x.- De Palmira al fraude electoral de 1988.

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Columna de Hierro

CUERNAVACA, MOR. 30 10 2026.- Cuernavaca conserva un recuerdo entrañable de la familia Cárdenas. Está en la Avenida Palmira, que lleva el nombre de una pequeña niña, hermana de Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, el histórico dirigente de la izquierda mexicana que falleció ayer, a los 92 años de edad.

Palmira fue la primera hija del General Lázaro Cárdenas y de doña Amalia Solórzano. Nació prematuramente el 18 de julio de 1933 y murió pocas horas después. Diez meses más tarde nació Cuauhtémoc, quien nunca pudo conocer a su hermana.

Según la tradición histórica de Cuernavaca, el General bautizó con aquel nombre su residencia de descanso, rodeada de jardines y árboles, al sur de la ciudad. El nombre sobrevivió al tiempo, hasta convertirse en uno de los lugares más conocidos de la capital morelense.

Aquella residencia no fue una casa cualquiera. Ahí pasó largas temporadas el Presidente que Nacionalizó el Petróleo y que, en marzo de 1938, discutió con el General Francisco J. Múgica la decisión que cambiaría el destino económico de México.

Aunque se cuenta que allí firmó el Decreto Petrolero, los apuntes del propio Lázaro Cárdenas precisan que la firma ocurrió en Palacio Nacional, durante la madrugada del 19 de marzo.

En 1944, la antigua propiedad fue destinada a una Escuela Normal Rural para Mujeres, donde cientos de jóvenes campesinas encontraron oportunidades de educación. Hoy el Internado Palmira funciona como Secundaria Técnica, mientras la residencia restaurada conserva su vocación cultural.

Pero el apellido Cárdenas también dejó una profunda huella política en Morelos.

En las elecciones presidenciales de 1988, Cuauhtémoc, encabezando el Frente Democrático Nacional, derrotó en nuestro Estado a Carlos Salinas de Gortari. Obtuvo el 54.5% de los votos. ¡Una verdadera sacudida al poderoso aparato electoral del PRI!

En aquella lucha participaron dirigentes sociales, campesinos y políticos morelenses. Entre ellos destacó el doctor Mario Rojas Alba, quien llegó a la Cámara de Diputados impulsado por el Movimiento Cardenista.

Cuauhtémoc también mantuvo una relación cercana con el ex gobernador Lauro Ortega Martínez, a quien años después buscó incorporar a una candidatura de la izquierda.

De aquella corriente surgieron nuevas figuras y organizaciones políticas, entre ellas el PRD morelense, donde personajes como Graco Ramírez alcanzarían posteriormente posiciones de poder.

Sin embargo, la gran batalla del Ingeniero se libró en 1988. Rompió con el PRI, desafió al presidente Miguel de la Madrid y enfrentó al candidato oficial, Carlos Salinas de Gortari.

La famosa “caída” del sistema de cómputo que manejaba Manuel Bartlett Díaz entonces Secretario de Gobernación, las denuncias de fraude y la cuestionada legitimidad de los resultados marcaron aquella elección.

Cuauhtémoc no llegó a la Presidencia.

El triunfo nacional que sus seguidores le atribuyeron nunca pudo demostrarse plenamente mediante un recuento confiable, pero aquella elección quedó como una de las mayores heridas de nuestra historia democrática.

Paradójicamente, el hombre que no pudo conquistar Los Pinos contribuyó decisivamente a romper el monopolio político del Partido que había gobernado México durante décadas.

Fue candidato presidencial tres veces, fundador del PRD y Primer Jefe de Gobierno del Distrito Federal elegido por voto popular.

Ayer murió el Ingeniero. Sus adversarios y sus seguidores podrán discutir sus aciertos y equivocaciones, pero difícilmente podrán negarle su lugar en la historia.

Y aquí, en Cuernavaca, permanece una memoria familiar que pocos conocen.

Una niña llamada Palmira, que vivió solamente unas horas, dejó su nombre en nuestra ciudad.

Su hermano Cuauhtémoc dejó el suyo en la historia política de México.

(Y voy por más).

eusebiogimeno@gmail.com