Columna de Hierro

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CUERNAVACA, MOR. 01 07 2026.- México está en la cúspide de su fútbol.

Nunca, en toda la historia de nuestra Selección Nacional, el tricolor había hilado cuatro victorias consecutivas sin recibir un solo gol.

No se trata únicamente de una estadística extraordinaria; es la confirmación de que el fútbol mexicano atraviesa uno de los momentos más brillantes de su historia.

Y, sin querer queriendo, ese éxito deportivo terminó convirtiéndose en un remanso de paz para un país que desde hace meses vive sometido a una permanente tensión.

Mientras el gobierno de la Presidenta Claudia Sheinbaum enfrenta una agenda marcada por la violencia, los desafíos económicos y una creciente presión política y diplomática desde Estados Unidos —presión que muchos en México interpretan como un intento de debilitar al proyecto de la Cuarta Transformación rumbo a las elecciones de 2027 y, posteriormente, a la sucesión presidencial de 2030—, el balón logró algo que ningún discurso consigue: unir por unos días a millones de mexicanos bajo una misma emoción.

Durante noventa minutos desaparecieron las diferencias partidistas, las redes sociales dejaron de ser trincheras y el país volvió a gritar los goles con una sola voz.

El fútbol le regaló a México una tregua.

Y esa tregua también alcanzó al gobierno.

No porque las victorias de la Selección resuelvan los problemas nacionales, sino porque el deporte modifica el estado de ánimo colectivo.

En política, el humor social también cuenta. Un país orgulloso de sus futbolistas es, aunque sea por unos días, un país menos atrapado por el desencanto y la confrontación.

Paradójicamente, mientras México vive uno de sus mejores momentos futbolísticos, Estados Unidos enfrenta un Mundial que no ha terminado de conquistar el corazón de su propia sociedad. La organización ha sido monumental, pero las críticas por los altos costos de boletos, hospedaje, transporte y alimentos, así como las preocupaciones derivadas de las políticas migratorias y los controles fronterizos, han impedido que la fiesta alcance el entusiasmo universal que muchos esperaban.

El dinero puede construir los Estadios más espectaculares del planeta.

Pero no puede comprar la pasión.

México volvió a demostrar que el fútbol aquí no es solamente un deporte.

Es identidad.

Es esperanza.

Es orgullo nacional.

Los gobiernos pasan, las crisis cambian de nombre y las presiones externas seguirán existiendo.

Pero mientras once mexicanos salgan a defender la camiseta con el corazón, siempre habrá un momento en que este país vuelva a sentirse invencible.

Porque el fútbol no resolvió los problemas de México.

Pero sí consiguió algo que hoy parecía imposible.

Le dio una tregua a la vida nacional.

eusebiogimeno@gmail.com