Columna de Hierro
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YAUTEPEC, MOR. 03 07 2026.- Noventa minutos bastaron para que el fútbol uniera al país. Bastaron unos cuantos segundos de violencia en Yautepec para recordarle al mundo que la otra batalla, la de la seguridad, sigue lejos de ganarse.
Mientras México celebraba un triunfo mundialista, Morelos volvía a convertirse en noticia por las balas. Ese contraste no sólo golpea la imagen del Estado; también desafía el discurso de un país que quiere presentarse al mundo como la casa de la Copa del Mundo.
Durante unas horas, millones de mexicanos dejaron de lado las diferencias políticas, las preocupaciones económicas y el debate cotidiano para abrazarse alrededor de una sola pasión.
El triunfo de la Selección frente a Ecuador volvió a demostrar que el fútbol sigue siendo capaz de unir a un país profundamente dividido.
Pero la realidad terminó imponiéndose.
Mientras las plazas, los hogares y los restaurantes celebraban la clasificación mexicana, en Yautepec un ataque armado dejó tres personas asesinadas. La noticia recorrió rápidamente los principales medios nacionales y alcanzó espacios informativos internacionales, proyectando una imagen completamente opuesta a la que México busca ofrecer al mundo como anfitrión del Mundial de 2026.

El contraste resulta inevitable.
Por un lado, el Gobierno federal impulsa la narrativa de un México hospitalario, alegre, apasionado por el fútbol y preparado para recibir a millones de visitantes. Por el otro, hechos como el ocurrido en Yautepec recuerdan que la inseguridad continúa siendo uno de los mayores desafíos del país y alimentan los cuestionamientos internacionales sobre la capacidad del Estado para contener a la delincuencia organizada.
Hasta este momento, no ha existido un pronunciamiento específico de la Presidenta Claudia Sheinbaum ni del Secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, sobre este triple homicidio. La investigación permanece en manos de las autoridades de Morelos, con la coordinación de las instancias federales, pero sin que se hayan anunciado detenciones.
Para Morelos, el impacto político es todavía más profundo.
La entidad ya venía ocupando titulares nacionales por las investigaciones contra diversos ex Alcaldes, Alcaldes y ex funcionarios relacionados con presuntos vínculos con grupos criminales. En ese contexto, el ataque de Yautepec fortalece una percepción que ningún gobierno desea: que la violencia sigue marcando la agenda pública del estado.
La opinión pública nacional difícilmente distingue si la responsabilidad corresponde al Municipio, al Estado o a la Federación. Lo que permanece es la imagen. Y esa imagen vuelve a colocar a Morelos como referente de violencia, cuando debería destacar por su riqueza histórica, cultural y turística.
El fútbol le regaló a México una tregua. Le recordó que todavía existen causas capaces de unir a los mexicanos.
Pero las balas volvieron a recordarnos que la verdadera competencia sigue siendo otra.
Porque ningún triunfo deportivo, por brillante que sea, puede borrar el dolor de las familias que pierden a un ser querido ni sustituir la obligación del Estado de garantizar seguridad.
México quiere ser recordado por organizar un Mundial extraordinario.
Morelos necesita ser recordado por haber recuperado la paz.
Ese sigue siendo el partido más importante. Y, hasta ahora, continúa sin ganarse.
eusebiogimeno@gmail.com