El 10 de octubre de cada año se celebra el Día de la Salud Mental. El objetivo es tomar conciencia y atender los problemas psicoemocionales. Es importante visibilizar los trastornos que están padeciendo los miembros de la sociedad global de la que somos parte.
El diagnóstico en edades tempranas reduce el costo financiero y en la salud futura de los individuos incluso atender a los que no encuentran la salida y atentan contra su propia vida. Los problemas sociales que estamos viviendo complican los trastornos mentales como la pandemia, la inseguridad, la violencia, los problemas económicos, la inflación, el estrés del trabajo, los conflictos familiares y el abuso sexual entre otros.
El lema para este año es “Hacer de la salud mental y el bienestar para todos una prioridad mundial” Según estadísticas de la UNICEF más del 13%de los adolescentes de 10 a 19 años padecen algún trastorno mental. La ansiedad y la depresión representan el 40% de los trastornos psicoemocionales.
Es importante estar atentos al malestar psicosocial de niños y jóvenes que perturba su vida, como sus expectativas a futuro.
Los comentarios de sus padres en temas como la insatisfacción en el gobierno, la inseguridad, la incertidumbre, y las expectativas a futuro afectan las expectativas a futuro de sus hijos.
Me comentó una adolescente “Yo no me voy a casar, ni quiero tener hijos, es muy complicado y yo no veo que sean felices” Además, y no menos importante los factores de riesgo como ser victimas de abuso sexual, el acoso escolar, el incremento de las adicciones, la soledad y la falta de comunicación en su familia, el cambio climático y el incremento de embarazo en niñas. Por ello es necesario incrementar la prevención, las campañas y el diagnóstico temprano.
Luis de ocho años bajó su rendimiento escolar, perdió el apetito y tiene trastornos de sueño desde la separación de sus padres.
Su padre los abandonó y dejó de apoyar económicamente de manera que su madre trabaja todo el día, cuando llega a casa se encarga de las tareas de la casa y preparar los alimentos, también ella está deprimida pero no se le ocurre que ella y su hijo necesitan ayuda.
Es una pena que en México es de los países en donde más se estigmatiza a las personas con enfermedades mentales.
Como nos damos cuenta las causas son variadas y tienen que ver con varios factores como el bioquímico, psicológico, social, emocional y espiritual.
La depresión, la ansiedad y los trastornos obsesivos son los que se llevan los primeros lugares.
Los síntomas en el cuerpo (somatizaciones) y esas enfermedades recurrentes son lenguajes para interpretar y tratar. En el caso del alcoholismo y las adicciones pueden tardar años en atenderse.
Los padres no quieren ver, lo que se llama «negación del lenguaje no verbal» de su hijo, su comportamiento se vuelve ingobernable, abandona la escuela, roban dinero y objetos de valor. Cuando el hijo está tan afectado y toman las medidas que debieron tomar años antes, el daño neurológico es irreversible. Es un hecho que la pandemia ha incrementado la depresión y la ansiedad y el gobierno no ha tomado las medidas necesarias para atender la salud emocional, ni a otras enfermedades.
Los médicos del Sector Salud se quejan de la falta de medicamentos.
Tere pidió consulta en el Seguro Social para atender la ansiedad que la aqueja desde que sus padres fallecieron en la pandemia, pero son tantos los afectados y tan pocos los psiquiatras que para una consulta tiene que esperar siete meses.
En cuanto a los casos leves lo recomendable es practicar ejercicio, caminar, la natación, un deporte; después de 20 minutos se elevan las endorfinas, la morfina natural la que contrarresta los químicos encargados del placer. En cuanto a los cerebros acelerados que casi todos padecemos, sobre todo los jóvenes por el estrés y la tecnología son recomendables los ejercicios de respiración y la meditación, en la red encuentran muchas técnicas. Para que no se incremente la depresión, la socialización y la comunicación son básicos. Las redes de apoyo son básicas de los profesionales de la salud mental, los terapeutas, los grupos de ayuda, los familiares y los amigos y el arte en sus manifestaciones como la música, la pintura, el baile y las actividades manuales.
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