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“Cupido, rey del amor, dime porqué me maltratas. No pareces buen pastor, pues que tus ovejas matas”. (El Cupido, copla).

¿Rey del amor? Ya no, nuestros científicos lo acribillaron para suplirlo con sustancias químicas neurotransmisoras y aún más; hombres y mujeres de ciencia descubrieron que esos amores apasionados, motivo de inspiración, desveladas, llantos, fuertes latidos del corazón, sudor frio en las manos, entre otras penalidades, pueden enviarnos directo al panteón o la cremación, pues los humanos estamos condenados a morir de amor si vivimos más de 30 meses ciegamente enamorados.  

Ay estos científicos no conformes con mostrarnos una luna fría y gris, de superficie rocosa, privada de todo componente romántico, desde finales del  siglo pasado  demostraron que para sentirse enamorado basta ingerir dopamina o feniletilamina. ¿Qué les parece?

Enterada de tal noticia no concebía la veracidad de tal información, hasta que empezaron a circular libros con este tema, como: “La Anatomía del Amor” de Helen  Fisher, antropóloga de la Universidad de Rutgers.

La autora publicó este libro, después de años de trabajar junto con Arthur Aron y Lucy Brown, en la  resonancia nuclear magnética, de diferentes  zonas del cerebro, cuando las  personas están enamoradas.

Otra investigación de  la siquiatra Donatella Marazziti, de la  launiversidad de Pisa,  detecta  similitudes entre el estado de enamoramiento y el Síndrome Obsesivo Compulsivo (SOC). Trastorno psiquiátrico  que  comparte algunas conductas comunes con las personas  enamoradas.

Mientras, Donald Klein y Michael Leibowitz echan  por tierra  que  la atracción eufórica y pasional de los enamorados se prolongara “hasta que la muerte los separe”.

Esto es imposible según la profesora Cindy Hazan, de la Universidad de Cornell en Nueva York, porque “los seres humanos solo  estamos biológicamente programados para sentirnos apasionados entre 18 y 30 meses”, tiempo de vida suficiente para que la pareja se conozca, copule y procree. 

El sistema de circuitos estimulantes del cerebro para el vínculo macho-hembra solo  permanece activo, en una pareja, hasta que completan sus  tareas de crianza.  Así la realidad del  amor en nuestro Planeta donde todo está sabiamente calculado por la madre naturaleza.