Columna de Hierro
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El 26 de julio de 1968 caminaba por las calles del Centro Histórico de la Ciudad de México. No iba como periodista. Era un joven que trabajaba entonces en una oficina y, aquella tarde, vestía traje y corbata.
Marchábamos por una razón concreta: los abusos policiacos contra los estudiantes.
Ese mismo día había otra manifestación para conmemorar el aniversario del asalto al Cuartel Moncada, el episodio que marcó el comienzo de la lucha de Fidel Castro contra Batista en Cuba.
Las dos movilizaciones terminaron encontrándose con la policía y los granaderos.
Y la ciudad se convirtió en escenario de persecuciones, golpes, piedras, vehículos incendiados y estudiantes buscando dónde protegerse. La UNAM documenta que alrededor de San Ildefonso se organizó la resistencia y que los enfrentamientos continuaron durante los días siguientes.
Yo estuve a punto de refugiarme en la Preparatoria de San Ildefonso aquella noche.
Pero preferí seguir caminando.
Quizá aquel traje y aquella corbata, porque yo trabajaba en una oficina, me ayudaron a pasar inadvertido en medio de aquella confusión.
Seguí caminando.
Y todavía recuerdo que pude haberme quedado en aquella Prepa.
Tres días después, en la madrugada del 30 de julio, el Ejército entró en San Ildefonso y derribó con un bazucazo la puerta histórica.

Por eso, cuando hoy veo el calendario y encuentro nuevamente un 26 de julio, no puedo evitar que aquella noche regrese a mi memoria.
Porque han pasado 58 años.
Y Cuba vuelve a estar en el centro de la tormenta.
CUBA: OTRA VEZ EN EL CENTRO DEL TABLERO
Este 26 de julio de 2026, mientras Cuba conmemoraba el 73 aniversario del Moncada, el presidente Miguel Díaz-Canel lanzó una acusación de enorme dimensión: afirmó que Estados Unidos ha declarado una “guerra mundial” contra los movimientos de izquierda y que Cuba está siendo colocada como una especie de “capital” del comunismo del siglo XXI
No es una declaración menor.
Washington ha intensificado las sanciones contra Cuba. Apenas el 23 de julio fueron anunciadas nuevas medidas contra nueve entidades y dos funcionarios cubanos
Y el propio La Jornada recoge algo todavía más delicado: Trump ha dicho que espera tomar la isla, después de la operación contra Venezuela y una vez concluida la guerra en Irán
Aquí es donde debemos detenernos.
Porque si esto fuera solamente un conflicto entre Washington y La Habana, el asunto sería grave, pero relativamente delimitado.
El problema es otro:
¿Y si Cuba se convierte en el punto de encuentro de todos los adversarios de Estados Unidos?
NO TODOS SON IGUALES, PERO MUCHOS PUEDEN COINCIDIR
Hay que tener cuidado con las etiquetas.
No todos los gobiernos que podemos llamar progresistas, socialdemócratas, socialistas o de izquierda son comunistas. España no es Cuba; México no es China; Brasil no es Corea del Norte.
Pero existen gobiernos, partidos y movimientos de izquierda en distintas partes del planeta que han expresado solidaridad con la isla.
En América Latina aparecen, con distintas características, México, Brasil, Colombia, Honduras, Nicaragua, Venezuela y Bolivia, mientras Cuba mantiene su sistema socialista.
En Europa encontramos fuerzas de izquierda y centroizquierda, entre ellas el PSOE español, además de partidos agrupados en la izquierda europea.
Y en Asia están los Estados de partido comunista de China, Vietnam, Laos y Corea del Norte.
Pero hay dos nombres que no podemos ignorar:
Rusia y China.
No porque Rusia sea actualmente un país socialista —no lo es—, sino porque Moscú y Pekín son potencias estratégicas rivales de Washington y mantienen relaciones con La Habana.
De hecho, Rusia y China ya han mostrado solidaridad con Cuba ante la presión estadounidense, incluyendo ayuda económica, alimentos y otros apoyos.
Putin, además, ha dicho expresamente que Cuba es un país amigo de Rusia y que los contactos entre ambos continúan.
Entonces la pregunta cambia:
¿Puede una ofensiva estadounidense contra Cuba terminar produciendo un acercamiento mayor entre Rusia, China, Corea del Norte y los gobiernos latinoamericanos que simpaticen con La Habana?
No estoy diciendo que mañana vaya a aparecer un Ejército ruso en La Habana.
Ni que China vaya a declarar una guerra contra Estados Unidos.
Eso sería especulación.
Estoy hablando de algo mucho más realista y quizá más peligroso: un frente diplomático, económico y político de resistencia a Washington.
EL FANTASMA DE LA GUERRA FRÍA
Y aquí está la paradoja.
Estados Unidos podría intentar aislar a Cuba y terminar consiguiendo exactamente lo contrario:
que Cuba deje de ser un problema bilateral y se convierta en un problema mundial.
Porque en el tablero ya están Rusia y China.
Está Corea del Norte.
Está la izquierda latinoamericana.
Están partidos y organizaciones europeas.
Y existen decenas de fuerzas políticas de distintos continentes que ya han expresado solidaridad con Cuba. Incluso la propia información cubana registra pronunciamientos de Vietnam, Rusia y grupos de izquierda europeos contra las medidas de Washington
Pero atención: no todos esos países forman un bloque.
Y tampoco todos comparten el mismo modelo político.
Lo que sí pueden compartir es una idea: que ningún país tenga derecho a decidir por sí solo el destino de los demás.
Eso es justamente lo que Díaz-Canel quiso colocar ayer sobre la mesa al hablar de colonialismo, hegemonismo y de la pretensión de que una sola nación decida el destino de todas.
Aquí es donde la historia vuelve a tocarnos.
México no es Cuba.
México tampoco es Rusia, China ni Corea del Norte.
Pero México tiene una tradición diplomática histórica de no intervención, autodeterminación de los pueblos y solución pacífica de las controversias.
Y por eso la posición mexicana será observada con lupa si la confrontación entre Washington y La Habana escala.
Porque México está geográficamente al lado de Estados Unidos.
Pero también está históricamente unido a América Latina.
Y en esa contradicción estará una de las grandes pruebas diplomáticas de nuestro país.
58 AÑOS DESPUÉS
En 1968 yo caminaba por las calles del Centro.
Vestía traje y corbata.
Pude haberme refugiado en San Ildefonso.
No lo hice.
Seguí caminando.
Después vino el Ejército, vino el bazucazo, vino la ocupación de Ciudad Universitaria y vino el 2 de octubre.
Aquella generación aprendió, a un costo terrible, que cuando la intolerancia política se convierte en fuerza, la historia puede incendiarse en cuestión de días.
Hoy no estamos en 1968.
Y sería irresponsable afirmar que estamos ante una repetición exacta.
Pero sí podemos formular una pregunta:
¿Estamos viendo el nacimiento de una nueva Guerra Fría?
Porque si Washington pretende convertir a Cuba en el primer capítulo de una ofensiva mundial contra la izquierda, puede provocar una reacción que vaya mucho más allá de La Habana.
Rusia tiene sus intereses.
China tiene los suyos.
Corea del Norte tiene los propios.
Y América Latina tiene memoria.
Una memoria que, para quienes vivimos aquel 1968, no es una lección de los libros.
Es una cicatriz.
Y quizá por eso, cada 26 de julio, cuando Cuba recuerda el Moncada, yo recuerdo aquella calle.
Recuerdo el traje.
Recuerdo la corbata.
Recuerdo la Prepa de San Ildefonso.
Y recuerdo que aquella noche estuve a punto de entrar.
No entré.
Seguí caminando.
Hoy, 58 años después, el mundo vuelve a caminar hacia una encrucijada.
Ojalá esta vez los gobiernos aprendan que las guerras comienzan muchas veces con palabras, sanciones, amenazas y provocaciones… y terminan cuando ya nadie sabe cómo detenerlas.
eusebiogimeno@gmail.com