«La comunicación contemporánea, moldeada por la inmediatez digital, pierde los rituales que alguna vez le dieron profundidad, duración y sentido», afirmó la escritora Ivette Estrada Rubio durante el acto protocolario de su ingreso Académico al Instituto Mexicano de Ciencias y Humanidades.

Sostuvo que cuando los rituales desaparecen, no solo se empobrece el lenguaje, sino que también se erosiona la vida en común.

Señaló que en tiempos actuales, donde la velocidad dicta el pulso de la vida y la palabra se reduce a un clic, un emoji o una reacción automática, “detenerse a hablar se convierte en un acto de resistencia”.

En su exposición, la autora de más de 10 libros se refirió a Byung-Chul Han, dijo que este filósofo surcoreano, ya ha advertido que habitamos una época marcada por la desaparición de los rituales, por la aceleración que deshace la comunidad y por una comunicación que ya no convoca, solo circula. Vivimos en un intercambio sin hogar simbólico, sin pausas, sin umbrales y, en este entorno, “la palabra deja de ser puente y se vuelve trámite”.

Sin embargo, aseguró que “hay quienes aún creemos que la comunicación puede ser un espacio de cuidado, presencia y memoria. Que la palabra —cuando se ejerce con intención, tono y ritmo— puede sostener vínculos, reparar fracturas y convocar comunidad. Que hablar no es solo transmitir información, sino habitar un vínculo”, puntualizó.

Ante este panorama hizo una propuesta: “pensar la comunicación ritualizada como una forma de resistencia cultural”. Aclaró que Resistir desde la profundidad y no desde la confrontación; “no desde el ruido, sino desde la duración; no desde la autopromoción narcisista, sino desde la presencia orientada al otro”.

Ivette Estrada subrayó que ritualizar la palabra implica recuperar gestos que parecían obvios: mirar, escuchar, nombrar la intención antes de hablar, abrir un umbral antes de una conversación difícil, cerrar con conciencia para que algo permanezca. Implica recordar que el cuerpo también habla, que la respiración acompasa el vínculo, que el silencio puede ser un acto de cuidado.

Ritualizar no es volver al pasado: es crear condiciones para un porvenir más humano”, aclaró.

Correspondió a Roberto Calleja, especialista en relaciones humanas, hacer la réplica académica en relación al tema expuesto por Ivette Estrada.

Juan Rulfo y su obra maestra del realismo mágico, Pedro Páramo (1955), libro que sirvió de guía a Gabriel García Márquez, quien escribió la novela “Cien Años de Soledad” (1967), según lo refiere el mismo escritor en sus memorias.

En el momento culminante de esta ceremonia, Raúl Gómez Espinoza, presidente del Instituto Mexicano de Ciencias y Humanidades, entregó el Certificado oficial y la Venera, a Ivette Estrada Rubio, lo que la acredita como miembro del Instituto.