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Por: Virgilio A. Arias Ramírez- C*.

(El escritor francés Romain Rolland, refiriéndose a la obra: “Así se templó el acero”, del ruso Nikolái Ostrovski, dijo: “La suprema creación del arte de la época de la Revolución, son los hombres engendrados por ella”).

El dicho popular de que los verdaderos hijos de la Patria surgen cuando ésta más lo necesita; es como el pueblo mexicano se inició la Revolución de 1910 la cual sería la primera del siglo XX, con 15 millones de habitantes, del cual el 70% era rural y de ella el 72% no sabía leer; cuando la tierra estaba concentrada en pocas manos al grado que un terrateniente de Morelos decía con sarcasmo; “Si quieren sembrar que siembren en maceta”.

La Revolución Mexicana, fue un movimiento social y nacional en el que se involucró casi la población entera de aquel entonces. Si bien es cierto que se expulsó a Díaz el tirano, quien usaba la frase con sus detractores: ”Destierro, encierro o entierro”.

Una revolución lo cambia todo y la situación era desesperante, porque no había derecho de huelga, las muestras fueron la masacre de Cananea, en Sonora en 1906 y la de Río Blando, en Orizaba, Ver. en 1907, donde los obreros trabajaban 12 horas diarias; y al no haber libertades sociales mínimas, llegó el despertar de una conciencia revolucionaria colectiva.

Si recordamos, esta Revolución fue la primera del siglo XX que transformó la vida social de todo México, que había soportado más de tres décadas el férreo yugo del dictador Porfirio Díaz Mori (1830-1915).

En 1910 vio la luz un libro que habría de ser la semilla de una Revolución, su título: “La Sucesión Presidencial”, su autor: Francisco I. Madero (1873-1913) quien nació en Parras, Coahuila, realizó sus primeros estudios en Saltillo pero los superiores los hizo en Estados Unidos y Paris, Francia.

Madero selló la frase: “Sufragio Efectivo; No Reelección”, con la que cayó Porfirio Díaz, quien la había convertido en: “Sufragio efectivo no; Reelección”.

Madero siendo opositor a Díaz propagó su lema y acción a través de los clubes Antirreeleccionistas y se aferró al derecho de la libertad de expresión, con el apoyo de muchos periodistas, campesinos “sin tierra”, entre otros los hermanos Flores Magón y los hermanos Serdán.

El 18 de noviembre de 1910 los hermanos Serdán, se enfrentaron en la casa donde habitaban en la Ciudad de Puebla, con las fuerzas militares del Estado y fueron sacrificados.

Sabemos que durante la Revolución Mexicana, participaron muchas mujeres de diferentes clases sociales empezando con la “Adelitas”, pero aquí recordaremos a dos de esas valientes mexicanas: Carmen Serdán que junto con sus hermanos Aquiles y Máximo empuñaron las armas. Ellos murieron y ella fue encarcelada muchos años y al quedar libre trabajó de enfermera.

Hermila Galindo, nació en Gómez Palacio, Dgo. era profesora y periodista, pasada la Revolución fue secretaria de Venustiano Carranza; luchó para que se concediera el voto a la mujer pero esa propuesta no se incluyó en la Constitución de 1917, justa aspiración que llegó hasta 1953 con el gobierno de Ruiz Cortines; hoy estas dos mexicanas aparecen al lado de Madero en el nuevo billete de mil pesos mexicanos.

Madero había programado que el movimiento estallara el 20 de noviembre a las seis de la tarde, pero hay quienes consideramos qué si el sacrificio de los hermanos Serdán fue el día 18, esa debería ser la fecha a celebrarse y no el día 20.

En fin, los afanes de Madero y su grupo se cumplieron el 10 de mayo de 1911, cuando el general Francisco Villa apoyado por Pascual Orozco, Peppino Garibaldi y José de Jesús Branco toman Ciudad Juárez.

A la caída de Díaz, se considera que Madero y los revolucionarios cometieron fundamentalmente dos errores: Uno, permitir que el interinato lo cubriera Francisco León de la Barra, un queretano porfirista y Dos, licenciar las fuerzas revolucionarias del país que le habían dado el triunfo. Esta condición “conciliadora” el general Emiliano Zapata Salazar no la aceptó y siguió combatiendo a las fuerzas federales.

Al triunfar en las elecciones en noviembre de 1911, toma posesión de la Presidencia de la República, Francisco I. Madero y José María Pino Suarez como Vicepresidente; y decide democratizar la vida política empezando por suprimir las subvenciones a los periódicos de la Capital. Desde luego, los periodistas y los dueños de los Diarios aumentaron las críticas, incluso el mismo creador de la “Catrina” José Guadalupe Posada, quien también fue crítico de Zapata.

Madero sella la expresión: “Al conquistar nuestras libertades hemos conquistado una nueva arma…esa arma es el voto”; pero Emiliano Zapata promulga el Plan de Ayala, demostrando la inconformidad y necesidad de los “campesinos sin tierra” que seguirían luchado por ella hasta la muerte de su líder.

Madero, que fue el primer presidente mexicano que voló en avión 11 minutos por los campos de Balbuena, en sus quince meses de gobierno, enfrentó cuatro sublevaciones: Emiliano Zapata hasta su muerte; Bernardo Reyes (1849-1913); Pascual Orozco (1882-1915) y la de Félix Díaz (1868-1945) pero no contaba con que el 18 de febrero Victoriano Huerta lo traicionaría arteramente, por lo que al día siguiente Madero se ve forzado a presentar su renuncia.

Manuel Márquez Sterling, embajador de Cuba, le escuchó decir: “Un presidente electo por cinco años derrocado a los quince meses, sólo de quejarse de sí mismo. La causa es ésta, y así la historia, si es justa, lo dirá: no supo sostenerse”.

Recordemos algo muy importante: durante solamente una década llegaron al Palacio Nacional diez presidentes (1911-1920); ellos fueron: Francisco I. Madero, Pedro Lascuráin Paredes (45 minutos), Victoriano Huerta, Francisco S. Carbajal, Eulalio Gutiérrez, Roque González Garza, Francisco Lagos Cházaro, Venustiano Carranza; siguen como presidentes: Adolfo de la Huerta y Álvaro Obregón; sin que ninguno lograra ejercer una autoridad equilibrada, para lograr una pacificación de los grupos regionales armados y la solución de los problemas de la población civil; por ello Adolfo de la Huerta, debe ser reconocido como el hombre civil que sostuvo el poder durante seis meses, pero buscando el interés general del pueblo, respetando la dignidad humana y consolidando el interés de la Patria.

LA DECENA TRÁGICA.

El 9 de febrero DE 1913 comienza la Decena Trágica y los generales Manuel Mondragón (1859-1932) y Félix Díaz se refugian en La Ciudadela. El día 18 Huerta traiciona a Madero y se une al movimiento, asumiendo el poder civil y militar; el día 19  Lascurain, quien a su vez designa a Victoriano Huerta Secretario de Gobernación e inmediatamente deja el poder a los 45 minutos conforme al plan, y automáticamente Victoriano Huerta ocupa la Presidencia de la República.

El día 22 Madero y Pino Suárez, son asesinados al ser “trasladados a la penitenciaría”, la otra versión es que fueron ejecutados en las caballerizas del Palacio Nacional; éste supuesto puede ser cierto porque Huerta al sentenciar a alguien, siempre decía: ”¡Qué Dios guarde a usted!“. Cuando supo que habían liberado a Francisco Villa fue a ver a Pino Suárez y le dijo “señor Vicepresidente: el Ministro de Guerra me acaba de comunicar que Villa ha sido puesto en libertad para asesinarme: vengo a dar a Usted las gracias y hacerle saber que si alguna vez alguien piensa colgarlo a usted y al señor Presidente, puede tener la seguridad que han de saberlo como 24 horas antes que suceda”, y así fue, o sea que se los advirtió. (Contreras Tirado, México 2002)

Victoriano Huerta, fue el último militar que alcanza la Presidencia de la Republica vía el asesinato, mediante el “Pacto de la Embajada” donde se reunían el Embajador norteamericano, Victoriano Huerta, Manuel Mondragón, Félix Díaz y Aureliano Blanquet (1849-1918) . El  formó parte del pelotón que fusiló en Querétaro al archiduque Maximiliano y era amigo del doctor Aureliano Urrutia; el Embajador era Henry Lane Wilson, quien como castigo por esta complicidad fue destituido por su gobierno acusado de “traición y perfidia, asalto y asesinato de un gobierno”.

En estas reuniones se convino lo siguiente: Primero, “desde este momento, se da por inexistente y desconocido el Poder Ejecutivo que funcionaba”. Segundo, “a la mayor brevedad se procurará solucionar en los mejores términos legales posibles la situación existente y los señores Félix Díaz y Victoriano Huerta pondrán todos sus empeños a efecto de que el segundo asuma antes de 72 horas la Presidencia Provisional o Constitucional”. 

Para acallar las voces de protesta con Huerta, se dan a diario los asesinatos. El mártir doctor Belisario Domínguez (1863-1913), el día 7 de octubre fue secuestrado del hotel Jardín ubicado en el hoy Eje Lázaro Cárdenas de la Ciudad de México y llevado al panteón de Coyoacán, en el barrio de Xoco, cerca de la calle donde el doctor Aureliano Urrutia tenía su lujosa clínica. Se asegura que él fue quien le cercenó la lengua, por haber publicado el discurso en la Cámara de Senadores reclamando a Victoriano Huerta, estar ensangrentando al país con su Golpe de Estado y reprimiendo las voces que clamaban libertad.

Y le siguen varios periodistas y personajes como: Gustavo A. Madero, Adolfo G. Gurrión, Néstor Monroy, Alfredo Campos Martínez, Pablo Castañón, Mariano Duque, Carlos Villa, Miguel Cervantes Carrillo, Daniel Hubert, Serapio Rendón, etc. Y los extranjeros: José Solón Arguello, Rogelio Fernández Güell, entre otros.

Finalmente, las fuerzas revolucionarias representadas por Álvaro Obregón y Lucio Blanco y los representantes del gobierno federal: Lauro Villar, Gustavo Salas y José R. Velazco,  firman los Tratados  de Teoloyucan, población del Estado de México, cuya Cláusula Primera establece: ”… las fuerzas federales dejarán la plaza de México distribuyéndose en las poblaciones a lo largo del ferrocarril de México a Puebla y ahí esperarán a los enviados del Ejército Constitucionalista a los que entregarán las armas”.

Se desterró al dictador Huerta, pero surgieron las luchas internas por el poder, hasta que llegó Venustiano Carranza con el Plan de Guadalupe; aunque el Varón de Cuatro Ciénegas se le reconocen grandes méritos como fueron entre otros: la Constitución del 17 y la Ley del 6 de enero de 1915 redactada por el abogado poblano Luis Cabrera Lobato (1876-1954). Sin embargo, y como ninguna Revolución es del todo transparente, se le atribuyen a Carranza las muertes siguientes: Del agrónomo Alberto García Granados quien fue fusilado el 7 de octubre de 1915, Emiliano Zapata muerto a traición en Chinameca, Mor. el 10 de abril de 1919 y la del exdirector del Colegio Militar, general Felipe Ángeles Ramírez el 26 de noviembre de 1919 en el estado de Chihuahua, quien como testamento político dijo durante su juicio: “Mi muerte hará más bien a la causa democrática que todas las gestiones de mi vida. La sangre de los mártires fecundiza las buenas causas”.

Y todavía después, vendrían más asesinatos también por traiciones: Venustiano Carranza 1920, en Tlaxcalaltongo, Pue; Francisco Villa en 1923 en Parral, Chih.; Francisco Roque Serrano y Carlos A. Vidal 1927 en Huitzilac, Mor.; y en la Ciudad de México, Miguel Agustín Pro 1927; Álvaro Obregón en 1928, en la Bombilla y su asesino José de León Toral 1929.

Años después Vasconcelos sentenció: “Si las circunstancias no obedecieron el impulso redentor que a la Patria imprimía Madero, peor para todos nosotros y tanto mayor parece la gloria. Y todavía cuando México se decida rectificar sus pavorosos yerros, tendrá que tomar el hilo de la Patria-regeneración en el punto en que lo dejó Madero”

(*Secretario General del Club Primera Plana y Vicepresidente de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística).