Columna de Hierro 1ª. de 3 partes

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CUERNAVACA, Mor. 11 08 2026.- El fantasma de San Juanico vuelve a rondar Morelos

La explosión de una pipa de Gas LP en la colonia Las Granjas no puede quedar convertida simplemente en una disputa entre autoridades, empresa y vecinos.

La pregunta de fondo es mucho más seria: ¿Qué tan expuesta está la población de Cuernavaca y de Morelos ante las instalaciones que almacenan, distribuyen y transportan Gas LP dentro o cerca de las zonas urbanas?

Porque una pipa puede explotar en una calle, pero una planta gasera almacena volúmenes muchísimo mayores.

Y aquí aparece inevitablemente el recuerdo de San Juan Ixhuatepec, conocido como San Juanico, donde en 1984 una cadena de explosiones en instalaciones de Gas LP provocó una de las mayores tragedias industriales de la historia de México.

No estamos diciendo que Cuernavaca esté destinada a sufrir una tragedia semejante.

Estamos haciendo una pregunta que las autoridades tienen la obligación de responder:

¿Qué se está haciendo para evitarla?

LAS GASERAS Y LA CIUDAD

Cuernavaca y otros municipios de Morelos han crecido aceleradamente.

Lo que ayer podía ser la periferia, hoy puede encontrarse rodeado de viviendas, escuelas, comercios, iglesias, mercados y vialidades saturadas.

Y allí están las plantas de distribución de Gas LP.

Una de ellas es HidroGas, cuya instalación de Chamilpa se encuentra sobre la carretera Cuernavaca-Tepoztlán y tiene presencia en distintas localidades de Morelos.

Pero no es la única.

Tenemos que identificar una por una las instalaciones de HidroGas, Gas Modelo, Global Gas, Sonigas, Gas Express Nieto, Tomza y las demás empresas que operan en el Estado.

No mediante rumores. Mediante sus permisos.

La Comisión Nacional de Energía (CNE) mantiene registros de las actividades permisionadas relacionadas con el Gas LP, entre ellas almacenamiento, transporte, distribución y expendio.

Y allí comienza nuestra investigación.

¿CUÁNTO GAS HAY ALREDEDOR DE NOSOTROS?

Ésta será una de las preguntas centrales.

¿Cuál es la capacidad autorizada de cada planta?

¿Cuántos tanques tiene?

¿Cuántas pipas entran y salen diariamente?

¿A qué distancia se encuentran las viviendas?

¿Hay escuelas dentro de su entorno?

¿Hospitales?

¿Mercados?

¿Iglesias?

¿Centros comerciales?

¿Vialidades por las que diariamente circulan miles de vehículos?

Y una pregunta fundamental:

¿Cuándo fue inspeccionada por última vez cada instalación y qué encontraron los inspectores?

¿QUIÉN VIGILA A LOS QUE VIGILAN?

Aquí entra la responsabilidad pública.

La Comisión Nacional de Energía (CNE) tiene atribuciones federales en materia energética.

La Secretaría de Energía (SENER) participa en la política energética nacional.

La Coordinación Nacional de Protección Civil y las autoridades estatales y municipales tienen responsabilidades relacionadas con la prevención y atención de emergencias.

Y los Ayuntamientos tienen competencias en materia de uso de suelo, licencias y Protección Civil dentro de sus atribuciones.

Entonces habrá que preguntar: ¿Quién autorizó cada planta? ¿Quién autorizó su permanencia? ¿Quién la inspecciona? ¿Quién verifica que cumpla las condiciones de seguridad? Y, sobre todo: ¿Qué sucede cuando una ciudad crece alrededor de una instalación que originalmente se encontraba lejos de la población?

PERO HAY OTRA PREGUNTA

La que nos lleva directamente al origen del negocio:

¿De dónde viene el gas? ¿Quién se lo vende a HidroGas? ¿Quién abastece a Gas Modelo?

¿Quién abastece a Global Gas? ¿Quién a Sonigas? ¿Quién a Gas Express Nieto? ¿Quién a Tomza? ¿El producto proviene de Petróleos Mexicanos (Pemex)? ¿Se importa? ¿Quién lo transporta? ¿Dónde se almacena antes de llegar a Morelos?¿Y por qué rutas llegan las pipas?

La cadena completa tiene que quedar al descubierto: productor o importador → almacenamiento → transporte → planta gasera → pipa → consumidor.

Porque si queremos hablar seriamente de seguridad, no basta con mirar la pipa que explotó.

Tenemos que mirar toda la cadena.

EL FANTASMA DE SAN JUANICO

San Juanico no es una leyenda. Es una advertencia histórica.

La tragedia demostró que cuando grandes cantidades de Gas LP se concentran en instalaciones industriales y existen fallas en la seguridad, el resultado puede ser devastador.

Por eso la pregunta de hoy no es si queremos provocar miedo.

Es si hemos aprendido la lección.

¿Cuántas personas viven hoy alrededor de las instalaciones gaseras de Morelos?

¿Qué capacidad de almacenamiento existe?

¿Qué tan preparados están los cuerpos de emergencia?

¿Existen rutas de evacuación?

¿Se han realizado simulacros?

¿Los vecinos conocen qué deben hacer ante una fuga?

Y la más importante: ¿Estamos esperando otra tragedia para empezar a hacer estas preguntas?

La explosión de Las Granjas acaba de encender una luz roja, no para acusar anticipadamente a nadie. No para satanizar a las empresas gaseras. Sino para exigir algo elemental: que el derecho de las empresas a operar nunca esté por encima del derecho de la población a vivir segura.

Porque una cosa es vender Gas LP y otra muy distinta es almacenarlo y transportarlo en medio de una ciudad que no deja de crecer.

La investigación apenas comienza. Vamos a localizar las plantas. Vamos a revisar sus permisos. Vamos a saber cuánto gas pueden almacenar. Vamos a identificar quién las abastece. Vamos a conocer qué autoridades las vigilan. Y vamos a poner sobre el mapa a las familias que viven alrededor.

Porque quizá la pregunta más importante de todas no sea: ¿quién tuvo la culpa de la explosión de una pipa? si no: ¿CUÁNTO RIESGO ESTAMOS ACEPTANDO ANTES DE QUE OCURRA UNA TRAGEDIA MAYOR?

eusebiogimeno@gmail.com