Columna de Hierro
x-x-x-x-x
CUERNAVACA MOR. 2907 2026.- Hay momentos en que una noticia no llega para cerrar una historia, sino para abrirla.
Y lo que está ocurriendo en Morelos tiene todos los ingredientes de una de esas historias que todavía no terminamos de comprender.
Durante semanas hemos hablado de homicidios, estadísticas, ejecuciones y de la diferencia entre bajar los muertos y conseguir la paz.
Pero hoy hay que cambiar la pregunta.
¿Y si Morelos no fuera solamente escenario de la violencia del narcotráfico, sino también territorio estratégico para su negocio?
La pregunta adquiere otra dimensión cuando miramos hacia el oriente.
Cuautla.
Atlatlahucan.
Yecapixtla.
Temoac.
Municipios que aparecen, por distintas razones, dentro de las investigaciones y detenciones de la llamada Operación Enjambre.

Y aquí aparece el dato que debería obligarnos a mirar mucho más lejos.
Más de 85 funcionarios y ex funcionarios han sido detenidos dentro de esta operación, entre ellos 7 Presidentes Municipales en funciones.
No estamos hablando entonces solamente de delincuentes escondidos en una colonia.
Estamos hablando de la posible penetración de estructuras criminales en el corazón mismo de los gobiernos municipales.
Y eso cambia todo.
Porque un Cártel que compra una calle tiene una célula criminal.
Pero un Cártel que consigue penetrar una Alcaldía puede tener algo muchísimo más valioso: información, protección, permisos, policías, rutas, territorio y capacidad de saber quién entra y quién sale.
Y entonces aparece la pregunta que hasta ahora no hemos formulado con suficiente fuerza:
¿Para qué necesitaba el crimen organizado penetrar las Alcaldías de Morelos?
La respuesta podría estar en el territorio.
Porque la zona oriente del Estado no es un rincón aislado del mapa.
Cuautla está conectada directamente con Amecameca y Chalco y, desde ahí, con el enorme corredor urbano del Valle de México.
Es una puerta natural hacia la Ciudad de México.
Y una investigación periodística ya ha colocado sobre la mesa una hipótesis inquietante: Morelos se habría consolidado como una ruta estratégica de armas y Fentanilo hacia la capital del país.
Si eso es así, entonces debemos dejar de mirar cada municipio como un problema independiente.
Cuautla por un lado,Yecapixtla por otro, Atlatlahucan por otro y Temoac como otro caso. Pero no…Hay que comenzar a mirar el mapa completo porque quizá estemos ante una sola geografía criminal: una ruta, un corredor, una cadena y en esa cadena, las Alcaldías podrían no ser el objetivo final.
Podrían ser el enclave.
Ahí está la verdadera pregunta de esta columna:
¿Las organizaciones criminales infiltraron gobiernos municipales para controlar territorios utilizados en la cadena del Fentanilo?
No estamos diciendo que cada funcionario detenido tenga relación con el tráfico de Fentanilo. Eso corresponde probarlo a las Fiscalías.
Estamos diciendo algo diferente:
Si el crimen organizado penetró gobiernos municipales en una región que, de acuerdo con investigaciones periodísticas, forma parte de rutas de droga hacia la capital, entonces esa conexión debe investigarse hasta sus últimas consecuencias.
Porque el Fentanilo no aparece mágicamente en las calles.
Existe una cadena, precursores químicos, producción, laboratorios, almacenamiento, transporte, protección, distribución y finalmente, mercados.
Y si México está en medio de esa cadena, Morelos puede estar mucho más cerca del centro del problema de lo que hemos imaginado.
Aquí es donde el caso chino adquiere otra dimensión.
Los precursores químicos procedentes de Asia, la producción clandestina en México y el mercado estadounidense forman una cadena internacional que ya provocó acusaciones formales de Washington contra empresas químicas establecidas en China.
Pero nosotros no vamos a convertir una sospecha en sentencia.
No necesitamos hacerlo.
La realidad ya es suficientemente grave.
Lo que necesitamos es preguntar:
¿Quién recibe los precursores?
¿Dónde se procesan?
¿Dónde se almacenan?
¿Quién protege los laboratorios?
¿Quién controla las carreteras?
¿Quién permite que determinadas cargas atraviesen determinados municipios?
¿Quién avisa cuando llega un operativo?
Y, sobre todo:
¿Qué funcionarios municipales fueron utilizados para proteger esa cadena criminal?
Porque entonces la Operación Enjambre adquiere una dimensión completamente distinta.
Ya no sería solamente una operación para detener funcionarios corruptos.
Podría convertirse en la llave para descubrir cómo funciona una parte de la infraestructura territorial del narcotráfico.
Y por eso resulta tan significativo que Omar García Harfuch diga que van por más.
Que vayan.
Que no se detengan en los Alcaldes.
Que sigan con los ex Alcaldes.
Con los funcionarios.
Con los policías.
Con los empresarios.
Con los prestanombres.
Con las cuentas.
Con las propiedades.
Con las rutas.
Y con el dinero.
Porque detener al funcionario es apenas una parte de la historia.
Hay que descubrir quién lo puso ahí, cuánto le pagó y qué debía proteger.
Y aquí me viene a la memoria una de nuestras columnas anteriores.
Nosotros pedimos que se investigaran las 36 Alcaldías de Morelos para encontrar a los padrinos y a los ejecutores de la narco-corrupción.
¿Nos leyeron?
¿Nos hicieron caso?
¿O simplemente llegamos al mismo punto por caminos diferentes?
No lo sabemos. Y tampoco importa mucho.
Lo importante es que la realidad parece estar empujando en la misma dirección.
Primero fueron las estadísticas.
Después las ejecuciones.
Luego las investigaciones.
Después los Alcaldes detenidos.
Ahora aparecen las rutas.
Y finalmente aparece una sustancia que ha cambiado la dimensión internacional del narcotráfico: el Fentanilo.
Por eso esta vez no queremos otra estadística.
Queremos respuestas.
Queremos saber si las Alcaldías fueron infiltradas para extorsionar comerciantes, controlar policías y enriquecerse.
O si, además, fueron utilizadas para garantizar el control territorial de rutas de drogas.
Y si en esas rutas está el Fntanilo, entonces Morelos podría estar ocupando un lugar estratégico en una guerra criminal que ya no es solamente mexicana.
Porque del otro lado de la frontera está Estados Unidos.
Y detrás de la producción están los precursores.
Y detrás de ellos existe una cadena internacional.
Esto ya no es solamente un problema de seguridad pública.
Es un problema de Seguridad Nacional.
Y quizá también de Seguridad Continental.
Por eso, después de más de 85 detenidos, la pregunta ya no puede ser: ¿Cuántos funcionarios faltan por detener?
La pregunta verdadera es: ¿A quién o a quienes estaba protegiendo la red política que el crimen construyó dentro de las Alcaldías de Morelos?
Porque si las autoridades ya encontraron a los funcionarios infiltrados…..ahora tienen que encontrar el negocio que los infiltró.
Y si ese negocio conduce al Fentanilo…..entonces apenas estaremos comenzando a descubrir el verdadero tamaño del problema.
eusebiogimeno@gmail.com