Por: Rosa Chávez Cárdenas

La población se divide, entre los que salen a trabajar y los que permanecen en casa.

Para los que trabajan por internet y tienen recursos para sobrevivir sin salir de casa parece ideal, desde su celular, piden lo que necesitan, desde alimentos y un mundo de tentaciones. Para los que se quejan por no poder salir, circulan mensajes para hacerlos sentir culpables: “tus abuelos fueron a la guerra, se quedaron sin comida, no tenían internet, ni televisión, muchos ni siquiera contaba con luz eléctrica ni teléfonos y te quejas de estar en un sofá, con tu celular en la mano y recibes hasta la comida caliente”.

El distanciamiento social ha cobrado un alto precio emocional, es cierto el enfoque debe centrarse en el contagio, pero también hay efectos por permanecer encerrados.

La monotonía, la falta de estimulación social, la falta de ejercicio, la socialización y el cambio en los hábitos hasta de sueño contribuyen a que el cerebro degenere sus funciones. El estrés crónico genera más células productoras de mielina y menos neuronas de lo normal.

Lo que produce exceso de mielina y de materia blanca en algunas áreas del cerebro, lo que modifica el equilibrio y la comunicación interna. El estrés también compromete al sistema inmunológico, de tal manera que disminuye las defensas, lo vuelve más susceptible al contagio de infecciones.

Es importante controlar el estrés y la ansiedad para la salud cognitiva del cerebro, para contrarrestar practica con juegos que agilicen la mente: armar rompecabezas, tejer, bordar punto de cruz, pintar, moldear con plastilina, barro, incluso panadería.

Limita la cantidad de información, la sobrecarga perjudica la eficiencia del cerebro, lo pone en alerta, afecta en la seguridad en sí mismos y en la toma de decisiones, además disminuye el razonamiento lógico.

Para mantener el equilibrio, alimenta el cerebro con temas positivos como la música, evita las teorías de conspiración y los fallecimientos por el COVID. Hoy en día escuchamos que en todo hay algoritmos (conjunto ordenado de operaciones sistemáticas que permite hacer un cálculo y hallar la solución de un tipo de problemas) sucede algo similar en el pensamiento.

Cuando se busca un tema, por ejemplo, perros, por varios días el algoritmo mostrará perros en tus redes, lo mismo sucede en la mente. Los que siempre piensan negativo, los pesimistas, su cerebro se atrapa en más de lo mismo y deja de enfocarse en el panorama general. Los hipocondriacos y los obsesivos se enfocan en ellos mismos y sus síntomas, lo que complica sus trastornos, cuando, dirigen su energía en ayudar a los demás, reducen el estrés y mejoran en su salud mental.

Hay tantas necesidades en la pandemia y las pequeñas acciones también cuentan, como visitar a un vecino mayor que viva solo, leerle un libro, un capítulo en cada visita, comprarle sus víveres.

Depende a lo que te dediques, una maestra de música comparte videos con ejercicios para aprender a cantar, otra da clases de yoga, así circulan videos de artistas que comparten su talento. Expertos de Harvard descubrieron que las actividades que requieren destreza manual ayudan al cerebro a construir nuevas células y redes neuronales. “Leer es para la mente como el ejercicio para el cuerpo”. La lectura de ficción y la narración de cuentos mejoran la creatividad, la empatía y la inteligencia emocional. Toma un descanso de la monotonía cotidiana, cambiar de actividad mejora el estado de ánimo. Las luchas emocionales y mentales debido a COVID-19 pueden dejar trastornos como depresión, enfermedades cardiacas, cerebrovasculares, digestivas, hasta demencia.

En China después de la reclusión analizaron la angustia emocional causada por el brote, descubrieron que los que trabajaban en oficinas como acostumbraban tenían menos angustia, mejor salud mental y mayor satisfacción con la vida que los que dejaron de trabajar. Toma en cuenta, 30 minutos al día de cambio de actividad y ejercitarse son suficientes para mantenerse saludable.

rosamchavez@hotmail.com