Por: Rosa Chávez Cárdenas
La pandemia actual nos deja una sensación de desasosiego, el ambiente se siente desolador, después del confinamiento por el miedo a morir, vale la pena volver la mirada a lo que significa vivir en libertad.
Los días, encerrados en nuestras casas representan una oportunidad sui generis para replantearnos el modo de vivir en la tierra, en la casa común.
Descuidamos tanto al planeta que ahora reclama. Esta será una de las lecciones más difíciles de la historia moderna, nos tomó desprevenidos, nos mandaron a la guerra sin fusil.
La pandemia, resultó devastadora, causó el colapso del mercado de valores, un efecto dominó que afectó las Bolsas y derrumbó el precio del petróleo, situación que afectó a nuestro país. Con todo y que PEMEX se encuentra en etapa terminal el Presidente le inyecta células madre, no se hace el ánimo que ya no es el “oro negro” que tanto despilfarraron los gobiernos anteriores.
La crisis económica apenas empieza. El Covid19, resultó el virus más peligros desde la gripe H1N1 de 1918, nos ha puesto en jaque, afectó lo más valioso que tenemos: la salud.
Vimos con sorpresa y cierta incredulidad como se paralizó China, día a día nos enteramos de los enfermos y fallecidos, el virus se fue extendiendo: España, Francia, Italia, Estados Unidos, México, Perú, no hay país que esté inmunizado.
La lección es dolorosa, las precauciones tienen que continuar, si pasada la crisis no hacemos los cambios necesarios, la próxima podría ser la última crisis, ya nos dimos cuenta que ni las vacunas serán suficientes.
El planeta, lugar de residencia de millones de seres, cada uno alrededor de una burbuja de conciencia interior con su propio escenario de sonidos que se entrelazan con los otros a través de vibraciones. El cerebro constituye emisor receptor de complejidad sorprendente. Los cien mil millones de neuronas son sensibles a sucesos inaccesibles a los sentidos. Una vez que el cerebro ha incorporado como rutinas determinados programas, podemos articularlos con otras personas como el lenguaje, la imagen, sonido, el canto y otros medios.
La implicación con los demás no solo se lleva a cabo con el habla o el contacto físico, cada uno influye en la vida de los seres que nos rodean; si tenemos buenos sentimientos, se irradian y hacemos sinergia con otros.
Por el contrario, cuando embargan sentimientos negativos, las personas se alejan o se contaminan. Los occidentales miramos al exterior, inmersos en el consumismo y la permisividad, a diferencia de los orientales que las energías las enfocan a su universo interno, es lo que nos falta como rutina: meditar.
Parecía que en este periodo histórico seguiría la ascensión de occidente, en el tiempo en que el retorno a la razón, la ciencia y la tecnología se unieron, dando como fruto la construcción de la revolución tecnológica y la inteligencia artificial, el poder cambiará de manos.
La clave para un mejor equilibrio consiste en la unificación de la psique con la sociedad. Occidente se enfocó en el materialismo, en la expansión de lo industrial por todo el mundo conquistando el planeta, buscando el poder y el dominio sobre los otros, se alejaron del humanismo, la compasión, la empatía.
Así conocimos el poder del lavado de cerebro para el desarrollo del odio y el fanatismo, lo estamos viendo en la xenofobia, cualquiera que no es local lo ven como un apestado que contagia el virus. Vamos apreciando el poder del condicionamiento positivo para el desarrollo de la apertura mental, de la compasión altruista y del amor gozoso.
Quieran o no esto es una guerra viral, el enemigo microscópico ha resultado difícil de vencer, los que saldrán bien librados, no serán los mismos, mejor o peor no lo sé. Ojalá con una nueva actitud, la lección quedará para la historia, si no cambiamos es indudable que no aprendimos la lección, no encontraremos un puerto de salvación y nos hundiremos todos.
El planeta solo se está depurando, expulsa lo que le estorba; el hombre; resultó el animal más depredador de la naturaleza. No perdamos la esperanza, Viktor Frankl sobreviviente de los campos de concentración, inmerso en tanto dolor desarrolló la Logoterapia para encontrar sentido al sufrimiento y ser mejor persona “Cuando no podemos cambiar una situación, tenemos el reto de cambiarnos a nosotros mismos”.
Por el bien de todos que así sea.
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