Hoy, al igual que hace 500 años, Colima se encuentra bañada en sangre y los motivos son muy similares: la ambición, el saqueo, la traición, la mentira, la criminalidad dantesca que derramó la sangre de miles de mexicanos, ante la llegada española, aunado a los ocasionados por la imposición de la fé católica, y ahora, las muertes a manos del crimen organizado y la propagación del fanatismo de una deidad política y su partido.

No se puede ocultar la realidad que sufre un pueblo, cuando los pies se humedecen con sangre, pareciera que la justificación de los conquistadores cuando Fray Bernardino de Sahagún en 1520 culpaba las pestes “que mandaba Dios” a los irreverentes, es similar a la justificación que hace el gobierno del Estado para deslindarse de la responsabilidad de la violencia en nuestras calles, una similitud histórica importante, culpar cualquiera otra cosa, sin asumir su parte.

La pestilencia llegó a México por barco por consecuencia de los ibéricos, que ni españoles eran, sino una mezcolanza de genes que ya habían derrotado a los nativos de ese continente subyugados a la corona, y así mismo, la pandemia llegó con López Obrador, permitiendo que atracara un barco con enfermos de Covid ¿otra coincidencia?

La transformación en esa época fue tan forzada como la actual, de los casi 11 millones de indígenas que habitaban el país, de acuerdo a las investigaciones de la doctora Gisela Von Wobeser, llegaron a quedar solo un millón 500 mil, curándose en salud los invasores que culparon a la Viruela, el Sarampión y la Salmonela de esas muertes. Las enfermedades existieron verídicamente y morían en 500, 600, 700, mil indios diarios como lo explica a sus correligionarios dominicos Fray Diego de Betanzos en la carta enviada el 11 de septiembre de 1545, sin describir cuantos asesinaban al día. Hoy el sistema de salud está colapsado, “las vacunas piloto” para combatir el Covid presuntamente están ocasionando más enfermedades y muertes que la propia pandemia y las cifras de muertos de manos del crimen organizado tampoco están reportadas como en ese entonces.

La celeridad que se dio en el mestizaje obligado al que los indios repudiaban de acuerdo a sus usos y costumbres, iban acompañados de violaciones a las mujeres por los europeos y africanos para generar la raza criolla que hoy caracteriza a nuestro país. Hoy se refleja en la diversidad partidista, una multiplicidad de colores sin ideología pero que aglutina “seguidores” comprados que van sin saber, en una secuencia psicológica profunda obedeciendo patrones genéticos desde el siglo XVII acatando las disposiciones del conquistador con sus características primordiales: sumisión y obediencia sin cortapisas.

La traición de los tlaxcaltecas a sus orígenes para aliarse a los ibéricos con la intención sacudirse de encima a los aztecas y conquistar la gran Tenochtitlán, so promesa de cederles el tan ambicionado poder obtenido de sus rivales, fue el mentiroso artífice para lograr la conquista y sumar guerreros a sus tropas ya diezmadas, y que al sorprenderse de su inmensa riqueza, los hicieron de lado para ellos gobernar absolutamente. ¿Le suena a algo actual similar? ¿No salieron los morenistas del PRI, y sus aliados fueron precisamente quienes querían derrocar el sistema? La historia se repite.

El ensoberbecimiento del poder, les dio la facultad de decidir a quién destruir o matar en caso de que no rindiera tributo. Las mañaneras son el púlpito de estas decisiones que exhiben con saña, a todo aquel que se contrapone a las ideas del Presidente AMLO a los que a través del sistema hacendario y con los archivos individuales al alcance, disponen de arruinar a quien deseen por oposición política o por capricho como lo hace con Xóchitl Gálvez. ¿Esa herencia es la que debemos conmemorar?
La fuerza del estado no está en la sintonía de hacer su función de proteger a la ciudadanía, sino como hace 500 años, de generar miedo a la población, que así como los grupos divergentes –hoy los cárteles- se dispersaron en su momento luego de aprender que la muerte y la destrucción les entregaría el tesoro de a donde fueran, las migajas que le enviaron a la corona, fueron como los espejitos con los que encandilaron a los indios y los elevaron a nivel de Dios. Los españoles por su parte, le cantan y le bailan a sus héroes que los sacaron del hambre; nunca fueron conquistadores, solo son una sarta de asesinos, ladrones y violadores de mujeres mexicanas, que destruyeron culturas completas y ahora hacen alharaca de sus crímenes lesa humanidad.

México no debe conmemorar la tragedia que fue el arribo de los españoles que solo vinieron a inculcar la muerte como salvación, el sacrificio para ganar una gloria, y que a través del fanatismo impulsado por la fuerza rompió con las creencias naturales y el vínculo de la humanidad con una fuerza superior. La mal llamada conquista nos trajo degradación genética, individual, cultural y social, la cuarta transformación lo mismo.
La administración pública en Colima lleva casi mil 500 muertes en año y medio, la federal más de 150 mil en 4 años, el saqueo y aprovechamiento de los recursos públicos sin discreción alguna, muerte y hurto son los bastiones de quienes nos gobiernan, igual que en la conquista. Colima está bañada en sangre, miedo y muerte, y el resto del país también. ¿Tenemos algo que conmemorar?