Por: Rosa Chávez Cárdenas

La coronacrisis como en las posguerras, nos trae muchas consecuencias sociales, nos recuerda que los seres humanos somos muy vulnerables y vivimos en una sociedad siempre en riesgo.

Los efectos tienen una diferencia con otros desastres: la incertidumbre prolongada, no tenemos certeza de una fecha de finalización, hay temor generalizado, todo el tiempo nos bombardean con que viene otro brote.

La incertidumbre desencadena ansiedad y depresión, ya que las personas no saben ni cómo defenderse.

El sociólogo Ulrich Beck, afirma que la sociedad moderna pasó, de imaginar el desarrollo y la seguridad que brindaba la medicina y la tecnología, a una angustia permanente por las consecuencias que ese mismo desarrollo provocaba.

El confinamiento en el hogar, queda confuso entre las actividades laborales, escolares y sociales con el espacio privado, lo que deriva en tensiones y conflictos.

Parece que cambiar la oficina a la casa resulta lo mejor, pero no a todos les funciona, el trabajo en las redes digitales, no siempre tiene horario y para las parejas convivir todo el día con el internet en las interaccione intimas modifica el concepto de hogar.

Hay mucho estrés postraumático advierte el jefe de psiquiatría del Hospital de Houston y ven como se disparan los trastornos mentales, incluso las ideas suicidas.

Los disturbios civiles que han estallado en Estados Unidos en respuesta a la injusticia racial han agregado más tensión emocional.

La polarización social genera movimientos de protesta social en todo el planeta, como los que estamos presenciando en Estados Unidos con la muerte de Floyd por el policía que, sin empatía por su color de piel, le pone la rodilla en su cuello hasta que lo asfixia.

En Guadalajara, la muerte de un trabajador de la construcción asesinado por unos policías, un mes antes, se dispara en las redes sociales. Al protestar un personaje como el cineasta Guillermo del Toro, los ciudadanos se unieron a la protesta. Las tensiones por el confinamiento se dispararon al grado de confundir la causa. La polarización de partidos políticos se hizo presente.  Los anarquistas que siempre aparecen para desacreditar el motivo de las marchas se dejan venir y causaron destrozos en el centro de Guadalajara. La tensión social y los motivos dividen a los ciudadanos. Otra consecuencia de la pandemia es el estigma al extranjero, parece que traen la peste y a todos contagian por venir de China. Además de la micro discriminación regional.

Al incrementarse el número de muertos reinó la anarquía, los presidentes de los pueblos impusieron sus reglas como dictadores defendiendo territorio, cerraron las fronteras como muralla China, impidieron la entrada a los que venían de otras ciudades.

En Mazamitla un pueblo turístico cercano a Guadalajara, no les permiten entrar a los turistas, incluso a los propietarios de las cabañas con escrituras en mano, como en tiempos de guerra, dieron permiso para revisar sus propiedades solo es por treinta minutos. No fueron los únicos, también cerraron las playas y cualquiera que encuentran caminando por la arena es motivo de arresto.

¿Por qué permitimos tanta sumisión a las reglas? ¿Por qué perdimos tan fácil la libertad, el libre tránsito?….¡por el miedo al contagio!

La economía se fue a bancarrota y será difícil recuperarla. En el impacto de la pandemia, al no tener certeza del enemigo a combatir, nos paralizamos, perdimos la seguridad y confianza en nosotros mismos.

Mientras tanto los economistas predicen que la recuperación económica será lenta, lo que significa que la tensión financiera y la incertidumbre asociada con la crisis de salud permanecerán por algún tiempo, hasta que las personas recuperen la confianza en ellos mismos y relajen las reglas para reactivar la economía y regresen a lugares comunes como: hoteles, restaurantes, cines, teatros, y eventos masivos.

Los enemigos invisibles como virus y bacterias van a seguir conviviendo con nosotros y que quede claro, no hay vacuna para combatir el miedo. ¡Que tu medicina sea tu alimento!

rosamchavez@hotmail.com