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A lo largo de la historia profetas, intelectuales y la psicología han definido a la felicidad como el bien supremo.

En la antigua Grecia Epicuro el filósofo, afirmaba que adorar a los dioses era una pérdida de tiempo y recomendaba no esperar la vida eterna después de la muerte.

También afirmó que la felicidad es el único propósito en la vida. En la antigüedad rechazaron el Epicureísmo.

Pero que sorpresa, hoy en día el tema de la felicidad se ha convertido en un tema necesario, incluso algunas universidades tienen la licenciatura en “Psicología de la Felicidad”.

Pero hay muchas causas para que la gente se sienta desgraciada: la economía está en crisis, la atención a la salud es muy deficiente, la pérdida de confianza en el gobierno se agrava día con día, la violencia, la inseguridad y los efectos del cambio climático.

Parecen utopía las declaraciones del filósofo inglés Jeremy Bentham “el único objetivo digno del Estado, el mercado y la comunidad científica es aumentar la felicidad global”, aseguró. “Los políticos deben fomentar la paz, los hombres de negocios promover la prosperidad y los sabios estudiar la naturaleza para poder gozar de una vida más feliz”.
En el siglo XIX y XX los países medían su éxito por el tamaño del territorio, sus conquistas, el crecimiento de la población y el aumento del PIB, sin importar la felicidad de sus ciudadanos.

Las naciones industrializadas como Japón, Alemania y Francia implementaron sistemas de salud, educación y prestaciones sociales centradas en fortalecer la nación. El objetivo de las escuelas fue producir ciudadanos con ciertas habilidades y obediencia para que sirvieran a sus fines.

La felicidad choca con el techo de cristal que no permite crecer a pesar de los logros de la vida moderna. A pesar de que se tienen controladas varias enfermedades, y hubiera paz mundial, no se podrá romper el techo de cristal.

Conseguir la felicidad para todos no es tarea fácil. El techo de cristal de la felicidad se mantiene sustentado en dos fuertes columnas: la psicológica y la biológica.
En la psicológica la felicidad depende de expectativas, en cuanto se cumplen de nuevo se disparan deseando algo mejor. Estamos inmersos en la cultura de la inmediatez, la permisividad y el consumismo.

En cuanto a lo biológico, las expectativas están determinadas por la bioquímica. La gente se vuelve feliz por las sensaciones placenteras de su cuerpo y se vuelve infeliz por las sensaciones desagradables.

Perder su empleo a un ser querido puede desencadenar la depresión, sentir la depresión es una sensación corporal desagradable.

El enojo es una sensación de calor y tensión en el cuerpo, lo que hace que el enojo se tan desesperante, incluso algunos comentan “ardo de rabia”. El cerebro para no perder el equilibrio canaliza las emociones en somatizaciones: diarrea, gastritis alergia, dolor de garganta, gripe, etc.

Durante años el sistema bioquímico se adaptó a los cambios, la reproducción y la supervivencia, la felicidad no ha sido prioridad. La mala noticia es que las sensaciones placenteras desaparecen rápidamente, incluso el enamoramiento, no es permanente. Otro ejemplo son los niños en edad escolar, sufren de estrés por la presión del Sistema, los maestros se quejan de la falta de atención.

El problema no solo es los niños distraídos de hoy en día, es el Sistema, el método educativo está anticuado. Pero qué paradoja, la búsqueda de la felicidad es la causa número uno de las adicciones.

El narcotráfico es la causa de tanta criminalidad. Las personas beben alcohol para olvidar, fuman marihuana para tranquilizarse, consumen cocaína y metanfetaminas para sentirse poderosos y un porcentaje alto toma medicamentos psiquiátricos para la depresión, la ansiedad y para controlar cualquier sensación en su cuerpo.

El país de Bután ha llamado la atención porque le dan más importancia a la felicidad nacional bruta FNB que al PIB. En resumen, la felicidad son sensaciones agradables de corta duración, no tienen que ver con el materialismo en el que estamos atrapados sino con sensaciones internas que nos proporcionan los sentidos.
Twitter @DrRosaCh
rosamchavez@hotmail.com