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Jesús Te Ampare

El Tapado está destapado. El Gran Manipulador le quitó el manto protector.

Resultó ser una corcholata color guinda con un logotipo que representa la “igualdad sin jerarquías”.

Fue el propio presidente AMLO quien decidió erradicar la “práctica insana y antidemocrática del tapadismo”.

“Ya no queremos que haya tapados ni tapadas”, expresó.

Cada presidente tiene su estilo personal de gobernar y operar al final de su mandato, el proceso selectivo de la sucesión.

Don Daniel Cosío Villegas sustentaba que hay dos etapas para ejecutar esta estrategia: una oculta y otra pública. Esta segunda se inicia con la proclamación del candidato, y concluye cuando éste, ya elegido, se apropia del sillón presidencial. 

No se sabe cuándo comienza la primera etapa, que se ha llamado, pintoresca y acertadamente, El Tapado. 

Su característica política es que el antecesor fabricaba a su sucesor sin que éste hiciera absolutamente nada. Incluso ni saberlo.

Eran los tiempos de oro del PRI. Hoy día, hay un cambio radical en las formas.

Desde el pódium de la mañanera, el que dice todo lo que piensa, se regocija con su juego “destapador” grotesco, evidente y frívolo. 

Tilda de “corcholatas” a quienes encarta para sucederlo, y éstos, sumisos e imperturbables, soportan los epítetos.

Mi “corcholata” favorita será la que el pueblo quiera, suelta el tabasqueño con su lógica autoritaria.

Mientras, sigue en campaña permanente con actidudes caprichosas, absolutistas, casi dictatoriales.

Y aunque vocifera con verdadero alarido que ya no habrá “dedazos”, arroja al pueblo sabio –sin seguir ningún proceso democrático–, el nombre del tapón metálico consentido.

Hablando de destapes (auténticos dedazos), el destacado jurista, político y autor de libros, Everardo Moreno Cruz, narra con ingenio y picardía en su libro Indiscreciones y Remembranzas, aspectos particulares de la clase política que vivió por más de 50 años en la cúpula del PRI y en el gobierno:

“Después de haber comido en Los Pinos con el presidente Adolfo López Mateos, (Don Gustavo) Díaz Ordaz llegó a su domicilio. Subió a descansar a su recámara. Su esposa Guadalupe –comentó en ese tiempo—fue a ver si el licenciado estaba bien TAPADO. Cuando entró, Díaz Ordaz que no se había dormido, expresó: ¿Qué pasa? Y ella le dijo: vine a ver si estabas bien tapado. Entonces él soltó una carcajada, se incorporó de la cama y le pidió a su esposa que se sentara a su lado; la abrazó y le dijo: “vieja, mañana me destapan. Quiero que comamos con los hijos y decirles que su padre va a ser presidente de México”.

Hoy el “dedazo con el índice” fue mañanero y contundente.

La “corcholata” viste y calza diferente.

Ya siente el poder de la silla enloquecedora.

Al fin y al cabo, todo queda entre famiglia.

Si subsiste la arbitraria terquedad del monarca, será por afectos y sentimientos personales, más no por intereses de la nación. En tanto, prevalece la lucha interna de los “corcholatos”, por si acaso tropieza con sus chanclas cuatroteístas, quien despacha frente al zócalo capitalino.

ceciliogarciacruz@hotmail.com