Jesús Te Ampare
Con destreza se zafa del contratiempo y con una soflama manipuladora, revierte la conflagración.
Evade sin escrúpulos la controversia.
Finge lo que no es.
Domina el arte de la simulación e insolencia.
En cada mañanera ofrece un espectáculo de excesiva habilidad e ingenio, y produce artificialmente, efectos de apariencia maravillosa e inexplicable.
Desde su tribuna: habla todo el tiempo de corrupción. Insulta, acusa, agrede como si fuera puro y honesto (Bobbio).
Y responsabiliza a otros con una engañifa a bote pronto que provoca risitas perversas de cercanos colaboradores, que ya conocen el viejo truco del “ilusionista”.

Pero pocos percatan sus gestos corporales que ocultan el auténtico mensaje.
El lenguaje no verbal es más importante de lo que creemos, porque el 93% de lo que transmitimos tiene gran influencia en las relaciones sociales. Es el perfecto espejo de las emociones.
Los rollos mañaneros que el actor protagónico, se formulan a través de su jerga corporal, pero hay que saber identificarlos.
Sus mensajes, aparentemente precisos y macizos, se convierten en simples distractores para esquivar la verdad.
Los comunicadores profesionales controlan el discurso a través del cuerpo; otros, como el “caudillo del sur”, tropiezan porque sus gestos, el cambio de posición de manos, brazos, piernas y el rostro, reflejan sus auténticos estados mentales y afectivos.
Hay quienes sí coordinan el habla corporal y verbal, por tanto, transmiten procesos sensoriales positivos. Otros caen en el fango de la mentira disfrazada de verdad desnuda.
En reciente mañanera, el Presidente protagonizó una acalorada discusión con Jorge Ramos, luego de que el arrojado comunicador –con datos oficiales—lo imputó de encabezar el gobierno más violento en la historia moderna de México.
El tepetiteco le respondió al estilo del Príncipe Maquiavelo:
“Pues no coincido contigo y considero que no tienes razón en los datos. Es cosa de cómo los presentas tú y cómo consideramos nosotros deben darse a conocer”.
La expresión corporal nos hace saber en quién confiar y en quién no.
Encoger los hombros evidencia una señal universal de no saber qué está ocurriendo.
Las palmas abiertas expresan un sello de honestidad.
Apuntar con el dedo y mano cerrada, indica un intento de demostrar dominio.
El contacto visual prolongado, a veces sin pestañear, significa un embuste.
El ceño fruncido denota desagrado o desaprobación.
Las cejas levantadas son signos de incomodidad.
Uno de los cerebros más asombrosos y brillantes para la maldad fue el comandante Fidel Castro. Él sabía cómo hablar para cautivar; pero esparcía odios, y todo aquel que propale inquinas, es considerada persona no grata.
El Dictador tenía las tres manifestaciones de la enfermedad conocida como trilogía: narcisista, sociópata y psicópata; un alma absolutamente atormentada, incapaz de sentir empatía y cariño por alguien. Usaba al ser humano y después lo desechaba o desaparecía.
Los mexicanos pueden adentrarse, a través de la expresión corporal del mandatario, para saber si dice la verdad o miente.
En tanto, “El Ilusionista” se considera satisfecho con lo que ha logrado y sostiene que se puede ir tranquilo con su conciencia. Ya nosotros cumplimos, remata.
ceciliogarciacruz@hotmail.com