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Por Ángel Álvaro Peña

angelalvarop@hotmail.com

Alma Grande

La mente de un Presidente de la República debe estar ocupada en situaciones serias, trascendentes, importantes, a pesar de que algunos reporteros le pregunten hasta por la razón de que no usa cubrebocas.

La visión de un mandatario debería batear o canalizar a las instancias correspondientes los temas que no están a la altura de su investidura, pero en su afán de que nada se le vaya de su control llega a excesos imperdonables, como es el caso de hablar sobre la moral del candidato de Morena a la gubernatura de Guerrero, Félix Salgado Macedonio, quien es acusado de delitos sexuales, que día tras día aumentan en su contra.

En el formato de inscripción como candidato se exige que digan si han sido relacionados con delitos sexuales, y la hoja de inscripción debe tener validez porque se basa en la confianza que el precandidato tiene; sin embargo, hay voces que aseguran que ha cometido delitos sexuales en reiteradas ocasiones y, ante la simple sospecha, la posibilidad de convertirse en candidato debe anularse.

Si el asunto se aclara implica una investigación que lleva más tiempo del necesario para que Félix Salgado Macedonio se pueda inscribir, de tal suerte que, ante la sospecha, por ligera que ésta sea, debe dar media vuelta, aclarar el caso y abandonar de inmediato sus pretensiones políticas.

Pero esto no sucedió, se le ungió a Félix Salgado como candidato y ante la inconformidad social provocada por este nombramiento, la pregunta llegó hasta la conferencia matutina del presidente de la República, y el presidente defendió a Félix Salgado y hasta le envió respetos a esta persona.

Retomar un tema prácticamente policiaco, si bien tiene su propio canal para aclararlo, no puede ser tratado por el presidente de la República. La conducta delictiva de Salgado no es un problema del Presidente, sino del Poder Judicial. Hay separación de Poderes en una verdadera democracia, y un adjetivo en favor o en contra del presunto implicado puede interpretarse como una injerencia en el otro poder que se usó por mucho tiempo, pero en la 4T debe ser imperdonable.

El Presidente debió rehuir la pregunta, pero no lo hizo, prefirió hacer una defensa que puede costarle muy caro políticamente.

Los argumentos que avalan la inocencia de Salgado son débiles, el primero, que sus acusaciones fueron fechadas en 2007, con un gobernador perredista y un presidente panista, y sobre todo una serie de investigadores de la policía estatal que pertenecían al PRI. Es decir, Salgado se siente exonerado porque hubo funcionarios públicos de tres partidos que le dieron largas al caso hasta convertirlo en un delito que ya prescribió.

Pero para convertirse en candidato no se vale que los delitos cometidos hayan prescrito, deben tener un historial limpio, químicamente puro y la verdad es que Salgado no lo tiene.

Por otra parte, el 5 de febrero Basilia “N.”, quien acusó de violación sexual al candidato de Morena al gobierno de Guerrero, Félix Salgado Macedonio, señaló que las instancias de justicia del partido han simulado revisar su denuncia y han encubierto al aspirante.

La militante morenista compareció ante la Comisión Nacional de Honestidad y Justicia, pero señaló que no estuvo presente ningún integrante de dicho órgano jurisdiccional, sino que fueron enviados trabajadores administrativos que tomaron su declaración como si se tratara de un trámite más.

Se señala que dicha Comisión acusa al aspirante de aprovechar su situación jerárquica para cometer actos de violencia física, sexual y psicológica.

“Las presuntas víctimas fueron agredidas al amparo de este poder, estando ellas en una situación de vulnerabilidad. El hoy denunciado es un Senador de la República con licencia y ha sido anunciado por nuestro propio Instituto (Morena) como candidato a gobernador; incluso la investigación de violación de la FGE de Guerrero, citada previamente, versa sobre el caso de una trabajadora, lo que implica uso sistemático de la jerarquía que posee para presuntamente realizar actos denigrantes, violentos, violatorios a derechos humanos y contrarios a todos nuestros documentos básicos”, indica el expediente de la CNHJ.

A López Obrador se le olvidó que es el Presidente de todos los mexicanos y prefirió defender a su compañero de partido.

Ante la defensa a ultranza del presidente de la República, ¿qué autoridad pudiera atreverse a castigar a Salgado Macedonio?

Nadie, del partido que sea, debe ser candidato a ningún puesto de elección popular si tiene una sospecha de haber cometido un delito sexual. Y Salgado tiene varias acusaciones, tantas que lo que le resta de vida no le alcanzaría para aclararlas.

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