Columna de Hierro 
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CUERNAVACA, MOR. 31 10 2026.- Cada Día de Muertos, cuando el cempasúchil perfuma los altares y sus pétalos dibujan caminos, vuelve también una historia de amor: la de Xóchitl y Huitzilin.

Desde niños subían juntos al cerro para ofrecer flores a Tonatiuh, el Sol.

Con los años, la amistad se volvió amor. Pero llegó la guerra y Huitzilin partió a defender a su pueblo. Nunca regresó.

Desconsolada, Xóchitl pidió al Sol reunirse con su amado. Tonatiuh la convirtió en una flor de color intenso.

Tiempo después, un colibrí se acercó atraído por su aroma. Al posarse sobre ella, la flor abrió sus pétalos: era Huitzilin, que había vuelto para encontrarla.

Así cuenta la leyenda el nacimiento del Cempasúchil.

Es un relato hermoso, pero conviene llamarlo por su nombre: leyenda popular, no historia confirmada por documentos prehispánicos.

Las fuentes citadas por el INPI sí registran el uso ceremonial de la flor entre los mexicas, pero no cuentan el romance de Xóchitl y Huitzilin como su origen histórico.

La flor tiene, aun así, una historia antigua. Los pueblos nahuas la usaban en ceremonias y la asociaban con el Sol.

Su nombre, Cempoalxóchitl, suele traducirse como “veinte flores”. Y la celebración actual de los difuntos reúne prácticas indígenas y católicas que cada comunidad ha hecho suyas con el paso del tiempo.

En Morelos, esa memoria salió a las calles con el Festival Miquixtli 2026, bajo el lema Caminos que nos unen.

El desfile del 30 de octubre reunió, según cifras del gobierno estatal, a mil 200 participantes ante 15 mil asistentes. La fiesta se extendió por cinco municipios y llenó plazas y recintos de comparsas, flores, música y tradición.

Quizá por eso la leyenda sigue conmoviendo: en ella caben la ausencia y la esperanza de volver a ver a quien amamos. Cada año encendemos una vela, ponemos flores y dejamos abierto el camino.

Y cuando un colibrí se acerca al altar, por un instante el corazón nos dice que alguien encontró la vuelta a casa.
( Y voy por más). 
eusebiogimeno@gmail.com