Estamos en un momento crucial en cuanto a puestos de trabajo se refiere.
La tecnología, la inteligencia artificial y las secuelas que dejó la pandemia afectaron la relación laboral en las empresas.
Desde los puestos de trabajo más modestos hasta los altos cargos directivos lo importante no son los estudios universitarios, la infinidad de diplomas, el coeficiente intelectual, ni la pericia técnica. Lo más importante es la inteligencia emocional.
Las competencias más importantes para desarrollarse en el ámbito laboral son: autoconciencia, autoestima, autocontrol, empatía, disciplina, honestidad, habilidades para comunicar y la adaptación al cambio. Los profesionales destacan por la capacidad de trabajar en equipo y elevar la producción del grupo.
Los conflictos intergrupales resultan dañinos para el grupo de manera que el líder experto puede lograr la empatía intergrupal.
Las reglas del mundo laboral están cambiando, la pandemia influyó demasiado en esta área, no importa en el área donde estén laborando, la incertidumbre sigue en el ambiente.
Las nuevas normas pueden predecir quién será contratado, quién conservará su trabajo y el que será promovido.
Por cierto, las normas no siempre se aprenden en la universidad, regularmente los estudiantes terminan sus estudios con mucha información y poca experiencia laboral, el servicio social regularmente no tiene que ver con la experiencia académica.
Para entender como funcionamos, los centros primitivos en el cerebro albergan las habilidades necesarias para protegernos de los peligros y gobernarnos a nosotros mismos y para desarrollar las aptitudes sociales, gracias al instinto de conservación seguimos en este planeta.
El problema actual es que los peligros son muchos dentro y fuera de la casa y hasta el pensamiento se convierte en nuestro enemigo, vivimos con la alarma en alerta todo el tiempo lo que ocasiona un desgaste de hormonas y daña nuestros órganos.
En la pandemia parecía que estábamos en guerra, esperando noticias el lugar donde estaba atacando el enemigo invisible, la alarma fue de terror, la ansiedad, el miedo afectaron las defensas del sistema inmunológico de manera que muchos no pudieron resistir y los más vulnerables fallecieron.
El cerebro emocional aprende de manera diferente al cerebro pensante.
El desarrollo de la inteligencia emocional no está determinado genéticamente, constituye un proceso de aprendizaje lento, se aprende durante toda la vida a través de las experiencias.
Las personas desarrollan las aptitudes en la medida que se vuelven más capaces de manejar sus emociones y los impulsos, se motivan a sí mismos, se vuelven más tolerantes y van perfeccionando la empatía y las habilidades sociales.
La inteligencia emocional no significa ser amables, hay situaciones en las que se requiere afrontar una realidad de defensa incómoda que no puede sacarle la vuelta por más tiempo.
Se requiere capacidad para expresar los sentimientos reprimidos.
Las mujeres no son emocionalmente más inteligentes que los hombres, ni todos los hombres carecen de sentimientos como nos han hecho creer.
Cada persona posee fortalezas y debilidades de acuerdo con lo que vivió en su entorno familiar, escolar y con el temperamento desde su nacimiento. Algunos pueden ser muy empáticos, pero carecen de las habilidades necesarias para controlar la ansiedad y otros están conscientes de los mínimos cambios en su estado de ánimo.
Como está la economía en el mundo nadie tiene asegurado su puesto de trabajo, son tiempos difíciles para los trabajadores, lo que contribuye a expandir el miedo, la desconfianza y la confusión. La competencia es un hecho, son demasiado los que tienen título universitario, maestrías y doctorados y con la tecnología y la inteligencia artificial en auge se necesitan menos recursos humanos.
El éxito depende de otros factores que la mera capacidad intelectual para sobrevivir en el mundo laboral.
Se requieren otras habilidades como: iniciativa, optimismo, adaptación y creatividad.
Pero que paradoja cuanto mayor es el coeficiente CI, parece menor la inteligencia emocional.
Es increíble pero los modelos del sistema familiar, escolar y social son el principal obstáculo para su desarrollo. Ser diferente puede ser amenazante para el entorno en el que se desenvuelven.
rosamchavez@hotmail.com
Twitter: @DrRosaCh