El cielo de la Ciudad de México amaneció azul, pero conforme avanzó el día algo comenzó a cambiar. Poco a poco, las calles, los alrededores del Coloso de Santa Úrsula adquirieron un tono amarillo intenso. Era imposible no voltear. Colombia había tomado la ciudad.

Miles de aficionados emprendieron una misma ruta. Por unas horas, el corazón colombiano dejó de latir en Bogotá, Medellín o Cali. Su pulso se trasladó al sur de la capital mexicana.

Desde el silbatazo inicial, la afición cafetalera hizo su parte. Cantó, saltó y empujó a los dirigidos por Néstor Lorenzo. Sin embargo, en el terreno de juego la historia fue distinta al menos al arranque. Uzbekistán, debutante mundialista y comandado por el campeón del mundo Fabio Cannavaro, presentó al inicio un acertijo difícil de resolver.

La selección asiática cerró espacios con una línea de cinco defensores y obligó a Colombia a trabajar cada avance. Durante más de un cuarto de hora, los sudamericanos buscaron una grieta sin éxito. El primer aviso llegó al minuto 17 con un disparo de Jhon Arias que provocó un rugido prematuro en las tribunas.

Más tarde apareció Luis Díaz. El atacante colombiano recibió un pase profundo y sacó un zurdazo que estremeció el poste. El estadio se preparó para celebrar, pero el balón decidió otra cosa. El gol permaneció atrapado en la garganta de miles de aficionados.

Hasta que llegó el minuto 40.

Daniel Muñoz apareció dentro del área, y casi cayéndose, conectó el balón con la pierna derecha. La pelota terminó en las redes y entonces sí, el grito contenido durante 40 minutos encontró libertad. El Azteca tembló con una explosión amarilla.

La ventaja acompañó a Colombia al descanso, pero Uzbekistán no bajó los brazos. En la segunda mitad encontró premio tras una jugada encabezada por Eldor Shomurodov. Camilo Vargas no logró controlar el disparo y Abbosbek Fayzullaev aprovechó el rebote para empatar el encuentro con un cabezazo que silenció momentáneamente a la multitud.

El susto despertó a Colombia.

La reacción fue inmediata. Los cafeteros recuperaron la intensidad. Apenas unos minutos después, Luis Díaz apareció en el área para definir con categoría tras una asistencia de Gustavo Puerta. El 2-1 devolvió el alma al estadio y reactivó la fiesta amarilla.

Los minutos finales transcurrieron entre cánticos, nervios y sonrisas. Uzbekistán luchó hasta el final, pero Colombia administró la ventaja con inteligencia.

Para poner el último clavo en el ataúd, Jaminton Campaz cerró con broche de oro con un testarazo letal.

Cuando llegó el silbatazo definitivo, el Coloso de Santa Úrsula volvió a convertirse en territorio colombiano. La victoria no solo entregó tres puntos; también regaló una tarde inolvidable a miles de aficionados que hicieron sentir a su selección como local.

Y mientras la noche caía sobre la Ciudad de México, el amarillo seguía brillando. Colombia sufrió, respondió al desafío y se instaló como líder del Grupo K tras el empate entre Portugal y República Democrática del Congo. Una victoria un poco sufrida, pero celebrada y cantada por todo un pueblo lejos de casa, pero muy cerca de su corazón.