Columna de Hierro
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CUERNAVACA, MOR. 14 08 2026.- No podemos afirmar que cada empujón haya sido deliberadamente provocado como parte de un plan; eso sería especulación. Pero la narrativa política sí está perfectamente definida.

“Alito” lleva meses construyendo el personaje del opositor perseguido: denuncia en Estados Unidos el supuesto autoritarismo de Morena, habla de narco gobierno y de censura, y ahora tiene enfrente un proceso de Desafuero que podría reactivarse en septiembre.

Y después del pleito de ayer, el propio “Alito” salió a respaldar a Gutiérrez Mancilla y a decir que «ya nos cansamos del diálogo».

Es decir: cada confrontación le permite reforzar el argumento de «el régimen quiere callarnos».

Pero Morena también está cayendo en la trampa.

Aquí está, para mí, el ángulo fuerte.

Si Morena responde a cada provocación con otra provocación, el PRI consigue exactamente lo que necesita: que la discusión deje de ser sobre las acusaciones contra “Alito” y pase a ser sobre el supuesto autoritarismo de Morena.

Y eso puede ser electoralmente peligroso.
Porque una cosa es decir: «Alito enfrenta acusaciones que deben investigarse» y otra muy distinta es que la fotografía que quede en la opinión pública sea: «Morena quiere quitarle el Fuero a su principal opositor.»

¿Hasta dónde puede escalar este asunto?

Yo veo tres niveles.

Primero: la guerra verbal.
Ya estamos ahí: «narco gobierno», «corruptos», «autoritarios», «traidores», «porros», etcétera.
Segundo: la confrontación física.

Eso ya ocurrió ayer. Y es el punto verdaderamente preocupante: cuando el Congreso sustituye el debate parlamentario por empujones e insultos, el costo institucional lo pagan todos.

La judicialización política.
Aquí está el verdadero peligro: desafuero, denuncias penales, sanciones parlamentarias y acusaciones cruzadas.

Si esta tercera etapa se mezcla con la violencia física, la temperatura puede subir muchísimo de aquí a septiembre.

¿El pleito afecta directamente el Desafuero de “Alito”?

Jurídicamente, no debería.
El Desafuero no puede convertirse en una sanción automática por una pelea política. El expediente que enfrenta Moreno está relacionado con acusaciones de enriquecimiento ilícito y desvío de recursos durante su gestión como gobernador de Campeche; el procedimiento está detenido por el receso legislativo y podría reactivarse en septiembre.

Pero políticamente sí puede modificar el ambiente.

Si Morena impulsa el Desafuero inmediatamente después de una nueva confrontación, el PRI tendrá un argumento propagandístico muy sencillo: «Primero nos provocan, después nos golpean políticamente y finalmente quieren quitarle el Fuero a nuestro dirigente.»

Aunque jurídicamente sean asuntos distintos, electoralmente pueden ser empaquetados como una sola historia.

Y ahí está el riesgo para Morena.
¿Quién puede ganar con esta guerra en 2027?
Aquí viene lo interesante: no necesariamente gana el PRI.

Hoy los números nacionales siguen favoreciendo a Morena. Una encuesta de Buendía & Márquez publicada por El Universal a finales de julio colocó a Morena en 39% para la Cámara de Diputados, frente a 11% del PAN, 10% del PRI y 9% de MC.

Pero hay una segunda lectura: La oposición fragmentada difícilmente puede derrotar a Morena.

En cambio, diversas mediciones muestran que cuando PAN, PRI y MC aparecen sumados, la competencia puede estrecharse considerablemente. Incluso hay análisis que proyectan un escenario opositor competitivo hacia 2030 si esas fuerzas logran construir una candidatura común.

Por eso, paradójicamente, Alito puede estar utilizando la confrontación no sólo para defenderse personalmente, sino para intentar convertirse en uno de los principales rostros de la oposición.

Y eso explica sus llamados insistentes a construir un bloque opositor para 2027.

Pero aquí hay una enorme contradicción para el PRI porque necesita victimizarse para sobrevivir, pero “Alito” es también uno de los personajes que más rechazo genera hacia el propio PRI.

Es una paradoja formidable.
Si Morena lo persigue demasiado, puede convertirlo en mártir. Pero si Morena lo deja tranquilo, “Alito” puede seguir denunciando al gobierno y tratando de construir una oposición alrededor suyo.

Morena tiene que decidir qué le conviene más: combatir al personaje o dejar que se desgaste solo.

Y el PRI enfrenta exactamente la paradoja contraria: ¿“Alito” es el salvador del PRI o el último obstáculo para que el PRI pueda reinventarse?

¿Y en 2030?
2027 puede no decidir quién gobernará México en 2030, pero sí puede decidir quién tendrá derecho a competir realmente por 2030.
Si Morena llega a 2027 con una oposición dividida, puede salir fortalecida.

Si la oposición consigue utilizar casos como el desafuero de “Alito” para construir un discurso común de «contrapeso, libertades y alternancia», el escenario de 2030 cambia.

Pero hay una condición: la oposición tendrá que ofrecer algo más que odio a Morena.

Porque decir «Morena es corrupto y autoritario» puede movilizar al anti-Morena.

No necesariamente puede convencer al ciudadano que está decepcionado de todos.
Y ésa es precisamente la batalla que empieza a librarse ahora.

Mi conclusión: lo de ayer no es todavía una crisis institucional, pero sí es una señal de alarma.

La confrontación PRI-Morena puede convertirse en una guerra de narrativas rumbo a 2027: Morena intentará presentar a “Alito” como símbolo de corrupción e impunidad; “Alito” intentará presentarse como símbolo de persecución y resistencia democrática.

Y si ambos siguen subiendo el volumen, el Desafuero puede convertirse en el gran episodio electoral de 2026-2027, mucho más allá de la situación juridica. eusebiogimeno@gmail.com