Columna de Hierro.

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CUERNAVACA, MOR. 14 10 2026.- Un remanso de paz, una bocanada de aire fresco en medio de la violencia, los conflictos políticos y la agitación social que sacuden a Morelos, representa la llegada del Festival Internacional Cervantino a Cuernavaca.

Una fiesta de música, danza y cultura universal que devuelve por unos días a nuestra capital el ambiente de tranquilidad y convivencia que tanta falta le hace.

Mientras en el oriente de Morelos los delincuentes incendiaban patrullas, bloqueaban carreteras y retenían a Agentes Ministeriales, en Cuernavaca se abrían los escenarios para recibir a artistas de distintas partes del mundo.

Dos caras de un mismo Estado que hoy vive entre la incertidumbre y la esperanza.

El Cervantino no es cualquier festival. Es una de las celebraciones culturales más importantes de México y América Latina.

Su historia comenzó en 1953, cuando el maestro Enrique Ruelas, de la Universidad de Guanajuato, tuvo la feliz ocurrencia de llevar a las plazas públicas los Entremeses de Miguel de Cervantes Saavedra, el inmortal autor de Don Quijote de la Mancha.

Aquellas representaciones callejeras, que acercaban el Teatro al pueblo, fueron creciendo hasta que en 1972, durante el gobierno del presidente Luis Echeverría, nació formalmente el Festival Internacional Cervantino.

Lo que comenzó como una aventura teatral universitaria terminó convertido en una celebración artística de fama internacional.

Tan sólo el año pasado reunió a más de 330 mil asistentes. En su edición número 54, que se celebra este Octubre, participan artistas de 29 países y Francia figura como invitado de honor.

Hay música, danza, ópera, teatro y espectáculos para públicos de todos los gustos.

Parte de esa fiesta llegó a Cuernavaca del 9 al 14 de octubre, mediante el Circuito Cervantino, con espectáculos gratuitos en la Plaza General Emiliano Zapata y el Teatro Ocampo.

En la producción del festival morelense participa el periodista Jesús Rosas  responsable dela producción,  quien ha trabajado en la organización de estas jornadas culturales.

La programación incluye artistas de Francia, Malí, Senegal, Gales y Portugal, además de México. Una oportunidad para escuchar otras músicas, conocer otras culturas y disfrutar espectáculos que difícilmente llegan de manera habitual a nuestros escenarios.

Y aquí conviene hacer una distinción. Reconocer el valor de una actividad cultural no significa cerrar los ojos ante los problemas del gobierno. La violencia continúa, las tensiones sociales persisten y las instituciones tienen la obligación de responder. Ningún concierto sustituye la seguridad pública.

Pero sería igualmente injusto que, por nuestras desgracias políticas, dejáramos de reconocer las cosas que enriquecen la vida de los morelenses.

Cuernavaca fue durante muchos años un lugar de encuentro para artistas, intelectuales y escritores.

Su clima, sus jardines y su historia atrajeron a personalidades de distintas nacionalidades.

Esa vocación cultural merece conservarse y fortalecerse.

Ojalá que el Cervantino no sea solamente una visita de seis días, sino un estímulo para impulsar nuevas actividades artísticas, recuperar nuestros espacios públicos y acercar la cultura a los jóvenes, que necesitan oportunidades de convivencia y creación.

Porque Morelos no puede resignarse a que sus plazas sean noticia únicamente cuando hay balaceras, protestas o enfrentamientos.

Por estos días, al menos, la música le gana espacio al ruido de las sirenas y el arte se abre paso entre las malas noticias.

Y vaya que nos hacía falta.

(Y voy por más.)

eusebiogimeno@gmail.com