Columna de Hierro
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CUERNAVACA, MOR. O4 11 2026.- Yucatán, Jalisco y Chiapas: entre las protestas por el agua, los señalamientos sobre vínculos israelíes y la exigencia de respuestas.
En Mérida, la protesta llegó hasta una consigna de alcance nacional: “¡A romper relaciones con Israel!”.
Los manifestantes cuestionaron la posible llegada de empresas israelíes y exigieron que se hicieran públicos los convenios y vínculos relacionados con el agua.
El gobierno yucateco respondió que no mantiene contratos vigentes con las empresas señaladas. La discusión, sin embargo, no se cierra con esa respuesta: quedan por aclarar los antecedentes y los contactos que alimentaron la inquietud ciudadana.
¿Qué es lo que suena en el río? Una presencia de personas, empresas e instituciones israelíes en gestiones y proyectos relacionados con el agua, cuya naturaleza y alcance no están suficientemente claros.
En 2022, una delegación de Jalisco viajó a Israel para explorar cooperación tecnológica, incluido el tratamiento de aguas.
En Yucatán, la protesta puso bajo la lupa la participación de empresas israelíes en una exposición y los antecedentes de colaboración con ese país.

Nada de eso demuestra que Israel controle el agua ni que una firma israelí se haya quedado con el servicio.
Sí justifica exigir documentos, nombres, convenios y explicaciones.
En Jalisco, además, la crisis es palpable: agua turbia y con mal olor, colonias sin servicio y un proyecto de acueducto que abrió una discusión sobre financiamiento privado y compromisos de largo plazo.
La ciudadanía tiene derecho a saber quién participará, bajo qué condiciones y quién responderá si las obras no resuelven el problema.
La relación entre esa crisis y una supuesta entrega del agua a Israel no está acreditada; la falta de transparencia, en cambio, sí alimenta la sospecha.
En Chiapas, la alarma se encendió por otro asunto: colectivos denuncian que personas identificadas como militares o ex militares israelíes realizaron actividades en escuelas públicas. Exigen investigar quién autorizó su entrada y suspender esas actividades mientras se aclaran los controles para proteger a niñas y niños. Son señalamientos que requieren respuesta e investigación verificable, sin convertirlos en una acusación colectiva contra el pueblo israelí o la comunidad judía.
Yucatán, Jalisco y Chiapas no reclaman exactamente lo mismo. Pero en los tres lugares crece una pregunta común: ¿qué relación mantienen autoridades y actores israelíes con asuntos sensibles para las comunidades, y por qué no se ha explicado con claridad?
“Cuando el río suena, agua trae” no significa que toda sospecha esté probada. Significa que, cuando aparecen acercamientos, señalamientos y protestas, el gobierno debe aclarar qué hay detrás. La presidenta Claudia Sheinbaum y la Secretaría de Relaciones Exteriores tienen que explicar qué acuerdos siguen vigentes, qué empresas participan y qué controles existen.
La exigencia de romper relaciones con Israel se escuchó en Mérida y merece una discusión nacional. Romper con el gobierno de Benjamin Netanyahu no significa romper con su pueblo. Pero antes de pedir confianza, el gobierno mexicano debe ofrecer información.
Porque lo que suena en el río es, precisamente, una presencia poco clara en los conflictos del agua.
(Y voy por más)
eusebiogimeno@gmail.com