
Por: Cecilio García Cruz
Jesús Te Ampare……
Don Miguel de Cervantes y Saavedra, conocido como “El Manco de Lepanto”, personaje rubio y castaño, está considerado la máxima figura de la literatura española.
Es universalmente identificado por haber escrito la novela “El ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha”, una de las obras más editadas y traducidas de la historia, después de la Biblia.
En una ocasión, Cervantes y Saavedra, escribió a su lazarillo Sancho Panza:
“Compruebo con pesar, como los palacios son ocupados por gañanes y las chozas por sabios. Nunca fui defensor de los reyes, pero peores son los que engañan al pueblo con trucos y mentiras, prometiendo lo que saben que nunca les darán. País este, amado Sancho, que destrona reyes y corona piratas, pensando que el oro del rey será repartido entre el pueblo, sin saber que los piratas solo reparten entre piratas”.
El mensaje llama la atención porque se refleja y acomoda en el espejo de este siglo. Esta es la historia.
El emperador, perdido en el embuste y el autoritarismo, se aposenta en el palco principal del Coso Romano. Extiende su mano derecha hacia el frente y con su pulgar hacia arriba o para abajo, pretende juzgar a tres expresidentes mexicanos.
Los señala de corruptos e instruye una consulta pública.
¿Será que Salinas, Calderón y Peña cometieron el mismo delito?
¿La Fiscalía posee evidencias contundentes para juzgarlos?
¿Acaso los delitos ya prescribieron?
Si así va a funcionar la justicia de la Cuatroté, estamos ante un escenario de un ¡Sálvese quien pueda!
Como CALÍGULA (Cayo Julio César Augusto Germánico), considerado el más cruel de los emperadores romanos, así el todopoderoso de MORENA, ha dejado una ola de inseguridad, feminicidios, masacres, asaltos, una criminalidad rampante, una violencia generalizada que tiene al pueblo contra pared y temeroso; sin empleo, hundido en la depresión.

Hay que sumar a ese escenario patético los cerca de 70 mil decesos producto de la pandemia que asfixia al universo.
El México bronco despierta para hacerse justicia por su propia mano. El pandillerismo se apodera nuevamente de las calles.
Pero los dueños del poder omnímodo ven un país distinto, el de las maravillas. Ellos mismos, sin recato ni reparo, aplauden sus propias mentiras; y ellos mismos sueltan que es el mejor gobierno de todos los tiempos.
Al desaire lo llaman arrogancia y sostienen –con arrogancia supina e insolente—“que su administración no será recordada por corrupta y que su principal legado será purificar la vida pública de México”.
Calígula cometió una cascada de errores políticos y económicos (fastuosas obras que dejaron exangües las arcas), que arrastró a Roma y a sus hijos a la escasez y hambruna.
Pero a grandes males, peores remedios. El emperador, de escasos 25 años, fortaleció los onerosos espectáculos circenses y teatrales por los que siempre deliró… pidió limosna a la plebe como quien pasa el cepillo en las iglesias o ruega colectas para los desesperados.
Los historiadores narran que su maldad y crueldad infinitas, a la luz de la medicina moderna, se debía a tres posibles causas: encefalitis, epilepsia o hipertiroidismo. Sin embargo, Calígula definió su demencia con una palabra inventada: adiatrepsia, y la describió como “la desfachatez que nos permite imponer por la fuerza hasta el más salvaje de nuestros deseos”.
Audaz y megalómano, se presentaba ante el pueblo como un Dios de ese cariz, con caprichos funambulescos: en su caso, la devoción por su caballo “Incitatus”, al que otorgó dos cargos políticos en el Senado: Cónsul y Sacerdote.
Para fortuna de la plebe, su reinado duró solo cuatro años. En ese lapso se ganó el repudio de la plebe.
El espectáculo circense de la Cuatroté se arma y el dedo pulgar del emperador está listo para subir…o bajar.
ceciligarciacruz@hotmail.com