COLUMNA DE HIERRO.
x-x-x-x-x
CUERNAVACA, MOR. 27 06 2026.- El fútbol, el deporte que hoy paraliza ciudades enteras y hace latir más fuerte el corazón de millones de personas, tiene una historia fascinante.
Aunque desde hace más de dos mil años existieron juegos parecidos en diversas culturas, el fútbol moderno nació oficialmente en 1863, cuando The Football Association de Inglaterra estableció las primeras reglas que dieron origen al deporte tal como hoy lo conocemos.
A México llegó a finales del siglo XIX de la mano de ingenieros y trabajadores británicos que laboraban en las minas y en los ferrocarriles, especialmente en Hidalgo. De ahí surgió Club de Fútbol Pachuca, considerado el club más antiguo del país y la cuna del fútbol mexicano.

En las primeras décadas del siglo XX también destacaron equipos históricos como Club Asturias, Club España y el Club Deportivo Marte, que ayudaron a sembrar la pasión por este deporte en nuestro país.
Pero en Morelos se escribió una historia aparte. En la década de los cincuenta surgió el legendario Club Deportivo Zacatepec, orgullo de los cañaverales y de miles de aficionados que lo acompañaron con entusiasmo en sus grandes hazañas. Aquel equipo puso en alto el nombre del Estado y dejó una huella imborrable en el fútbol nacional.
Entre sus grandes figuras destacaron el extraordinario Horacio Casarín “Coruco” Díaz, cuya memoria permanece viva en el Estadio que lleva su nombre; lo mismo que el formidable guardameta Walter Ormeño y el recordado “Charro Lara” que aún despiertan admiración entre los aficionados morelenses.
Pero la historia del fútbol tiene un detalle que vale la pena recordar: antes de convertirse en un gran negocio y en un espectáculo mundial, fue simplemente un juego de barrio.
En México lo adoptaron obreros, estudiantes, campesinos y niños que improvisaban porterías con piedras o con sus propias mochilas. Así nació una pasión que ha pasado de generación en generación.
Quizá por eso, cada vez que rueda un balón en un Mundial o en una final importante, no solo se disputa un partido: se revive una parte de nuestra memoria colectiva.
Se recuerda el orgullo de un pueblo, las tardes en el Estadio, las transmisiones por radio y las alegrías compartidas en familia.
Porque, al final, el fútbol no solo se juega con los pies; se juega con la memoria. Cada gol revive la ilusión de un niño, el orgullo de un pueblo y el recuerdo de quienes hicieron de una simple pelota un motivo para soñar.
Y en Morelos, ese sentimiento seguirá teniendo un nombre que provoca nostalgia y orgullo: Zacatepec.
eusebiogimeno@gmail.com