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Si bien es cierto que la entrada en vigor del T-MEC, este 1 de julio, no es la panacea ni la varita mágica para superar los estragos económicos de la pandemia en México y la región de América del Norte, si es una herramienta fundamental para la reactivación de la economía y el empleo en los tres países socios.

Este será promotor de acciones en favor del bloque comercial más grande del mundo, tal y como la ha definido, Ricardo Monreal, presidente de la Junta de Coordinación Política (Jucopo) del Senado de la República, y quien puntualizó al respecto:


«Es el instrumento económico más importante de la última etapa del México moderno”.

De ese tamaño dimensiona el también líder de la bancada mayoritaria en la Cámara Baja el acuerdo comercial logrado entre las tres naciones del Norte del continente.

Monreal Ávila se muestra exultante, satisfecho y confiado de que lo logrado recientemente al interior del pleno del Senado – sacar por unanimidad tres nuevas leyes y reformas constitucionales a dos más, en una sesión maratónica –, no es poca cosa, ya que como él mismo dice:

“La labor legislativa en ambas Cámaras, se ubicó en el beneficio del país, y se hicieron de lado intereses personales o partidistas.

En los grupos parlamentarios y sus Coordinadores siempre existió una actitud plausible de cerrar filas con el Estado nacional para construir este andamiaje jurídico y poder otorgarle a los empresarios, al sector económico, la posibilidad de vincularse en el área geográfica más importante y comercializar nuestros productos o intercambiar mercancías en esta zona”.

Y aunque el mismo legislador zacatecano ha dejado claro que toda ley y tratado son susceptibles de perfeccionarse, en este caso concreto las y los senadores han acompañado el proceso de negociación y escucharon la opinión de expertos, de académicos, de empresarios y de la sociedad en general, para poder contar con un acuerdo renovado, que cubra las expectativas, las áreas de oportunidades que después de 26 años de la existencia del TLCAN, aún siguen pendientes.

Suena fácil, y más fácil decirlo, pero armonizar las herramientas jurídicas para el buen tránsito de México en la zona comercial más rica del planeta fue una tarea titánica, ardua y de compleja negociación entre los sectores productivos y los poderes legislativo y ejecutivo.