas estuvo ligado a Proceso, primero como Corresponsal en Veracruz y posteriormente como reportero de tiempo completo.
Ahí cubrió narcotráfico, delincuencia organizada, justicia y seguridad nacional, en los años de una escuela periodística marcada por Julio Scherer García.
Ravelo eligió una de las especialidades más peligrosas del oficio: escrutar al crimen organizado, pero también sus relaciones, sus complicidades, sus protectores y sus negocios.
En México eso significa caminar sobre cristales. Una palabra puede generar una amenaza; un documento puede incomodar a un gobierno; un nombre puede despertar enemigos. Y una averiguación puede costar mucho más que un empleo.
Y Ravelo lo sabe. Por eso lleva décadas escribiendo sobre capos, narcotráfico, corrupción, seguridad y poder.
Ha recibido reconocimientos nacionales e internacionales…pero también amenazas de muerte.
En 2008 obtuvo el Premio Nacional de Periodismo otorgado por el Club de Periodistas de México y, en 2013, el Premio Rodolfo Walsh por Narcomex, durante la Semana Negra de Gijón.
Su bibliografía es extensa. Y ahora llega otra investigación: El lavadero.
El libro está programado para aparecer editorialmente el próximo mes de octubre y será presentado en distintas ciudades: Guadalajara, Veracruz, CDMX, Monterrey, Washington, D.C., Houston y Nueva York, entre otras plazas.
Pero lo importante no será la presentación. Serán los nombres, los documentos, las rutas, las conexiones y las pruebas que sostengan cada revelación.
Porque señalar es fácil; documentar es otra cosa. Y cuando se habla de crimen organizado, políticos y lavado de dinero, esa diferencia resulta fundamental.
Ravelo tendrá que demostrarlo página por página. Si lo consigue, más de uno tendrá problemas para dormir.
Porque las balas hacen ruido; las transferencias bancarias, no. Los sicarios dejan cadáveres. El dinero lavado deja empresas, propiedades, cuentas, fortunas y respetabilidad.
Tal vez por eso durante tantos años perseguimos al hombre equivocado. Buscamos al narcotraficante con botas, pistola y camioneta blindada, cuando quizá también deberíamos mirar al hombre (o mujer) de traje sastre que nunca toca una droga, nunca dispara y nunca aparece en una fotografía policial. Solamente mueve el dinero. Y cobra.
Ahí está el verdadero poder. Porque el crimen organizado puede sobrevivir sin un capo; otro ocupará su lugar. Pero difícilmente puede sobrevivir sin dinero limpio. Y para convertir millones sucios en fortunas respetables, siempre hace falta un lavadero.
No cabe duda, por las venas de Ricardo Ravelo corre el periodismo como una herencia genética, como una condena y como una vocación.
Es un crítico feroz del abuso del poder, de funcionarios cleptómanos, mediocres y torpes.
Es la pesadilla viviente para muchos políticos. Lo sueñan despiertos, le temen dormidos.
ceciliogarciacruz@hotmail.com.mx