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Carlos Ravelo Galindo, afirma:

Sí cumplimos con escribir de gente culta:

De tanto perder aprendí a ganar; de tanto llorar se me dibujó la sonrisa que tengo. 

Conozco tanto el piso que sólo miro el cielo.

Toqué tantas veces fondo que, cada vez que bajo, ya sé que mañana subiré. 

Me asombro tanto como es el ser humano, que aprendí a ser yo mismo.

Tuve que sentir la soledad para aprender a estar conmigo mismo y saber que soy buena compañía. 

Son algunas frases del español-argentino Jorge Luis Borges, a quien recordamos con otras:

“Las heridas fuertes nunca se borran de tu corazón, pero siempre hay alguien realmente a dispuesto a sanarlas con la ayuda de Dios.

Camina de la mano de Dios, todo mejora siempre.

Y no te esfuerces demasiado que las mejores cosas de la vida suceden cuando menos te las esperas.

No las busques, ellas te buscan”. 

Borges se ha convertido en uno de los autores fundamentales del siglo XX, y uno de los más reputados escritores de relatos breves.                 

Supo dar a éstos una dimensión atemporal, a caballo entre la ficción y la no ficción, que inició un nuevo estilo.                                                           

Si bien la poesía fue uno de los fundamentos de su quehacer literario, el ensayo y la narrativa fueron los géneros que le reportaron el reconocimiento universal.

Jorge Francisco Isidoro Luis Borges Acevedo nació el 24 de agosto de 1899, en la calle Tucumán 840, pero su infancia transcurrió al norte de su casa natal, en la calle Serrano 2135 del barrio de Palermo.

Era hijo de Jorge Guillermo Borges, un abogado y profesor de psicología con aspiraciones literarias y de Leonor Acevedo Suárez, uruguaya, traductora.

 En su casa se hablaba en español e inglés, así que desde su niñez Borges fue bilingüe, y aprendió a leer inglés antes que castellano, a los cuatro años.

Estudió primaria en Palermo y tuvo una institutriz inglesa.

En 1914 su padre se jubiló por problemas de visión, y la familia se trasladó a Europa.

Para refugiarse de la Primera Guerra Mundial se establecieron en Ginebra, donde el joven Borges estudió francés y cursó el bachillerato en el Lycée Jean Clavin.

Tras la Primera Guerra Mundial la familia Borges pasó tres años en Lugano, Barcelona, Mallorca, Sevilla y Madrid y participó del movimiento literario ultraísta que luego encabezaría en Argentina. Colaboró en esta época en las revistas Ultra, Grecia, Cervantes, Hélices y Cosmópolis.

El 4 de marzo de 1921, la familia embarcó en el puerto de Barcelona en el Reina Victoria Eugenia rumbo a Buenos Aires.

En Buenos Aires publicó en la revista Cosmópolis, fundó la revista mural Prisma (de la que sólo se publicaron dos números) y también publicó en Nosotros, dirigida por Alfredo Bianchi.

En 1946 Juan Domingo Perón fue elegido presidente, y venció así a la Unión Democrática.

Borges se declaró abiertamente antiperonista.

Dictó conferencias en la Universidad de Montevideo, donde apareció su ensayo Aspectos de la literatura gauchesca.

Tras la derrota de Perón fue nombrado director de la Biblioteca Nacional, cargo que ocupó durante dieciocho años y fue elegido miembro de la Academia Argentina de Letras.

Tras varios accidentes y algunas operaciones en 1955 se quedó ciego por la enfermedad congénita que había dejado también sin visión a su padre.

En 1956 fue nombrado catedrático en la Universidad de Buenos Aires y recibió un doctorado honoris causa de la Universidad de Cuyo.

En 1961 compartió con Samuel Beckett el Premio Internacional de Literatura otorgado por el Congreso Internacional de Editores en Formentor, Mallorca.

 Este importante galardón le dio el espaldarazo internacional y le ofreció la posibilidad de ser traducido a numerosos idiomas.

El 21 de septiembre de 1967 Borges se casó con Elsa Astete Millán, el matrimonio duró tres años.

En 1971 fue nombrado doctor honoris causa por la Universidad de Columbia, Nueva York. En abril viajó a Londres, y la Universidad de Oxford le confirió el título de doctor honoris causa como Doctor en Letras.

En 1975 falleció su madre a los noventa y nueve años. Y María Kodama se convirtió en secretaria y acompañante de sus viajes, se casaron finalmente el 26 de abril de 1986.

En 1977 recibió el título de doctor honoris causa por la Universidad de La Sorbona.

1979 fue un año de homenajes: la Academia Francesa lo distinguió con una medalla de oro. Recibió la Orden al Mérito de la República Federal Alemana y la Cruz Islandesa del Halcón en el grado de Comendador con estrella. Se le hizo un homenaje nacional en el Teatro Cervantes, con motivo de cumplir los ochenta años. Viajó con María Kodama a Japón.
En 1983 visitó España por última vez para recibir la Gran Cruz de Alfonso X el Sabio y participó en los cursos de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo.

En París, el presidente Mitterrand le hizo entrega de la Legión de Honor.

Fueron los últimos años de viajes ya que a finales de enero de 1986 fue internado en el Hospital Cantonal de Ginebra. El 14 de junio murió en Ginebra.

Fue enterrado el cementerio de Plainpalais.

Leamos otras ofrendas:

Intenté ayudar tantas veces a los demás, que aprendí a que me pidieran ayuda. 

Traté siempre que todo fuese perfecto y comprendí que realmente todo es tan imperfecto como debe ser (incluyéndome). 

Hago sólo lo que debo, de la mejor forma que puedo y los demás que hagan lo que quieran. 

Vi tantos perros correr sin sentido, que aprendí a ser tortuga y apreciar el recorrido. 

Aprendí que en esta vida nada es seguro, sólo la muerte… por eso disfruto el momento y lo que tengo. 

Aprendí que nadie me pertenece, y aprendí que estarán conmigo el tiempo que quieran y deban estar, y quien realmente está interesado en mí me lo hará saber a cada momento y contra lo que sea. 

Que la verdadera amistad si existe, pero no es fácil encontrarla. 
Que quien te ama te lo demostrará siempre sin necesidad de que se lo pidas. 

Que ser fiel no es una obligación sino un verdadero placer cuando el amor es el dueño de ti.

Eso es vivir. … La vida es bella con su ir y venir, con sus sabores y sinsabores… aprendí a vivir y disfrutar cada detalle, aprendí de los errores, pero no vivo pensando en ellos, pues siempre suelen ser un recuerdo amargo que te impide seguir adelante, pues, hay errores irremediables. 

Lo mejor está por venir” 

craveloygalindo@gmail.com