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Por: Cecilio García Cruz

Jesús Te Ampare 

Soy y y seré siempre profundo admirador del inigualable comediante británico, Charles Spencer, mejor conocido como “Charlie” Chaplin, que revolucionó al mundo a través del cine mudo.

Tan fue así que cuando el célebre Albert Einstein lo conoció, le expresó: “lo que más admiro de su arte es que usted no dice una sola palabra y, sin embargo, todo mundo le entiende”.

De bote pronto, Chaplin le respondió: “cierto, pero su gloria es aún mayor; el mundo entero lo admira cuando nadie entiende una palabra de lo que dice”.

Dos genios frente a frente.

Dos talentos con diferentes virtudes y debilidades.

Chaplin creó a Charlot. Un tierno, simpático y humanísimo personaje que difundió al universo su perspectiva crítica sobre el capitalismo salvaje, el auge de los totalitarismos y la deshumanización del mundo moderno.

La profundidad de sus notables recursos mímicos lo puso en la mira del poder político estadunidense que lo forzó a regresar a su país.

Ningún hecho ilustra mejor su insobornable condición de artista comprometido.

En una de sus pocas películas sonoras suelta un mensaje con tremenda sátira y crítica; se burla de Hitler, sin conocer siquiera los horrores de la II Guerra Mundial, pues el filme “El Gran Dictador” se grabó en 1940.

Y lanza al mundo una arenga que es una imagen casi perfecta de la humanidad y de los políticos de la época.

Muchas de esas frases han quedado para la posteridad y están vigentes.

“No quiero gobernar o conquistar a nadie. Quisiera ayudar a todos. Queremos vivir para la felicidad y no la miseria ajena. No queremos odiar ni despreciar”.

 “Todos tenemos el deseo de ayudarnos mutuamente. La gente civilizada es así. Queremos vivir de nuestra dicha mutua…no de nuestra mutua desdicha. No queremos despreciarnos y odiarnos mutuamente”, puntualizaba.

Chaplin sostenía que “el camino de la vida puede ser libre y bella, pero hemos perdido el rumbo. La codicia ha envenenado las almas de los hombres, ha levantado barreras de odio, nos ha llevado a la miseria y a la matanza”.

“Ahora mismo mi voz llega a millones de seres, millones de hombres, mujeres y niños desesperados, víctimas de un sistema que hace torturar y encarcelar a gentes inocentes”.

“A los que oigan les digo: no desesperen. La desgracia que vivimos es pasajera codicia, la amargura de los hombres que temen el camino del progreso”.

Así era Charlot. Profundo, inteligente, visionario y creativo.

Nadie como él.

Los mensajes del célebre comediante se pueden aplicar como “traje a la medida” a políticos irreverentes, arrogantes y corruptos que hoy gobiernan a nuestro país.

Hay varias corrientes que no comulgan con políticos populistas, porque sostienen que son autoritarios y abusan de una marcada tendencia de imponer su omnímoda voluntad.

Y como dijera Chaplin: “se ha perdido el rumbo y la codicia ha envenenado las almas de los hombres”.

El célebre humorista expresaba que con promesas incumplidas “subieron las bestias al poder. ¡Pero mintieron! No cumplen y no cumplirán las promesas”.

“Luchemos para liberar el mundo, romper las barreras nacionales, terminar con la codicia, el odio y la intolerancia”.

“Luchemos por un mundo de la razón, donde la ciencia y el progreso lleven a la felicidad a todos”.

“El odio pasará, los dictadores morirán y el poder que quitaron al pueblo, volverá al pueblo”.

El pensamiento del Gran Charlot sigue vigente.

Cosas veredes, amigo Sancho.

ceciliogarciacruz@hotmail.com