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Por: Cecilio García Cruz

Jesús Te Ampare

Sin recato ni reparo, el centinela de la Cuatroté, soltó en sus modos exacerbados e irónicos: “nunca en más de un siglo, se había insultado tanto a un Presidente de la República y la respuesta ha sido la tolerancia y la no censura”.

Los tiempos de la política mexicana son exactos. No perdonan.

Una cosa es ser borracho y otra cantinero. Él ya empinó el codo, hoy está detrás de la barra. Ayer fue verdugo implacable de los presidentes, ahora se disfraza retóricamente de víctima, de palomita blanca, ante las críticas de sus opositores a  quienes tilda de neoliberales.

Desde el poder, es intolerante a la sátira, meme o chiste que se haga de su imagen pública o de su familia. No admite la crítica honesta. “Es conmigo, no con ellos”, reclama.

Por eso, su ex colaborador y ex amigo, Carlos Urzúa (que sí sabe de economía) califica a AMLO de “muy autoritario”, “muy astuto” y como no dice malas palabras (pendejo, culero, chinga tu madre) usa el vocablo neoliberal.

El término neoliberal nunca falta en las mañaneras; es la “cereza” del pastel; el sonsonete de siempre. Si se interpreta al ex secretario de Hacienda, cada vez que AMLO suelta la palabra ante comunicadores zalameros, se traduce en una mentada de madre con dedicatoria especial para sus adversarios.

Como candidato, sin titubeos, arengaba: “los de la mafia del poder no quieren dejar de robar, no tienen llenadera, por eso andan asustando, diciendo que somos populistas o nos comparan con Maduro o con Trump, mándalos por un tubo”.

A ver si en este su primer viaje a Washington no se sonroja ante el presidente más poderoso del mundo, a quien denostó sin miramientos en su campaña política.

Sus más espabilados e ingeniosos publicistas le armaron, en tiempo y forma, el siguiente spot para vilipendiar a sus discrepantes:

 “Se pasan, usan dinero para comprar lealtades, engañan, compran votos, trafican con la pobreza de la gente. Por eso pueden postular  a una vaca o a un burro y gana la vaca o el  burro; son lo mis$$mo, fulanos y menganos, puercos y cochinos, cerdos y marranos, pero pronto, muy pronto, habrá una rebelión en la granja, pacífica, y se acabará con la corrupción y la violencia”.

Como titular del poder Ejecutivo, sostiene que atacarlo se ha convertido en una actividad lucrativa, por lo que intenta intimidar a la prensa crítica con amenazas fiscales.

Nunca en más de un siglo, se había amedrentado tanto a los medios de comunicación como ahora, y la respuesta es que la libertad de expresión seguirá cuestionando de manera constructiva al mal gobierno, de cualquier instituto político que este sea.

Tal parece que se pretende acallar la crítica, anular la disidencia e instaurar el totalitarismo.

Como puntual e inteligentemente lo precisa el amigo comunicador, autor de “El Cristalazo”, Rafael Cardona: “nunca se había visto, ni entre los más coléricos presidentes o quienes hicieron del escarnio una broma de la cual reírse, alguien capaz de ponerle valor y precio a la crítica en su contra como ha hecho el actual presidente de México”.

José López Portillo, previsor y arúspice del cinismo como componente nacional, se quejaba de los medios y les regateaba el patrocinio publicitario.

–“No pago para que me peguen”. Hoy la inmortal frase de aquel cínico, ha sido mejorada:

–“Págame para que me pegues”.

La patología síquica está presente y habrá de ser categoría de análisis imprescindible para comprender y tratar de enmendar las ocurrencias políticas del populismo.

ceciliogarciacruz@hotmail.com