Crónica del Movimiento
Estudiantil del 68
Por: Virgilio A. Arias Ramírez
Al iniciarse el año de 1968, en muchas partes del mundo se percibían nuevos aires de transformación social, Rusia avanzaba en su industrialización, en China había triunfado Mao Tse-tung con la ayuda de Rusia, la India en 1947 había logrado su independencia de Inglaterra bajo el liderazgo de Mahatma Gandhi y su “desobediencia civil”, varios países africanos también lograron ser libres de la tutela europea y el mundo vivía la “guerra fría”.

En México por décadas en materia económica se llamó “Desarrollo estabilizador”, esto es, que se había logrado un crecimiento económico anual del 6% del producto interno bruto (PIB) sostenido, lo que se advertía con obras de infraestructura: como carreteras, presas hidroeléctricas, electrificación rural, introducción de agua potable, parques industriales, construcción de escuelas, unidades habitacionales y se fortalecía la salud a través del ISSSTE y el Seguro Social; la producción agropecuaria encontraba gran impulso del gobierno federal; México se “daba el lujo” de exportar productos agropecuarios, el campo también progresaba con una pobreza relativa en algunas zonas del país.
En materia educativa la UNAM crecía, el IPN que fue fundado en 1936 se consolidaba como la primera institución tecnológica de nivel nacional. Al arribar al año sesenta, México observó el movimiento magisterial y ferrocarrilero; tenía una población de 48’893,607 con un considerable porcentaje en las zonas urbanas que integraban la clase media, y en estas ciudades ya accedían a la educación superior; en ese despertar creció la demanda de vestido, alimentos, calzado y una porción de ella ya traía por lo menos su “carcachita”; nos referimos a la capital del país.

Aquí llegó la influencia europea y la gringa: las damas empezaron a vestirse de pantalón o minifalda, fumaban y tomaban licor; todavía el tequila, el mezcal y la cerveza no eran consumidas en este nivel social.
El romanticismo de la Revolución Cubana envolvió a los maestros y estudiantes, los intelectuales que hicieron vida literaria y los puentes culturales fueron: Pablo Neruda, Gabriel García Márquez, Octavio Paz, Carlos Fuentes, Juan Rulfo, Julio Cortázar, y otros más que tenían presencia literaria fuera de sus países.
En la capital del país, despuntó la “Zona Rosa”, el ombligo citadino a visitar por las noches; y en el aspecto cultural surgían “caminos estéticos”, la “buena onda”, cambió de pronto el lenguaje, en los centros educativos y literarios, los Ateneos, los cursos de pintura, exposición de fotografías y modelado.

De manera destacada y afortunada surgió La Casa del Lago, ahí se reunían los impulsores del saber; llegaron también las letras mexicanas que entre otros autores fueron: Villa Urrutia, José de la Colina, Manuel Felguerez, Juan José Arreola, Alí Chumacero, Tomás Segovia, Homero Arijis, David Huerta, Sergio Mondragón, Marco Antonio Montes de Oca.
Nació “La Espiga Amotinada» en la UNAM donde participaban: Margarita Michelena, Jaime Labastida, Eraclio Zapeda, Sergio Pitol, Juan Villoro, Rosario Castellanos, Jaime Sabines; Elsa Cross, José Emilio Pacheco, José Agustín, Carlos Monsivais, Vicente Leñero, Julieta Campos; los periodistas, Renato Leduc, Gustavo Salas, Hugo Hiriart, Roger Batra, García Saldaña, Paulina Lavista, fotógrafa; las planas de Erotismo: con Juan García Ponce, y obviamente todos eran bohemios que se amanecían en cualquier lugar.
Todos ellos pulieron letras, las hicieron bellas, fue un despertar generacional, un punto de partida; había llegado de Jalisco el científico Guillermo González Camarena y creó la T.V. a color y otras modernidades de la época, pero en muchas tardeadas y madrugadas ya abundaba el licor, sin dejar de lado la mariguana.
Asiduo visitante de la “Zona rosa”, era el pretensioso dibujante y luego pintor José Luis Cuevas y se tornaron populares “Los Supermachos” y luego “Los Agachados”, del caricaturista y escritor Eduardo Humberto del Río García “Ríus” (quien falleció el 8 de agosto del 2017); a ellos los invitábamos al Politécnico y nos hacían reír a chorros, se popularizaron los Beatles y surgió la señal de “amor y paz”.

Sin percatarse, la juventud estaba viviendo su propia historia y no todos estaban conscientes de lo que ello significaba, porque la vida es una realidad que debe experimentarse; pero sí había un deseo de progreso personal, porque llegaron a la capital del país jóvenes que deseaban hacer una carrera profesional ya que en sus Estados no había Universidades, ellos eran principalmente de Sinaloa, Tamaulipas, Durango, Zacatecas, Nayarit, Michoacán, Guanajuato, Hidalgo, Guerrero, Oaxaca, Chiapas, Tabasco, Veracruz, etc.
Pero ¿cómo empezó el Movimiento del 1968
que terminó con la represión del 2 de Octubre?
En aquella tarde del 23 de julio, en la Vocacional No. 5 de Ciencias Sociales del Instituto Politécnico Nacional, ubicada frente a la Ciudadela de la Ciudad de México, ahí en esos años felices, era costumbre que los alumnos de este centro escolar visitaran a la escuela secundaria Isaac Ochoterena a platicar con jovencitas y que los estudiantes de ésta, también fueran a la “Vocacional 5” y “Voca 2” con el mismo fin. Ese día, se dio una ligera discusión entre algunos alumnos de ambos centros de estudio sin mayores consecuencias, pero alguien llamó a la policía y en respuesta llegaron varios camiones con granaderos, sus elementos descendieron y empezaron a agredir a los estudiantes, algunos corrieron para refugiarse en la escuela, pero los elementos policíacos los siguieron y entraron a los pasillos y varios maestros al interponerse también fueron golpeados.

En la enfermería de la Escuela fueron curados los heridos, el Director era el Contador Antonio L. Ross, y en reunión de la Sociedad de Alumnos, se nombró una Comisión para asistir a la Escuela Superior de Economía del mismo IPN que dirigía el Lic. José Luis López, a exponer lo acontecido y solicitar apoyo para acudir al Departamento del Distrito Federal, cuyo Jefe era el licenciado y general Alfonso Corona del Rosal; y los Jefes de la Policía: general Luis Cueto Ramírez, Raúl Mendiolea y el Comandante A. Frías pero la Comisión fue recibida hasta el día 26 y solamente logró que el Ejército y los granaderos fueran retirados del área de las escuelas del IPN.
En la reunión de 18 representantes de Escuelas, se acordó realizar una manifestación en contra de las autoridades del Departamento del Distrito Federal y ellos mismos se dieron a la tarea de visitar a otras Escuelas del Politécnico exponiendo la situación para que apoyaran y hacer presión ante las autoridades, se “mataron clases”; y el 29 de Julio se nombró otra Comisión en la Escuela de Economía encabezada por su líder Fernando Hernández Zárate, quien redactaría un “Pliego Petitorio” que contenía principalmente lo siguiente: 1) libertad a los presos políticos; 2) derogación del artículo 145 y 145 bis del Código Penal Federal; 3) desaparición del Cuerpo de Granaderos; 4) Indemnización a los estudiantes muertos desde el 23 de julio por los granaderos, 5) destitución de los Jefes Policiacos: Luis Cueto, Raúl Mendiolea y A. Frías y finalmente el 6) deslindamiento de responsabilidades de los funcionarios públicos responsables de los hechos sangrientos.
Pasaron los días y al no haber respuesta positiva, los estudiantes de las Escuelas Técnicas del Distrito Federal, la Escuela Normal, la Escuela de Agricultura “Chapingo” y Facultades de la Universidad Nacional Autónoma de México apoyaron a los politécnicos, al mismo tiempo se suspendieron las clases de nivel medio superior y superior en todos los planteles educativos de la capital. En los Estados de la República, poco se sabía de esta grave situación porque los periódicos, radio y televisión “no les parecía noticia” digna de darse a conocer.

El presidente de México era Gustavo Díaz Ordaz y el Secretario de Gobernación Luis Echeverría Álvarez, el Arq. Pedro Ramírez Vázquez fungía como Presidente del Comité Olímpico, el acontecimiento en puerta eran los Juegos Olímpicos de 1968, compromiso del gobierno de Mexicano; para ello se construyeron: la Villa Olímpica para alojar a los deportistas, el canal de Cuemanco, se adornaron diversos camellones con obras de arte alusivas de los países participantes, y muchos otros arreglos de campos deportivos, incluso en varios Estados del país se replicaron muestras de alegría por esta “fiesta deportiva”.

También en Europa hubo algunas manifestaciones de protesta en varios países. En Mayo de ese año en Francia se había dado un movimiento civil que fue negociado y todo volvió a la calma. En América del sur surgieron varios golpes de Estado promovidos por los Estados Unidos, a través de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), que como se vería después despojaron del poder al Dr. Salvador Allende, Presidente de la República de Chile; pero en México, la huelga estudiantil continuaba sin respuesta alguna de las autoridades bajo el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz, quien fue abucheado al inaugurar los Juegos Olímpicos el 12 de Octubre de ese triste año de 1968, no obstante que él había dado a la juventud, el derecho al voto a los 18 años.

La Ciudad capital estaba paralizada, los miembros de los Comités de Lucha de todas las Escuelas ya eran perseguidos por la policía del Distrito Federal y los agentes de la Secretaría de Gobernación, a tal grado que pocos portaban la credencial de estudiante porque si le era encontrada de inmediato era detenido, por “sospechoso de ser agitador”.
Muchos padres de familia de los Estados vinieron al DF para llevarse a sus hijos, al percatarse del riesgo que corrían y porque no había clases. Se dieron las primeras marchas organizadas por el Comité Nacional de Huelga” del Poli, las cuáles eran ordenadas y sin violencia de ninguna clase. Al principio solamente se gritaba en coro la salida del Jefe de la Policía y del Cuerpo de Granaderos.
Pero todo cambió drásticamente. Se complicó al darse la primera marcha dirigida por el Consejo Nacional de Huelga y la Confederación Nacional de Estudiantes Democráticos y el 26 de julio, que organizaron una manifestación de “Solidaridad con la Revolución Cubana”, y hubo represión en el área del Centro Histórico de la Ciudad de México. El 29 de Julio se había nombrado otra Comisión en la Escuela Superior de Economía encabezada por Fernando Hernández Zárate, para que redactara un “Pliego Petitorio”; pero ahora las razones iniciales del conflicto se dejaron de lado y el movimiento se politizó al participar grupos y partidos políticos de izquierda.

El 1º. de agosto el Rector de la Universidad izó la Bandera Mexicana a media asta y se considera que esto fue lo que más alarmó a las autoridades federales.
El Gobierno Federal y del Departamento del Distrito Federal, continuaban sin darle mayor importancia al movimiento aparentemente, que marcó de por vida a México del siglo XX; y surgieron otros líderes de los Comités de Lucha, los auténticos fueron: Fernando Hernández Zárate, Sócrates Amado Campos Lemus, ambos de la ESE., Raúl Álvarez Garín, Gilberto Guevara Niebla, Salvador Martínez de la Roca, Anselmo Muñoz, Tomás Cabeza de Vaca, Félix Hernández Gamundi, Fausto Romo Sánchez, Marcelino Perelló, quien falleció el 5 de agosto del 2017, Eduardo Valle “el búho”, Ana Ignacia Rodríguez “la Tita”, Roberta Avendaño, Ayax Segura Garrido, y varios más; Ayax quedó señalado como infiltrado por la Agencia Federal de Seguridad. El dirigente: Luis González de Alba, su destino decidió que falleciera precisamente el dos de Octubre pero del año 2016.
SE PODRÁ NEGAR LA REALIDAD,
PERO NO SUS CONSECUENCIAS.
Alguien dijo: “Podrás negar la realidad”, pero no las consecuencias de esa realidad. Durante el movimiento estudiantil del 1968, todo cambió, nada siguió igual: los salones de clase se convirtieron en murales con pinturas llenas de consignas, las mujeres se vistieron de pantalones y empezaron a fumar, se popularizó la palabra “pásala”, “agandalle” (sacar ventaja de algo), “prángana”, hombres y mujeres boteaban para la causa, se producía en mimeógrafo hojas informativas, en todas las Escuelas se quedaba una “guardia” con hombres y mujeres; algunos alumnos empezaron a usar y pelo largo, muchos traían la camiseta y gorra con foto del “Che” Guevara asesinado el 8 de octubre de 1967 en Bolivia, los libros más leídos eran: El Laberinto de la Soledad, El Capital, La Madre, Tabaco, Arco Iris, El Tábano; se popularizaron las “Peñas” donde cantaban versos de José Martí, de Mercedes Sosa, entre otros.
El 28 de julio se dio el bazukazo en la Prepa 2 de la UNAM, el 8 de agosto se forma el Consejo Nacional de Huelga y se realiza “la manifestación del silencio” el día 13 de agosto.

En septiembre, se dieron varios hechos: la Federación Nacional de Estudiantes Técnicos (FNET) cuyo presidente era José Cebreros fue rápidamente rebasada por ser “gobiernista”, era la organización estudiantil que representaba a los estudiantes del Politécnico; en su lugar surgió la Federación Nacional de Asociaciones de Estudiantes Técnicos (FNAET) dirigida por Héctor Magazuma de Sinaloa y Virgilio Adrián Arias de Chiapas, integrada por estudiantes de los estados inscritos en el IPN y que vivían en las Casas del Estudiante Técnico, pero esta organización estudiantil que inscribió en el IPN a miles de jóvenes para el ciclo escolar (1969), fue bloqueada debido a la intromisión en el sector estudiantil del gobierno, a través de Luis Gómez Zeta del Sindicato Nacional Ferrocarrileros y el Ing. Jorge Robledo Juárez de la Sección X del SNTE.
Heberto Castillo al tomar el micrófono en Ciudad Universitaria “da el grito”, lo que el gobierno consideró como un reto, el 18 de septiembre el Ejército toma las instalaciones de la Universidad y es cuando el Rector Barros Sierra renuncia pero no le aceptan esa decisión; el día 23 el Ejército toma el Casco de Santo Tomás (IPN); luego vendría la “Marcha del Silencio”; el gobierno decía que los huelguistas eran unos provocadores. Los sindicatos se alinearon al Gobierno Federal, el Ing. Javier Barros Sierra, como Rector de la UNAM se puso al frente de las manifestaciones; después del bazucazo en la Prepa Uno y es cuando el Rector pronuncia un fuerte discurso en contra del gobierno.

Las protestas continuaban, las brigadas de apoyo recorrían las calles, mercados, cines, repartiendo volantes, y recibiendo apoyo de las personas aparentemente indiferentes, maestros, taxistas, amas de casa, viajeros, etc.; los partidos políticos, unos estaban a favor del gobierno, pero los de izquierda, lo criticaban acremente. EL Dr. Guillermo Massieu Helguera, como director General del IPN, por depender de la Secretaría de Educación Pública no participó por ser institucional, lo mismo que el Ing. Gilberto Palacios, Director General de Chapingo, aún no era Universidad Autónoma. Se realiza la marcha del 17 de agosto al Zócalo, se prenden las luces de la Catedral y en ese mitin Sócrates Amado Campos Lemus, propone que se quede una “guardia” para exigir una respuesta a las peticiones al Presidente Díaz Ordaz; en la madrugada de ese día entra el ejército, los desaloja hubo muertos y heridos, hace cientos de detenciones, muchos manifestantes son llevados al Campo Militar número Uno y otros, a Lecumberri “El Palacio Negro”.

A estas alturas en los periódicos de la Asociación de Prensa Estudiantil Técnica continuaban con las consignas que entre otras eran: ¡Fuera bestias de las Voca 7 vocacional piloto ubica en la Plaza de las Tres Culturas y de las Prevocacionales!… ¡Caiga la tiranía!…. ¡Vivan las libertades!…. ¡Abajo la prensa venal!

Otra consigna: Soldados con bayoneta caladas, toman por asalto las vocacionales 5 y 7, violan la autonomía de la UNAM y “victoriosamente” según ellos ponen su bota militar en los recintos educativos; otra más: “¡Los soldados mexicanos no asesinan, no desmientas al poeta de la República: Guillermo Prieto!”
Terminó el mes de septiembre y llegó el fatídico Dos de Octubre. Por la mañana hubo una reunión en la casa del Rector Barros Sierra con Andrés Caso Lombardo, Jorge de la Vega Domínguez y Fernando Solana, pero no se llegó a ningún acuerdo. Esa tarde, el Consejo Nacional de Huelga programó la manifestación a las 15 horas y el último orador sería Florencio López Ozuna del Instituto Politécnico Nacional.
Se empezaron a reunir estudiantes de diversas escuelas, miembros de sindicatos “independientes”, y simpatizantes en la Plaza de la Unidad habitacional de Tlatelolco, teniendo al lado sur la Iglesia Santiago Tlatelolco, al oriente el edificio Chihuahua, al norte la Vocacional No 7 y al poniente el hoy Eje Central Lázaro Cárdenas. Un cuadrado amplio pero ”encerrado”, a ese sitio muchas personas quisieron entrar pero a las cinco de la tarde el Ejército ya no lo permitió, porque el lugar ya estaba lleno.

Desde el tercer piso del balcón de la galería abierta que sirve de acceso a los departamentos del edificio Chihuahua estaba el Foro, y desfilaron varios oradores reprobando la incomprensión del gobierno federal, pero cuando principiaba su discurso el líder de la Escuela de Economía del IPN Florencio López Ozuna, apareció sobrevolando un helicóptero y de la iglesia Santiago Tlatelolco salieron luces de bengala. Se dijo que eran los provocadores infiltrados ¿de la CIA?, y también del Batallón Olimpia y según algunos testigos, de ahí surgen los primeros disparos a la multitud y hacia los soldados; la balacera ya era en diversas direcciones, naturalmente lo que siguió fue la confusión y el pánico, la “estampida” humana corrió en diferentes direcciones, pero por todos lados encontraban soldados, quienes hay que decirlo, guiaban a las personas que corrieran al lado norte de la plaza, porque los disparos venían del sur donde también se ubicaba la Secretaría de Relaciones Exteriores.
Caían los muertos y heridos, unos queriéndose proteger en los edificios y algo reprobable y criminal: el sacerdote de la iglesia Santiago Tlatelolco mando que se cerrarán las puertas, quedando al pie de ellas, un montón de personas muertas o heridas que no encontraron el menor auxilio, al igual que en la entrada de los edificios, donde los agentes entraron tirando las puertas y penetrando a los departamentos acusando a sus residentes de estar protegiendo a “comunistas agitadores”. A las seis de esa tarde gris por la llovizna, todo era aturdimiento y llanto en la plaza de las “Tres Culturas” Unidad Tlatelolco; un verdadero desconcierto con la sirenas de la Cruz Roja y la Cruz Verde, camiones del Ejército y de la policía, en la explanada además de los muertos y heridos quedaron: zapatos, bolsas, suéteres, chamarras, paraguas, y demás objetos personales, se supo que muchos de ellos fueron llevados al Campo Militar Número Uno y otros a Lecumberri “El Palacio Negro”. Fue una ignominia criminal la matanza de personas civiles de diferentes edades. Al día siguiente la plaza amaneció “limpia, barrida y regada, sin huellas de sangre”.

Ante tan reprobables crímenes, algunos periodistas mexicanos y extranjeros cumplieron cabalmente con su responsabilidad informando verídicamente de los acontecimientos; muchos de ellos fueron despedidos de sus empleos y otros más, se volvieron activistas y terminaron en la cárcel.
En el Politécnico donde se inició el conflicto, existía la Asociación de Prensa Estudiantil Técnica que llegó a coordinar 35 periódicos estudiantiles del Poli y de los Institutos Tecnológicos del país. Su Presidente era Fausto Romo Sánchez, estudiante de la Escuela Superior de Contabilidad y Administración (ESCA) y Director del Periódico Avante, el Vicepresidente Virgilio A. Arias Ramírez-C, estudiante de la Escuela Superior de Economía (ESE), Director del Periódico El Económico; ambas escuelas ubicadas en el Casco de Santo Tomás.
Durante el movimiento, se continuaron editando los periódicos pero en forma clandestina, no era fácil conseguir el papel porque las imprentas eran permanentemente vigiladas y por lo mismo, se recurrió a los mimeógrafos y los volantes.
Estos hechos de barbarie y represión masiva, no se habían visto desde el gobierno de Porfirio Díaz Mori en Cananea, Sonora, Río Blanco, Veracruz y la Plaza de la Ciudadela en la Decena Trágica con Victoriano Huerta Márquez en febrero de 1913.
El movimiento fue “descabezado”, muchos líderes fueron a dar al “Palacio Negro”, la cárcel de Lecumberri; estaban ahí el muralista David Alfaro Siqueiros y José Revueltas que escribió El Apando. Para el 3 de octubre, nadie hablaba del movimiento era una “tensa calma”, angustias y amargos recuerdos. En principio el gobierno dijo que fueron 26 los muertos y muchos heridos, Díaz Ordaz después aceptó que murieron 40, pero la fotógrafa italiana, que también fue herida, informó que habían sido más de 300 los muertos. Claro que nada podía justificar el hecho aberrante, aunque hubiese sido un muerto.

Algunos líderes originales fueron desparecidos, otros estaban cansados o dispersos, porque eran perseguidos furiosamente; pero surgieron otros “líderes”, que sagazmente se colgaron del lamentable acontecimiento, ellos sí llegaron a ser altos funcionarios del gobierno federal: diputados, senadores; algunos de ellos todavía tienen vida política, muchos del Poli no querían saber nada del gobierno y cuando terminaron la carrera prefirieron buscar trabajo en empresas. Ya en su sexenio Luis Echeverría, se interesó en abrir espacios a la juventud, unos aceptaron pero otros no aceptaron nada que viniera del gobierno federal. Para los que ahora tienen 60 o 70 años, en muchos de ellos estos negros recuerdos aún no se borra, fueron los que por alguna feliz circunstancia, se salvaron al no involucrarse directamente en estos fatales hechos sociales.

También participaron profesores, muchos intelectuales, familiares de los estudiantes, obreros, campesinos y comerciantes. Impactó no sólo a la capital mexicana, sino a muchas entidades federativas donde sí llegó la información. El movimiento, que fue fuertemente reprimido, quería un cambio democrático, abatir la desigualdad y dar paso a un país con mayores libertades de prensa y de política. Nada fue igual, todo cambió, se abrió una nueva época y forma de vida para todo México, el legítimo Movimiento Estudiantil, sólo buscaba justicia para una vida mejor.
Tiempo después se escribieron diversas versiones del movimiento estudiantil. Por ejemplo el periódico La Jornada del 29 de enero de 2012 publicó la entrevista que le hicieron a Miguel Nazar Haro, con amplio historial en la Policía Política de la Secretaría de Gobernación, quien declaró que el embajador de los Estados Unidos en México Fulton Freeman, en esos días se entrevistó con el general Marcelino García Barragán, quien era el Secretario de la Defensa Nacional y le dijo: “dé un golpe de Estado, y tome la Presidencia” y que el General le contestó: “no voy a pasar a la historia como un traidor a la Patria”, y valientemente lo corrió de su oficina; quedó plenamente demostrado que la Agencia Especial de Inteligencia (CIA) de los Estados Unidos, participó abiertamente con sus agentes provocando disturbios para crearle problemas al gobierno y al país, como lo estaba haciendo en muchos países de América Latina.
Finalmente, se realizaron las Olimpiadas que inició el 12 de octubre, durante las cuales se rompieron varios records deportivos, los medios informativos daban singular relevancia a los resultados de la fiesta deportiva, pero en el fondo el sentimiento de la juventud y padres de familia que perdieron a sus hijos, jamás podrían borrar de su mente y el corazón las consecuencias de esa brutal represión y exceso de autoridad, y se grabó la frase que hoy, todavía se repite: “el 2 de Octubre no se olvida”.

-x-x-x-x-x-x-x-x-
*Virgilio A. Arias Ramírez -Secretario General del Club de Periodistas Primera Plana- y Vicepresidente de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística.
*Vivió sólo parte del movimiento estudiantil, siendo estudiante de Economía en el Instituto Politécnico Nacional, porque cuando el movimiento surge en el mes de Julio, él se encontraba en Europa representando al Politécnico en el IX Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes, celebrado en Sofía, Bulgaria y regresa al país a fines de Septiembre.
v.arias42@yahoo.com.mx