En el Metro, en las calles, en algún café o en un puesto; cualquier lugar es un punto de reunión para las decenas de contingentes de diversas organizaciones de mujeres, grupos de amigas y familias. Todas y todos se unen a la que se ha vuelto la marcha más importante y significativa del año: el 8M, en el marco del Día Internacional de la Mujer. Todas y todos, porque también hay hombres que apoyan y se solidarizan con las mujeres de su entorno.

Ellos entienden la lucha, salen a marchar y, en una sola voz, buscan visibilizar la violencia estructural, institucional, económica, sexual y digital que aún viven las mujeres. Al mismo tiempo, se exige justicia por los derechos violentados de tantas que han sido víctimas, de las que siguen desaparecidas y de aquellas que regresaron en un féretro.

Al grito de “¡No que no, sí que sí, ya volvimos a salir!”, miles de mujeres parten de diversos puntos como el Monumento a la Revolución, el Monumento a la Madre, el Ángel de la Independencia, la Glorieta de la Diana Cazadora y la más concurrida: la rebautizada Glorieta de las Mujeres que Luchan (antes Glorieta a Colón). Todas se unen en una sola voz de exigencia a las autoridades.

Con la advertencia “¡Alerta, alerta, alerta que camina, la lucha feminista por América Latina!”, y al unísono de “¡Y tiemblen, y tiemblen, y tiemblen los machistas, que América Latina será toda feminista!”, diversos colectivos como Lentes Púrpura A.C., Colectiva Feminista Justicieras Radicales, Colectivo Transcontingenta, así como el Movimiento de Personas con Discapacidad, entre otros, avanzan sobre Paseo de la Reforma hacia un solo destino: el Zócalo capitalino.