Jesús Te Ampare
x-x-x-x-x
La sucesión gubernamental en Quintana Roo, tiene a los protagonistas con los ánimos al borde de la histeria.
Las encuestas van y vienen.
Los que lideran el posicionamiento político, se sienten ya palomeados, ya ganadores,mucho antes de que aparezcan las boletas electorales.
Mara Lezama lanzó una frase que merece leerse más allá del discurso oficial:
“El cambio iniciado en el estado ya nadie lo para”.
Después agregó algo todavía más revelador: “El proyecto de transformación de la entidad no pertenece a grupos facciosos ni a vanidades individuales”.
¿A quién iba dirigido el mensaje?
Porque cuando una gobernadora advierte que el proyecto no pertenece a grupos ni a intereses personales, es porque alrededor del proyecto existen grupos, intereses y aspiraciones que comienzan a moverse.
La sucesión corre a un ritmo acelerado y nadie la detiene. Está por salir el “humo blanco” de la chimenea política de la 4T.
No formalmente. No en el calendario electoral. Pero sí en ese territorio donde realmente comienzan las sucesiones: los acuerdos, las reuniones privadas, los respaldos nacionales y la medición de fuerzas.
La designación del futuro coordinador de la Transformación se ha convertido en una pieza fundamental del tablero. Y las tensiones internas entre Morena y sus aliados explican buena parte de la cautela.
En ese escenario aparece un personaje inevitable: Jorge Emilio González Martínez, el llamado “Niño Verde”, que se ha convertido en viejo lobo de mar.
El Partido Verde ha construido durante años una estructura política particularmente poderosa en Quintana Roo. Tiene cuadros, posiciones, operadores y capacidad de negociación. Y sabe perfectamente cuánto vale su peso dentro de la coalición.
Por eso, cualquier versión sobre una eventual ruptura con Morena debe tomarse con cautela, pero tampoco puede ignorarse como elemento de presión política.
El Verde quiere jugar.
Y quiere jugar fuerte.
En medio de esa partida aparece Eugenio “Gino” Segura.
El senador se ha transformado en uno de los nombres centrales de la sucesión y es visto dentro de los círculos políticos como una figura cercana tanto al grupo gobernante como a la estructura del Verde.
Ahí está precisamente la complejidad.
Mara Lezama necesita garantizar continuidad.
El Verde quiere conservar –y eventualmente ampliar–su influencia.
Morena necesita evitar una fractura que convierta una sucesión aparentemente controlada en una batalla interna.
Y “Gino” Segura representa el punto donde esos intereses convergen.
Ya falta menos.
Y en política sucesoria, quien parece invencible demasiado temprano también comienza anticipadamente a acumular adversarios internos.
Por eso resultan particularmente interesantes las palabras de la gobernadora Mara:
“Una transformación verdadera no se detiene en una fecha. Echa raíces y sigue dando frutos durante décadas y décadas”.
No parece solamente una defensa de su administración.
También puede leerse como una definición política sobre 2027: quien llegue deberá garantizar continuidad.
Mara no está hablando únicamente de cómo quiere terminar.
Ha comenzado a definir cómo quiere que continúe.
Y ahí está la verdadera batalla.
Porque la sucesión quintanarroense no será únicamente una competencia entre aspirantes. Será una negociación entre Morena, el Verde, Palacio Nacional, las estructuras locales y los grupos económicos y políticos que inevitablemente buscarán asiento en la mesa.
El dilema para Morena es delicado.
Si permite que las disputas internas crezcan, puede poner en riesgo una plaza estratégica.
Pero si entrega exagerado espacio a sus aliados para conservar la unidad, podría terminar descubriendo que la transformación tiene colores distintos.
El Verde lo sabe.
Mara también.
Y seguramente desde Palacio Nacional observan cada movimiento.
Por ahora nadie rompe.
Nadie levanta demasiado la voz.
Nadie reconoce públicamente una batalla sucesoria.
Pero todos acomodan sus piezas.
“Gino” Segura está en el tablero.
El “Niño Verde” también.
Y Mara Lezama, lejos de ser una simple espectadora de su propia sucesión, conserva la pieza más importante: el poder político del presente.
Por eso su frase adquiere otra dimensión:
“El cambio iniciado en el estado ya nadie lo para”.
Tal vez.
La pregunta rumbo a 2027 no será solamente si continúa la transformación.
Será quién termina quedándose con ella.
Y esa historia apenas comienza.
La visita de la presidenta Sheinbaum este fin de semana a Quintana Roo, es fundamental para poner fin a las especulaciones políticas.
ceciliogarciacruz@hotmail.com