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En  las nubes 

Carlos Ravelo Galindo, afirma: En México residen 38.3 millones de niñas, niños y adolescentes de 0 a 17 años.

Desde 1924 en México, cada 30 de abril se conmemora el Día del Niño de acuerdo con la propuesta del entonces ministro de Educación Pública, José Vasconcelos.

¡Cómo nos hace falta!.

La Declaración de Ginebra, la número1 de ese mismo año reconoce y afirma la existencia de derechos específicos para los niños y las niñas, pero sobre todo la responsabilidad de los adultos hacia ellos.

En 1990 la Cumbre Mundial, de la que México forma parte, acordó instrumentar acciones encaminadas a:

Proteger y promover los derechos de niños y niñas a sobrevivir.

Aprender y crecer.

A desarrollarse y alcanzar su pleno potencial.

Así como ser reconocidos como sujetos de derechos.

El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) nos presenta las tres principales etapas en el desarrollo de niñas, niños y adolescentes:

Primera infancia, de los 0 a los 5 años de edad.

Edad escolar, de los 6 a los 11 años.

Y la Adolescencia, de los 12 a los 17 años.

Luego, a partir de este 30 de abril del 2019, lo bautizamos nosotros como el “Día del Niñosaurio”.

Mucho de esto, gobierno y padres, antes y ahora, lo han olvidado. Prefieren insultarse o insultarlos como adultos enajenados.

Tenemos ejemplo “clásico” con los profesores que riñen entre sí, pero se olvidan de los niños. Ante ello nuestro título de “Entre genio y locura.

Traemos a colación la primera infancia. Para hablar también de otros genios, los adultos, que a menudo se comportan de forma extraña. Vaya, niñosaurios, para llamarlos con corrección.

Echemos un vistazo a individuos que prueban que existe una delgada línea entre el genio y la locura.

Por ejemplo ¿Sabías que Víctor Hugo se rasuró la mitad de su cabello y barba para disuadirse a sí mismo de salir y no distraerse de escribir su novela?

¿O que a Charles Dickens le gustaba visitar la morgue de París?

Que Charles Darwin tenía las preferencias alimenticias más extrañas.

 Durante su viaje alrededor del mundo, no solo estudiaba la diversidad de la fauna, sino que se comía a todas las criaturas que  conocía, incluidos los insectos.

Le gustaban especialmente el armadillo y un roedor anónimo de color chocolate.

Sin embargo, no estaba muy interesado en el estofado de puma. Incluso era miembro de The Glutton Club (El Club del Glotón), en el que se reunían cada semana para discutir qué platos exóticos habían probado.

Que Abraham Lincoln, decimosexto  Presidente de los Estados Unidos solía guardar todos los documentos importantes en su famoso sombrero.

Y también decidió dejarse barba después de que una niña dijo que a todas las mujeres les encantaban las patillas.

Víctor  Hugo el escritor, por su parte,  se obligaba a concentrarse en el trabajo al utilizar algunos métodos extraños.

Había hecho que sus sirvientes se llevaran toda su ropa, de modo que no podía salir de casa.

Y cuando trabajaba en El jorobado de Notre-Dame,  se cortó la mitad de la barba y el cabello y tiró las tijeras para que no hubiera otra opción para arreglar el desaguisado, que  pasar  días encerrado  en casa.

Gabrielle Coco, Chanel,  siempre llevaba unas tijeras alrededor del cuello.

Cuando notaba  que una de sus modelos llevaba un vestido creado por otro diseñador, realizaba unos cortes en la prenda y se veía más elegante de esa manera.                                                   Para divertirse, Charles Dickens solía visitar la morgue de París.      Dijo: «Cuando estoy en París, una fuerza desconocida me hace visitar la morgue. «No quiero ir allí, pero sí voy».

El escritor también solía seguir una dieta de champán, que había sido prescrita por un médico.

Luego les platicamos de otros, igual de interesantes.

craveloygalindo@gmail.com